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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Speed Metaal

Madrid, la sumidero city, sorprende a los visitantes de manera demoledora. A éstos hay que explicarles que es cierto. Si vienen utilizando guias o referencias de la década pasada, donde recomiendan preparar 135 pesetas por un billete de metro o no pagar más de 150 por un café, es posible que también les canten sobre la peligrosidad de la calle Silva o Montera, de los tironeros en Hortaleza y, claro, no les dicen nada de la tienda de H&M que reina Gran Via, las petonalizadas calles y plazuelas o ese cierto (glups lo que voy a decir) encanto moderno y transgresor de la almendra central.

Mi colega Stefan es un Metaal de los Metaal de toda la vida. Criado en escuelas antroposóficas en Amsterdam e hijo único de padres hippies holandeses, fue colega y buen amigo en mi exilio, y ahora devuelve visita con su retoño y una bióloga conservacionista como equipaje. Así que ayer le llevé a dorarse el buche. A blindárselo. Como ya se había paseado la ciudad tras el prisma de sociólogo urbano que investiga sobre los no-lugares, pues solo cabía llevarle a ver esos no-lugares y cómo bullían de no-gente comiendo tapas no-recomendables por la OMS. Y Stefan no es un corredor al que se le pueda llevar al trote por ahí, así que buena parte de mis recursos se habían ido al garete y tuve que improvisar un tour alcohólico.

One. Hard-Metaal.

Arancamos con las tajadas grasientas pero históricas de Casa Labra. En 1868 se fundó en esta tarberna el PSOE gracias a que era necesaria la creación de un sistema sanitario público para curar las úlceras que producían dichas tajadas. Fluitje, traducción equivalente al vaso de caña. En neerlandés, tubito.

Two. Grind-Metaal.

Aceleramos y nos acurrucamos en Casa Camu, en Nuñez de Arce. Cañitas (2) y ensalada campera muy brava y con sus tajos de cebolla cruda. Le advierto, ‘pas op, er is rauwe ui er op’. Me dice, ‘mira, qué bien, como los arenques’. Sube el nivel.

Three. Hardcore Metaal.

El Mas que Cañas es más que un sitio donde ponen cañas. Ponen cachas. Los colocan en la barra y suben el volumen de la televisión. Unfrancés y un cachas discutiendo de selecciones de futbol. Un holandés y un spanjaard hablando del pasado y los protagonistas de aquella Faculteit GedraagWetenschappen. Y descubriendo unanueva medida, el tubo. Y las cortezas resaladas aunque crujientes. Tosta de cabrales como la suela de una Mizuno Wave Ascend. Tosta de lacon y queso. Cojonudisimo.

Four. Speed Metaal.

Fuencarral va cerrando sus ojos pero la calle sigue atascada de gente. Hablamos de Kalverstraat y de los personajes del underclass amsterdamita. Los que no cierran los ojos son los habitantes mugrientos como el que se acoda en la foto en el esquinazo de Fuencarral con Farmacia. El bar sin nombre donde el serrín del suelo parece proceder de la caspa del despelujado y viejo camarero. Los torreznos bajan en calidad en barrena. De hecho los usan para tirarselos al perro de una clienta, que campa por el tascucio a nuestro alrededor, como pidiendo un hueco en la intrahistoria de los humanos de ojos vidriosos, chiquirritines y humectantes. Stefan come medio de calamares y rechaza con criterio los torreznos. Genoeg.

Five. Extreme Noise Terror Metaal.

Solo -creo- le falta por conocer más no-gente. El gayer power viejuno, sea esto lo que sea. En la acera de los pares de Gravina está el Baires, pero al lado hay un pasillo inmundo. Stefan aprende a compartir minis de plástico. Ambiente y del chungo. Camarero Chiquito de la Calzada, asistente para el volumen del partido del Atleti.

Madrid sigue atronando, venga quien venga y de donde venga.

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