Archivo de septiembre, 2013

Perdonen la temeridad de declarar algunas intenciones

Decía Flaubert que hace falta tener talento para leer bien. Porque no basta con transitar desde la distancia y en modo vertical páginas impresas o en pantalla. Leer requiere un esfuerzo, muy bien pagado por cierto, pero un esfuerzo al fin y al cabo. Es también una elección: ¿Pongo la tele o abro un libro?

Samale/ O. Ayuso

Samale/ O. Ayuso

No vamos aun así a culpar a la tele del abandono frecuente de los libros. La responsabilidad y la elección es nuestra, no es el mando el que nos lleva hasta ese “no tengo tiempo para leer”. No caeremos en ese cinismo. Por eso también hace falta talento, elegir lo requiere. Y elegir bien… no digamos. 

Aún así… huyamos del elitismo. Porque este blog —o diario de lecturas o columna o historia de otras historias— es un intento de escapada de todo el esnobismo al que sí podemos responsabilizar de que muchos se hayan quedado sin una guía que no sean “anuncios en marquesinas”.

Son tantos los libros que prometen ser “el mejor de los últimos tiempos” que no es de extrañar que tantos acaben desistiendo y entonces, sí, elijan no abrir un libro más. No hablemos ya de comprarlo porque… los precios no ayudan ni tampoco tanta “publicidad equívoca”.

Lo que aquí queremos es que quien abra una obra se quede sin ganas de guardar la ropa y salir de ella bien peinado. Porque la auténtica lectura requiere de conciencias autónomas, de mentes no secuestradas. De almas tendentes al órdago, dispuestas a jugarse el todo por el todo sin previo aviso ni condiciones pactadas de antemano.

La literatura es algo así, decía Bolaño, como la lucha de un samurái contra un monstruo. Uno tiene que salir a pelear mentalizado de que lo más probable es que acabe siendo derrotado. Pero es preciso codiciar el combate cuerpo a cuerpo y prenderle fuego al miedo. Querer enfangarse y atreverse a alcanzar el borde del precipicio, si lo que realmente se quiere es terminar viendo —y sintiendo— algo.

Samale / O. Ayuso

Samale / O. Ayuso

Quienes bien la practican bien lo saben: no vale andarse con remilgos. Atrincherados en el altar de sus dormitorios conocen la recompensa: han visitado ya varias veces la tierra de los buscadores de la Fuente de la Eterna Juventud, la Ciudad Encantada de los Césares, El Dorado.

Por eso reconocen también lo que no es leer. Y saben que el asunto no va de acumular volúmenes en estanterías inertes ni de merodear como mercaderes por los círculos de la literatura oficialista.

Los lectores que aman la literatura son en su mayoría aquellos que un día decidieron poner toda la carne en el asador: aceptaron los riesgos y optaron por ver el mundo a través de esa lente de realidad aumentada que es la literatura. Algunos eligieron la evasión, el entretenimiento sin más, pero es que lograr tal fin es ya en sí, bien logrado claro está, una verdadera complicación para quien escribe. Recibir la aparente sencillez y huir del mundo es siempre fruto de una mano atenta, fuerte, con talento. Difícil saber qué es más complejo. No vamos a separarlo ni hacer aspavientos ante una novela que evada. Sí, en cambio, huiremos de lo barato y lo simple —que no lo sencillo—, la literatura de usar y tirar que tanto daño hace a otros que no ven ni verán la luz porque hay demasiados puestos ocupados.

Leer como consentimiento de las reglas de este juego que es en el fondo un acto de fe. Porque leer es creer: uno se pone en manos de sus autores y se deja mecer por sus historias. Y se imagina en otros cuerpos y en otras mentes, como habitante de mundos distintos. Se convence entonces de que la ficción puede ser un territorio mucho más potente que el tangible y de que la literatura, la metáfora, como decía Ortega, es probablemente la potencia más fértil que el hombre posee.

Conscientes de todo ello, nosotras no solo creemos que leer no mata y que su hábito hace más pequeña a la ignorancia. Sino que imaginamos la vida y la literatura como las caras de una misma moneda. De un mismo espacio que observamos como un laberinto babélico, como un universo en el que todas las combinaciones son posibles y en el que todos los libros que nos llamen la atención tienen cabida.

Buscaremos, por ello, no imponernos más limitaciones que la propia curiosidad. Y la necesidad de hablar de los títulos y autores que para nosotras tengan verdadero interés, sean de hace siglos o recién llegados. Hablaremos, y vamos ya a echarnos a la retórica, sobre lo que nos dé la gana para que este blog sea un sitio vivo y, sobre todo, libre.Malaysian children participate in "Read2008 : One Nation Reading Together" in Putrajaya