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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Calor

Ya ha llegado. Quienes ahorraban en su hucha esperando romperla para ir, de cabeza, a viajes halcón a contratar su playeo, los que miraron una y mil veces al cielo musitando contra las nubes, el viento, el agua, todos tenemos encima la calorina madrileña. La que permite salir a la terracita a cualquier hora y la que te machaca los labios y el paladar mientras atraviesas leguas y leguas.

Ayer eran las 3 de la tarde cuando dejé unos trastos en el coche, aparcado en el Eroski de Majadahonda, la diosaz llena con dos litros de agua y el estómago lleno por la digestión de dos platos de pasta (spanjaard champions league triperos), del picnic prohibido en los montecillos privados del noroeste de Madrid. Una senda paralela a la via del tren, quizá invadiendo o quizá recuperando hectáreas a la acción del clero y de las verjas, derecho al sol que olía a hojarasca de pino. 32º y ni una brizna de aire. Es el escenario ideal de una digestión, amiguitos. La recta iba dejando vivir, aunque la ingestión de agua era complicadilla pues caía sobre el odre lleno. La consigna era intentar beber cada 15 minutos con la tormenta que se estaba esperando pero que nunca llegaba, trotar, caminar y asomar al territorio de Aravaca, Pozuelo, escaleras abajo y arriba para cruzar a la Casa de Campo, y asaltar las fuentes de parques y áreas infantiles. Nada. Imposible. Una hora después de arrancar estaba al trote por una escasa umbría bordeando la Casa de Campo, descendiendo con la boca seca hacia el Manzanares. Al anillo verde llegué ya más seco que la mojama, con esa simpática sensación de estómago lleno de un agua que no se puede digerir. Ah, ese anillo verde con sus pasarelas de la muerte y su puente de San Fernando. Qué tostadero.

Había que aprovechar pues el mediodía. A caminar. Tres horas de caminata por el solano hacia Somontes, la Playa de Madrid, el GR 124 pegado al club Puerta de Hierro, y la tormenta que sonaba lejana. 34º en Somontes. Amigos tragamillas, el anillo verde , a su paso por el Manzanares, es un corredor criminal donde no asoma el aire. Arroyomolinos adelante, con paciencia, todo suma, sí, Herrera Oria arriba… tan retrasado sobre el intento de maratón que opto por caminar todo Herrera Oria, avituallarme al solete en una Campsa y callejear un poquito Mirasierra. Varios trotes pero a los 300m la boca se había secado. Finalmente Montecarmelo y sus acogedores bulevares, sus gentes a las 6 de la tarde saturando las plazas, las … eso. Meterse en el metro tras pasar por el Opencor y sumar 4 horas de matute al sol. Ya está contado todo. Lo mejor ha sido soltar hoy las piernas con unas rías en el Juan Carlos I a toda castaña, tras los lebreles ciclistas.

3 comentarios

  1. Dice ser Mondo Gitane

    … en sábado, dice? si es son unas santas…

    01 Junio 2009 | 07:07

  2. Dice ser Mondo Gitane

    … si es que son unas santas, quise decir, disculpe, es la hora…

    01 Junio 2009 | 07:07

  3. spanjaard

    Ni una brizna de sol, decía. Y ustedes fijándose en no sé que y comentando lo de las jesusas sufridoras y los sabados. Ni una brizna de aire, debía decir, y así queda corregido en esta villa de Madrid, en el año del señor Gallardón de 2009. Sale y vale.

    01 Junio 2009 | 11:23

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