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Viajero, periodista y emprendedor adquirido. Apasionado de Internet y volcado en el viaje más intenso que jamás había pensado: minube.com

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Una escapada a Tánger

Mira que Marruecos está ahí al lado. Y mira que lo conozco poco. Sólo había estado en Marrakech unos días. El resto de este fascinante país era para mí totalmente desconocido. Hasta hace unas semanas.

Una escapadita rápida de tres días a Tánger me ha hecho recordar que se trata de un país por descubrir. Y, lo bueno, es que está a tiro de piedra, a una horita de avión o, por qué no, a un ratito en ferry.

Lo cierto es que Tánger no tiene la exhuberancia de Marrakech. Pero, seguramente por eso, tampoco tiene esa sensación agobiante de turisteo y uno puede pasear algo más tranquilo por las calles de su Medina.
Porque, eso sí que lo comparte con su vecina hermosa, la Medina de Tánger es, seguramente, lo más destacable de esta ciudad junto a su situación geográfica y su perfil enroscado en una colina frente al mar al otro lado del Estrecho de Gibraltar y con la costa española de fondo.

Digamos que me pareció una ciudad ideal para escaparse tres días. Uno para recorrerse todos los recovecos posibles de su Medina, perder algo de tiempo y dinero regateando (es fácil hacerlo en español) y comer algo en un puesto callejero donde los locales comen; otro para hacer una excursión (recomiendo encarecidamente Assilah); y el último para relajarse en la preciosa y amplia playa y degustar un couscous o un tajine típico.

Hay dos cosas que no puedes dejar de hacer si preparas una escapadita a Tánger. La primera: dormir en un riad. Sí, es cierto que es algo que no puedes de hacer en general si vas a Marruecos. Es una experiencia inolvidable. Acomodarse en una casa típica marroquí, con sus preciosos patios de azulejos, con una decoración generalmente de muy buen gusto… La segunda: la excursión a Assilah.

Assilah sorprende al viajero nada más llegar. Cuando uno llega a una ciudad y descubre que la mayoría de turistas que uno tiene a su alrededor son locales (en este caso, marroquíes), es que se trata de un lugar ya de por sí relevante y no “creado” para el turista masivo extranjero. Después, cuando uno se adentra en su interior, se da cuenta de por qué es así. Sus estrechas calles blancas y azules, sus casas coloreadas, sus puestos de artesanía (nada que ver con los habituales zocos más turísticos), sus teterías… Y sus maravillosas vistas al mar. Assilah lo tiene todo.

Desde Tánger se tarda cerca de 45 minutos en taxi (te llevará en una excursión de 5-6 horas por entre 40-50 euros). Pero la excursión merece absolutamente la pena. De hecho, puedo decir que es lo que más me gustó del fin de semana. Si volviera, lo haría con más calma y, seguramente, con la intención de pasar allí una noche y disfrutar de un pueblecito que tiene mucho encanto.

En fin, un plan interesante para uno de esos fines de semana que el cuerpo te pide algo diferente.