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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Polanski, Benigni y Pataki

Mientras unos penaban por surgir de la caliente cama, mirando de reojo al despertador comprado en el chino, de rojo lacado y agujas fluorescentes, otros balanceábamos los brazos acompasando la zancada en una madrugada cualquiera del inicio del frío otoño de Madrid. A las siete de la mañana aún somos capaces de correr mientras hablamos de cine y de cines. Esta mañana éramos siete fúnebres que luego han quedado en cuatro gamberros transfigurados a la salida de los primeros rayos del sol, por el Este de Paracuellos. Tres y un chucho, que han demostrado ser los que nos cortaban el rollo, han ido de entierro por las negras sombras de la tapia de granito. Los cuatro que hemos quedado saltábamos de libro en libro, Fernando contante y sonante de sus idas en metro y el servicio de biblioteca adjunto, Javier, himalayista, confesando sobre la trilogía de Stieg Larsson y yo hablando de Roberto Arlt, un aguafuertista bonaerense del lunfardo que me descubrió Bandoneón.

Agustín no decía nada sobre libros. No lee. Mejor; como dice mi esposa, la humanidad ha perdido un intelectual pero ha ganado un gran mecánico. A la humanidad le va bastante mejor con los mecánicos, creo.

Benigni ha sido el homenajeado. Todos habíamos visto y disfrutado veces y veces, en versión original o doblada, La Vita e Bella. Oscarizada, criticada o elevada a mito del melodrama, los cuatro coincidíamos, a ritmo de trote por una autopista rural, en que era una película para disfrutar mientras el corazón se encoge de pena entre risa y risa. Cuatro sudorosos corredores, sin garbo ni arte ni concreción salvo una rara unanimidad por los gustos del sexo. Con una salvedad, como veremos luego.

Sobre Polanski hemos hablado de matanzas, de ritos satánicos, pero también de una estupenda Luna de Hiel (Bitter Moon) donde Peter Coyote es el eje del mal que vive enfrascado en una satánica y ritual aventura sexual. Polanski es, además, centro de atención reciente por su detención en Suiza, arrestado por un proceso abierto en EEUU hace 30 años. Maravilloso el espíritu colaboracionista neutral suizo. Acorde con los tiempos de amor entre naciones, tiempos malditos de agradecimientos como el de Simon Peres al gobierno de Rodríguez Zapatero por rebajar los humos a las diligencias judiciales abiertas desde España (y que ahora, con la aprobación de la reforma de la ley, impedirán encausar a Israel por el genocidio selectivo en Gaza y Cisjordania).

Tras Polanski, piensen ustedes. Cuatro seres básicos, cromosomía masculina. Tras 10 kilómetros en las piernas ¿solamente se ha hablado de libros y de dos películas? Adivinen la temática del número tres. La Pataki. Pero a los cincuentones, ¿por qué os pone tanto Elsa Pataki? ¿No es por saturación mediática? Fernando dice que la vió un día de fiebres acusadas y que le llega por la cintura.

Ahí se abrió la veda. El riesgo de ser un mito erótico y trabajar seriamente para ello es, sencillamente, que caes en las soeces bocas de los machos desbocados, sin brida. Si enfocara su carrera en el mercado bursátil o en la nanotecnología, lo mismo también, en los despachos y corrillos del comedor del instituto de investigación. Pero lo de mito erótico es lo que tiene: todo cerebro masculino, órgano asociado a un pene, te ve como lo que te ve.

Ni gritando ‘¡María, la chiave!’ he podido sacar a los sudorosos deportistas de su soniquete. La Vida es … Polla.

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