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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Tormenta del Destierro

Estaría bien que esta imagen nos acompañara, quién sabe si no será durante mucho tiempo y con peores o mejores resultados, en el transcurrir de nuestros 100km en 24h del próximo sábado. No sería desagradable probar la esencia de esta prueba/marcha. Como en un salto dentro de una puerta del tiempo, probaríamos qué sintieron los participantes en la primera edición, hace por ahí de 9 años ya.

Los pronósticos, a los que he mirado unas setenta veces, parecen regalarnos una ventanita, un parón en el sofocante calor y la calorina seca de las rampas colmenareñas y del monte de Viñuelas, que con la secarra ya ni es monte ni es nada, solamente un sendero por el que corren y caminan las hormigas pertrechadas con gorras, mochilas, cantimploras y menos de la mitad de las energías de un día normal.

Sería una auténtica tormenta del desierto. O del destierro del corredor urbanita que busca en la aventura la luz, el rayo. Un refulgir de abajo arriba (los rayos van del suelo a la nube) y un salpicar el camino de goterones que nos refresquen, que despierten las piernas adormecidas por el vaivén, izquierda, derecha, izquierda. Los cálculos que hemos hecho nos colocan de vuelta -quiera el cielo que bajo las nubes de la noche cerrada- a Colmenar Viejo sobre las 5 y media de la mañana. Casi de madrugada. Casi al borde de….

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