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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Los damnificados

Ahí quedan como lecturas de otoño, semiacabadas o abandonadas. Unas por una razón y otras por ellas mismas, convertivas en razones donde los buscadores de líneas naufragan y se pierden (y alguna que otra se quedan dormidos como putas alimañas en invierno).

John Steinbeck; The Grapes of Wrath. Anoche pensé si podría valer The Wrapes of Grath para una bandera del envoltorio. Steinbeck publicó estas Uvas de la Ira con dispares resultados y, ya en el paragüero intelectual americano de los años 30 condujo a explicaciones, enmiendas, y a mí me ha producido un amargo sabor. Larga, densa y profundísima ya desde el comienzo. El capítulo inicial es una tesis doctoral sobre paisajismo en negro sobre líneas blancas. Pero dos capítulos más allá me encontraba en una maraña de familia sorda y a los que no acompañé en su éxodo hacia California. Lo dejé después de 60 o 70 páginas de papel finísimo. Coño con la edición de Penguin…

Cees Noteboom. Paso por la estantería de la N y la O, y encuentro un apellido holandés al que voy como un barquichuelo de bajura de las costas escandinavas. Es un maëlstrom (recordad el relato de Poe) al que caigo como una mosca a un tarro con mermelada. Este paisano ha sido conocido durante los últimos 30 años por sus viajes a España y un cierto enamoramiento. Desvío a Santiago (Omweg naar Santiago) no es mal libro, pero se nota que ha viajado demasiado a este país. Lo ama tanto que comienza a parecerse a esos libros de viajes introspectivos y densos, pesadísimos, donde una reflexión sobre un zurbarán ocupa tanto como seis leguas de caminata. Hombre, se deja. Otro que caerá incompleto en la pila.

No sé cuantos meses he estado yendo y viniendo a The Granta Book of the American Short Story. Es una delicia que requiere de un mínimo de tiempo. Cuenta esta recopilación con historias muy buenas. Mucho. Se queda en casa ya que fue la última adquisición en la fnac de la aldea. Tengo relatos breves para rato. Ando por la mitad.

The World according to Clarkson. Volume 3. Este me lo ha prestado mi jefe. Vamos a ver, pasará a la historia de manera similar al He Dicho que sacó mi santa de la biblioteca. Andreu Buenafuente y demás son animales que exprimen el trabajo de los guiones y los escritos, siempre apoyados en la imagen proyectada con su fácil verbo. Jeremy es un clásico de los programas de la BBC (el legendario Top Gear) y ha escrito columnas semanales en la prensa, de las que se sirve virtuosamente para sodomizar el costumbrismo inglés de los últimos 30 años. Pero en el libro no se le oye. Y tras cuatro artículos, pasa desapercibido. Ni su acento ni su flemática pronunciación. Al igual que los libros que terminan en película sufren mutilaciones que muchos aborrecen, los personajes de la pantalla que escriben sus desvaríos acaban como una versión en blanco y negro de sí mismos.

Y todo este montón de literatura termina su periplo novembrino. Porque pasan a la lista de damnificados por la causa de la literatura absurda del deporte. Me envían The King of Peds. Una obra de P.S. Marshall. que relata la historia de las ultradistancias y el deporte de correr, en el ámbito más profesional, vicioso y corrompido, en los años finales del siglo XIX.

Amazon es una pesadilla.

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