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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Crisis killed city lights

Son las 04.22 de la mañana. Nos despedimos Edu y yo a la puerta de una churrería que aún no ha abierto. Promesas de mantener la dignidad y el corralito runner incólume, más ahora que uno regresa a los predios como organizador y líder de masas, pastas, mahonesas y aliolis. El terrorismo intelectual lo apartamos a los covachones de la cuenta diaria, del presupuesto para luces y el presupuesto para grandes premios de Formula 1.

City wrecks, as city stumbles. La megaciudad tiene dos capas; hojaldre y trufa. El hojaldre se apiña en los trenes de bajada hacia el gran Sur (sic), han visto las postales navideñas, se han empapado de carterismo, aplaudido al moñas de las tres cabezas y al mimo recubierto de barro. El hojaldre humano de Madrid ya no pide mucho y le sorprende cualquier recorte y cualquier saco de espumillón y lo de las eras tecnológicas se queda para los mismos que compran libros en la fnac. La trufa, a las 23.00, ni está por Villaverde Alto ni se le espera. Arrancamos al maravilloso coro de asnos expresiones de ánimo y apoyo. Qué duda cabe que correr en mallas largas y con unas mochilas de Mad Max le resulta fantástico, grotesco y peligroso. Nos aúllan.

Se suceden avenidas y cafeterías Dakar y el polideportivo Jesús Rubio o algo parecido. Culebreamos por San Fermín hasta que agarramos la Avenida de los Poblados, ocho, diez kilómetros. El gran plataformón de asfalto y carril bici nos lleva hasta Eugenia de Montijo. No hay más luces. Sólo aire frío y una luna en cuarto creciente. City gets drowned by silence. General Ricardos tiene bingos y laboratorios protésicos. El Puente de Toledo tiene botellones y la Ronda de Valencia tiene un desnivel cambiante bajos los primeros arcos voltaicos apagados. Demasiado tarde para que el hojaldre vea Navidad, demasiado lejos de la trufa. Vayamos a por trufas, pienso. Atocha, Antón Martín, la menor de las Plazas Mayores y un coche de la Guardia Civil apostado en el palacio borbón. Nos fotografían y escanean, seguro, nos olisquean el lomo embuchado que llevamos, el avituallamiento, todo, olisquear es el trabajo de los sabuesos de verde y blanco. La ciudad puede respirar tranquila.

Srebrenica esquina Goya tiene unas vallas llenas de zanjas de mortero. Con Alcalá no mejora la cosa, así que dejamos el trufeo de una oscurísima y triste riqueza y optamos por girar a lo único que sabe hacer bien Madrid. Beber. Génova, Bilbao, chiquillería y mariconeo, triunfan dos imbéciles altisonantes en lycra y mochila, ya digo, de MadMax. Mientras a uno le duelen las corvas al otro las piernas y van cayendo las horas Bravo Murillo arriba. Intuyo algo raro en el ambiente pero la ciudad se resiste, no me deja arrogarme ese placer que reconozco: la ciudad huele a dolor. Aquí al lado llevo a un espigado joven que corre cada vez más encogido. A mi se me están poniendo las ingles pesadas. La mejor terapia es morder y girar por Chamartín (más gritos de ánimo) y las pasarelas sobre la M30 hacia Arturo Soria (y Mata) y Sanchinarro. Y ahí pierde todo sentido el crucigrama. Nuevos bloques sin vida y viejas carreteras convertidas en nuevos carriles por donde se conduce hacia la consumición, como las pavesas que saltan bien alto para despuntar del fuego -bajo, pobre- y mueren deshechas mientras revolotean sobre sus decatlones y carrefures.

Por la carretera de Fuencarral bajamos a ver cómo reaparecen las luces de navidad. Pero ya no es navidad. A las 4 de la madrugada nadie celebra, nadie reza y nadie mira esos ensortijados ejercicios de taller lumínico, antaño de un par de colores, luego rojos, verdes y hoy azules tabaco. Como la marea que inunda Madrid de voluntad de ser trufa mientras apenas se llega a tener el aspecto del hojaldre más inmundo, barato, poligonero y brutal.

7 comentarios

  1. Dice ser Pablo

    Excelentes: la carrera y el relato. Se parece un poco a mis 25km por Marsella esta tarde-noche (más noche que tarde: acabas a las 21h15 y ya no hay buses normales: hay que volver a casa en búho, lleno de negros, árabes y gitanos que hablan español —como los buses normales–). En Marsella les quartiers nord (los barrios del norte) son un poco como los barrios del Sur de Madrid, en más étnico y en más problemático. Felices Santos Inocentes.

    28 Diciembre 2009 | 00:56

  2. spanjaard

    Yo espero que por Marsella hierva algo más que por la sangre de los quartieres Sud de Madrid.

    28 Diciembre 2009 | 06:59

  3. Dice ser yoku

    No puedo evitar “creer” que estás completamente enamorado de Madrid.

    28 Diciembre 2009 | 09:23

  4. spanjaard

    Sono inamorato anché dei cimitieri.

    28 Diciembre 2009 | 11:29

  5. Dice ser Anónimo

    Hola trufita envuelta en lycras,
    hocicando entre montañas de hojaldre en este bosque tremendo que es la red encuentro el nocturno de tu viaje de sur a norte por mi Madrid. A la que amas, ¿también amas los cementerios?, ¿qué más cosas amas…?.
    En el norte no pasa nunca nada, todo pasa en el sur. Buscamos las mujeres del norte para casarnos pero te haces pajas pensando en los escotes y las tangas de las hembras de los mercadillos del sur. El sur es luz, temible y terrible, el sur fascina, es un imán, caos, sudor, moscas, sabor, olor, el norte es pulcro previsible aburrimiento, tibio y ordenado, pulido, muerto. No hay un norte sin sur, pero de las ratas y de los perros del sur saldrá un nuevo norte cuando todo se vaya a la mierda. El sur siempre es un destino, una posibilidad, en el norte está el pan, pero no sabe a nada sin la sal del sur.

    Vuelve cuando quieras trufita,

    29 Diciembre 2009 | 09:01

  6. spanjaard

    Anónimo sufriente, creo que la glosa serratiana y el romanticismo de los viajes de Blanco White, Rimbaud y compañía os ha hecho mucho daño. En la geografía de las clases y de la miseria no hay ni norte ni sur.
    Creo que no has entendido nada. No llamo trufa al norte. El norte está lleno de caspa posibilista y de hojaldre clasista acérrimo. El ‘wanna be’ constante.

    29 Diciembre 2009 | 09:10

  7. spanjaard

    Pero vaya, bienvenido, poeta del táctel.

    29 Diciembre 2009 | 09:11

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