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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Veinte años con Mario

Ayer me lo encontré tras unos meses sin ver a este mito redivivo. Él también está pasando por esos periodos de alejamiento de todo lo cercano. Ahora está dando su última formación antes de jubilarse, en Suecia. ‘Tío, estás flaco. ¿Sales a correr bien eh?’.

Aprendimos de él a ser un defensor de causas perdidas. A algun otro se le pegó su carácter agrio. ‘Yo y el Mario’, como decía el otro serrano, ‘subiendo las viudas parriba y bajando pabajo’ ensayamos mil maneras de fraguar amistades. Cada lunes en aquellas épocas en las que podíamos salir a correr días y días, estudiante uno y a turnos el otro, era una expectación nueva. O bien para meternos con el Atleti o con los ‘facistas’ que gobernaban, o por el placer que suponía verle gruñir y mandarte a la mierda. Con cuarenta descubrieron los caminos sus facultades ahogadas por dos paquetes de tabaco negro en turnos de torno de precisión. Con cuarenta y cuatro lo descubrí yo, de la pandilla de mi padre, de los Donosti de los primeros 80. Con cincuenta me había apadrinado y andábamos haciendo causa común en los inviernos de ‘putas las 3 horas’. Mientras, él seguía coleccionando maratones. Dos cuarenta y tres, dos cincuenta, dos cuarenta y ocho. Nacieron después las carreras de montaña y él se fajaba con Tragamillas por delante. Bigote contra barba.

Le quedan meses para jubilarse. Le han pillado por los pelos para una formación que nos ha desgajado, a él y a mi. Su vida también giró y se desgajó un poco más. Yo me desgarré y me desgajé un poco más todavía cuando tuve que emigrar. La vida y los matrimonios son así de finitos. Cuando regrese de Suecia para siempre, retomaremos la crítica cabrona. Ahora él será más rojo y yo más anarquista. ‘Tu lo que eres es un anarco cabrón’. ‘Vete a la mierda’. Diálogos que ayer, en una acera peatonal de Alcobendas, ojo a ojo, resonaban mientras las generaciones que vienen por detrás, mis críos y su nieta, tomaban al asalto la vida y prometían que tendremos conversación durante unas patadas más. ‘Uf, yo ahora hago cuarenta minutos pero muy despacio’. Anda calla, mamón.

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