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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Kermesse

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Peter Brueghel el Viejo pintó ‘La Kermesse’ -William Carlos Williams escribió posteriormente un poema sobre ella- así como Rubens, la cartelería de principio de siglo, y ahora todas y cada una de las localidades de la geografía europea. Hombre, ya no se llama ‘kermesse’ salvo en el norte de Europa, Latinoamérica o si preguntamos a alguna de las viejas de la piscina. Y eso que intentar encajar en el mismo párrafo a Brueghel y a Maruja, no me lo neguéis, es un brillante ejercicio de literatura bloguera. Vamos coño, de calidad y gratis.

Todo esto ha surgido de mis meninges a raiz de una noticia que sacan en ElPais sobre imágenes de Nostalgia de un Madrid perdido. Veo mucha nostalgia últimamente, por cierto. Nada, paridas mías. Resulta que Rafael Fraguas firma una reseña cultural sobre una exposicón fotográfica en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Gracias, Rafa. Pero, como soy un baboso tocacojones con el vicio de leer despacio, me he topado con la palabra verbenera que se expandió a partir del siglo XIX por los idiomas europeos. Escribe Fraguas

Madrid aprovechaba cualquier ocasión para echarse anhelante a la calle, asistir a desfiles, procesiones incluidas, acudir a corridas de toros y, al caer la tarde, dejarse caer por verbenas y kermeses -término persa que define el color rojo- hasta bien entrada la madrugada, entre vahos de frituras harinadas, manduca grasa por doquier y cremosos dulces

Y he dudado, conociendo que ‘kermese’ viene de algo tan próximo a mí como del neerlandés ‘kermis’. Yo entiendo que haya tirado de enciclopedia porque siempre queda muy bien. De hecho el ‘kermes’ (sulfuro de antimonio) es un mineral referenciado ya en la época griega. Pero de ahí a la etimología persa que cita el compañero periodista, me he quedado tiritando, por lo que paso a resumir el origen de esta palabra sobre las verbenillas matritenses.

‘Kermesse’ o ‘kermis’ viene del doble vocablo ‘kerk messe’, o sea, misa en la iglesia. Originalmente se celebraban ‘kerkmessen’ para alegrarse el cuerpo en ocasiones especiales, tal como aniversarios de la fundación de una parroquia o el santo patrón. Se celebraban con el buen tiempo y la cosa derivaba en beber y bailar en el campo. Del norte de Francia y Países Bajos saltó como vocablo al inglés y francés, para hacerlo posteriormente al madrileño urbano.

Lo del rojo persa, en fin. Se admiten apuestas.

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