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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Quince escalones por …

Afortunadamente uno anda siempre metido en tareas de movilización pasiva, cómo era aquello, el descanso activo de los planes de entrenamiento. A las 4 tandas de pisos que, sin ascensor, me llevan cada día a mi casa o casa de mis suegros, que ya es, estuve un tiempo en mi añorado Pradillo encaramado en otro 4º rellano.

Ahora son meramente quince escalones. Pero hay que bajar a abrir a los transportistas, a por el café, a comer, a ver los de la oficina de abajo, llegar e irse cada día, visitas a clientes o al aeropuerto. En síntesis, hay días que troto los quince -uno siempre va como las vacas bravas- alrededor de diez, doce o hasta catorce veces. Esta sesión de gradas es mi entrenamiento pasivo diario. Que los quince me libren de lesiones por falta de potencia en aquiles y sóleos, nuestras auténticas bestias negras.

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