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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Opá, malditas las ganas que tengo de correr

… Porque, tras un mes parado, parece que las neuronas han finiquitado contrato con la parte que envía esas órdenes confusas pero puntuales: ese ‘¿salimos a echar un trote?’. Los 100/24 debieron satisfacer las ansias más inminentes, colijo.

Ha sido un periodo de ansiedad controlado de 4 o 5 días por tierras británicas. En mente llevaba salir a coretear algo, pero cómo estaría mi bulbo raquídeo que ni un pantalón metí en la maleta. Ni calcetines. ‘Error subsanable’, me salió. Hice por comprar unos calcetines tobilleros pero los días pasaban y cada día me acoradaba menos del tema.

¿Pagarlo con la romana?, tampoco. Ni de lejos he regresado al nivel navideño (aquellos 77 kilos tan lejanos ya) en el que Albertito Runners me lijó en la San Silvestre de Getafe. Pasarían 10 días hasta que ya ni hacía propósito de correr. Cada día, más a gusto. Posteriormente el metabolismo recibiría una buena dosis de movimiento y de cosas más importantes durante el día. Siete etapas del camino de los peregrinos a Santiago de Compostela. Hambre, y más hambre. Primero repitiendo. Segundo, a saco. Postre, copas gintonicenses en abundancia (lo juro) y reposo mental. Hoy, retorno a las tierras de la Red, al email, al trabajo. Entro en los foros, leo y … cucha que poca ganica me entra.

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