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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

En Madrid también hace viento

Subo sin prisas a Jose Mª Soler dispuesto a atravesar una buena porción de la gran almendra que es el centro de Madrid, como una pepita dorada y como una semilla y también como una vulva en la que todo el mundo quiere mojar. Hoy, además, la derecha se ha puesto activa y casi nos jode el paso por República Dominicana. Segundos después de pasar Cabesc y yo, bloqueará la plaza el ex presidente más activo de este bendito gallineto, que nunca deja de ser presidente ni militante (debe ser que desconfía de Rajoy y no le suelta el collar de pinchos). Actos y entreguitas. Símbolos que ocultan unas ganas tremendas de coger de nuevo los fusiles y los tanques. Que me lo barrunto.

Bajamos por los delfines de las celebraciones de Estudiantes, por Vitruvio, más tanquetas y más lecheras, coño si parece que el centro está sitiado. Reflejos verdes de la policía local, reflejos azules apagados por las hostias que reparten nuestros simpáticos amigos los turbios antidisturbios. En fin, vamos parando y charlando, acelerando para pillar el de Concha Espina en verde, el de San Juan de la Cruz en verde, margen izquierdo, trotamos hasta otro de Colón en rojo y el de la telefónica en rojo… casi. Verde y nos despedimos en Cibeles, él tira al AVE y yo me meto en las tripas de Alcalá y la puerta del Sol. Correr por Madrid en hora punta te da un status de libertad onanista e insultante. Miras de reojo a los turistas pasmados, miras por encima del hombro a los agentes de movilidad, miras pasmado como los coches no respetan nada y el insulto se convierte en sobresalto. Blasfemia.


La Plaza Mayor es imprescindible si algun día quieres probar esto de atravesar Madrid corriendo. Lo ideal, tal y como dejaron los ejércitos del Eje la puerta del Sol, es rodear las marquesinas pot el tio Pepe y hacer un recto hasta la calle Atocha. Luego te haces un derecha-izquierda hasta Correos, La Paz y La Bolsa. Espanté ayer los malos espíritus que robaban con el sombrero de ala ancha y la capa y que hoy acechan japoneses con sus tácticas de guerrilla argelina y rifeña, y con estas atravesé en diagonal la plaza adoquinada que recibió ajusticiamientos, parterres y hoy turistas y la feria del sello. Mayor abajo me brindó una oportunidad para un cambio de ritmo brutal favorecido por el desnivel positivo y una manifestación de CCOO y, sorteando más lecheras y más policía, plantarme en la Cuesta de la Vega en contados 55 minutos.

La ventolera que intentaba arrancar a los madrileños del suelo enfriaba y llenaba los ojos de tierra. De tierra de obra, puesto que bajé al puente de Segovia por esa plataforma para parapentistas que es el pinarcillo de la Cuesta de la Vega. El río daba auténtica pena pero más pena daban los que esperaban que la cosa se pusiera en verde. Un zig zag poderoso demostrando que, las distancias, son como son.

2 comentarios

  1. Dice ser Carlos

    En alguna ocasión, preferiblemente de noche, también he corrido por Avila. Estoy de acuerdo contigo en que es una experiencia refrescante y te da una perspectiva nueva de la ciudad.Saludos.

    08 Marzo 2007 | 12:33

  2. Dice ser cabesc

    Un placer, otro día te vienes hasta Neptuno, saludas, y subes por el congreso de los idiotas hacia Sol. Y, estoy contigo, cada día que corro por la ciudad, Ppe. Vergara para abajo, invirtiendo los términos y colándome en los carriles y haciendo mio el del taxi-moto-bus, se respira una libertad que no es igual en El Retiro, donde entró minutos después, y donde corretean cientos de zumbaos entre árboles, joder, entre árboles pudiendo sortear el tráfico de la puta ciudad.Vaya charla, y yo sin adecentar mi blog, es que no hay quien lo entienda.

    08 Marzo 2007 | 15:37

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