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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Una generación de mierda (o varias)

Anoche tocó rodaje post-tv. Habían estado muy entretenidos en Cuatro con discernir si lso jóvenes de ahora lo tenían(teníamos) más dificil que los de antes. Lizao, el sociologo mazinger de Deusto, empezó dejando caer el lazo que nadie entendió: hay tipos de jóvenes, no juventud (Bordieu). En fin, como la entrevistadora pudo, más o menos decentemente, quedó clara una cosa. Si no hacemos grupitos, pensaba yo mientras subía Ruperto Chapí hacia el parque a más de 180 ppm, reventamos.

Ahora resulta que hay una juventud de antes, y otra de ahora. Tócate los huevos. En el mismo saco metieron la juventud que vivió el tardifranquismo, la élite que peleó en la universidad de los 60, y la que se venía de los pueblos a currar en la Pegaso. En el saco contrapuesto, a los baby boomers, a los mileuristas, espera.. no, giro atolondrado en el planteamiento del programa. Me parto. Alguien se da cuenta que poco tienen que ver las generaciones de ‘becarios abducidos por el sumidero’ y los ‘nacidos para becario’. Los primeros, hijos de una masificación tremenda de las ciudades en los 60, de asalariados que pretendieron colocar a esta gente en las universidades. Los segundos, los del terreno sembrado por el neo liberalismo, que ya nacen con la lacra del trabajo temporal.

Cuando me paro a estirar un poco y en las terrazas se recogen los últimos que llenan los bares, como dicen los cincuentones que llenan los bares (ningún treintañero tiene 200 pavos al mes de sobra para quemar en cañas), me acuerdo de una clave que nadie ha situado. España carece de burguesía en el sentido clásico, propietaria y generadora de medios de producción. La ‘clase media’ (ja ja ja ja) se limita a buscar un puesto de asalariado, bien en el sector privado o en el público. Y eso no se hereda. Cuando se han copado las posibilidades que dio la expansión de las estructuras administrativas descentralizadas, los que nacieron(nacimos) después, nos jodemos. Así que me sonrío y me subo a casa. Una casa que me cuesta el 90% del salario.

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