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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Las chicas piden sencillez, los organizadores les dan…

Andan, las de mi grupo de sufridas aspirantes a corredoras, como motos. Hoy arranca la entrega de dorsales de la Carrera de la Mujer de Madrid y muchas no quieren repetir las odiseas contadas en 2006. Un centro único de Corte Inglés sirve de Feria de la Corredora. No he estado. No quiero malmeter. Conozco personalmente y me une a alguno de los organizadores una buena amistad. Pero me temo que el espacio que reserven en ECI de Nuevos Ministerios para las 11.000 inscritas sea reducido. Además mis lobas están que trinan porque:
– intentan conciliar sus quehaceres diarios y la cosa del dorsal
– quieren ir a diferentes horas y se temen grandes colas, de más de una hora
– se asombran de la cantidad de morralla que cae en las bolsas de la corredora
– sus maridos se eximen del asunto y se piden penul p’a ponerse.

Inquietas ellas, alguna comienza a ver que la cosa festiva es un poco caótica, que es demasiada parafernalia alrededor de marcas y revistas. No seré yo quien intente sacarles de su error. Mi tarea era evitar que se rompiesen algún tejidillo, que aprendieran a calentar, a estirar, y que no dejaran de rajar durante sus trotes.

El miércoles hicimos 30 minutos por el parque que pasaron en un suspiro. Nadie parece acordarse de los resoplidos del primer día. El comentario más extendido era ese de ‘ahora me daría otra vuelta’. Mejor, hija, deja energías para algo más productivo.

1 comentario

  1. Dice ser Santi Palillo

    Es que como correr por el parque sin ataduras no hay nada igual, de todas formas a la hora de correr que se olviden del merchandising y que le den a la zapa que es lo que cuenta.

    04 Mayo 2007 | 15:00

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