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Unas curiosas esferas de hielo ‘invaden’ una playa en Rusia

Los habitantes de San Petersburgo (Rusia) han desatado toda una serie de versiones acerca de las raras esferas de hielo que ocuparon gran parte de la costa del golfo de Finlandia este pasado miércoles. ¿Una ‘invasión’ de origen desconocido? ¿Una ‘sopa de albóndigas’ gigantes? ¿Unos extraterrestres estaban jugando a las canicas sobre la superficie del océano? O-O

Varios grupos de expertos también ofrecieron sus conclusiones con el fin de tranquilizar a los habitantes más nerviosos de la zona. ¡¡¡Qué alguien arroje luz sobre este misterio!!! Lee el resto de la entrada »

No sabía nadar y sobrevive dos días en el mar agarrándose a una tapa de ataúd

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Todo lo que rodea a esta historia podía ser llevado al cine y muchas de las cosas no serían creíbles por el espectador. Pero como casi siempre, la realidad supera a la ficción.

El relato comienza cuando Tseng Lien-fa, un ciudadano taiwanés, estaba pescando en una zona rocosa del condado de Haulien y un fuerte golpe de mar lo sorprendió. Cayó al agua y el oleaje lo arrastró sin que pudiera hacer nada. Además, ‘el protegido’ (permitidme que me tome la licencia de bautizarlo así) no sabía nadar.

tseng_playaLa casualidad o un ángel de la guarda haciendo horas extras le brindó una tapa de ataúd (tiene bemoles la cosa) que flotaba como salida de la nada. ‘El protegido’ se aferró con todas sus fuerzas al trozo de madera y aguantó los envites del mar durante 60 horas. Aunque parezca increíble, casi un milagro, estuvo más de dos días a la deriva.

La novia de Tseng, embarazada de ocho meses, viendo que su pareja no regresaba avisó a los servicios de emergencia para que montaran un operativo de búsqueda. Tras una laboriosa tarea de rastreo, localizaron a Lien-Fa inconsciente en una playa a 46 millas de distancia de donde fue arrastrado por las olas. La providencia o la suerte, calificadlo como queráis, quiso dar una segunda oportunidad a ‘el protegido’.

Y si esto no fuera suficiente, después de hacerle una revisión exhaustiva en el hospital, Tseng sólo tenía principio de deshidratación y unas pequeñas úlceras en los brazos por haber pasado tanto tiempo en el agua. ¡Este hombre es un superhéroe!

PD. Como no podía ser de otra forma, Lien-Fa ha prometido a su mujer que no volverá a ir a pescar. Era de cajón después de una experiencia de tal calibre.

(Fotos: TAIWAN COAST GUARD)

Cómo perder 1.800 euros en menos de medio minuto

Buenos días [buenos días, buenos días, buenos días…]. Vaya, parece que hay eco. Veo mucho puente por ahí, ¿eh? Bueno, esto más que un puente parece Nueva York, porque eso de que el martes y el jueves sea fiesta hace que toda esta semana sea un jolgorio continuado para muchos entre los que, como sospecháis, no está un servidor. Aquí me tenéis, un casi viernes más, listo para rellenar cinco minutos de vuestras vidas con algo insulso que no hará mejores nuestras vidas. Solo aspiro a que os entretengáis un rato.

Y empezamos hablando de dinero. Imaginad que os proponen un juego. Tenéis 1.800 euros y solo medio minuto para gastarlo todo. ¿Qué hacéis? Suponiendo que estéis en el lugar adecuado (y si no pedís consejo a El Dioni) podéis equipar vuestro comedor con algún cacharro electrónico. Con 1.800 euros también podéis decirle al del bar: “Voy a comer de menú todo este año, cóbratelo ya” o, si queréis perderlo en vez de gastarlo, podéis gritar eso de “todo al rojo” y rezar por que salga negro.

Pero por si necesitáis más ideas vamos a consultar el caso práctico de Kurtis Hough, quien consiguió la proeza que da origen a este post. Kurtis es un fotógrafo que fue a grabar las olas que había provocado una tormenta en Oregon (EE UU) y dejó su cámara de 2.400 dólares (unos 1.800 euros) grabando el mar.

Allí estaba la cámara, a unos metros del agua, grabando las idas y venidas de las olas cuando el agua se puso revoltosa y…

Efectivamente, si habéis visto el vídeo (si no os lo cuento yo), la marea se lleva la cámara y deja al pobre fotógrafo con un palmo de narices. Kurtis explicaba al Huffington Post los hechos y recordaba que “estaba al lado de la cámara” pero no reaccionó lo suficientemente rápido cuando subió la marea.

Cogió la cámara, que estaba llena de arena, agua y sal, y comprobó que no se encendía, si bien la tarjeta de memoria no había resultado dañada, lo que le permitió subir el vídeo a Internet y compartirlo con más de un millón de personas.

Además, ha tenido suerte, porque unos buenos samaritanos le regalaron una cámara de repuesto que, aunque seguro que no valdrá el dineral perdido, probablemente le hace el apaño.

PD: Por eso yo no valgo como rico. Me pasaría la vida acojonado temeroso por si se me rompe lo que tengo.