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El Dragon Khan de la política catalana

El político catalán Joan Carretero hizo famosa su comparación del primer gobierno Tripartito del president Pasqual Maragall, del cual él mismo fue conseller, con el Dragon Khan, la atracción estrella del parque PortAventura. Los sobresaltos eran continuos y era como estar en una montaña rusa. A partir de ese momento, muchas veces se ha utilizado el término “Dragon Khan” para definir la política catalana. Hoy en día, como no podía ser de otra manera, el símil también sirve. El más claro ejemplo es el de la consulta: primero se celebraba (con decreto del president Mas y con ley catalana); luego no, porque el Tribunal Constitucional la suspendió cautelarmente, y ahora parece ser que sí otra vez, porque no se utilizará el censo oficial y se hará un 9-N “alternativo”. Con lo cual, la vagoneta del Dragon Khan sube y baja, sube y baja… Y lo mismo hay que aplicar a la correlación de fuerzas entre los partidos catalanes. Vamos a verlo:

CiU: Mas consiguió arrebatar al Tripartito de izquierdas la presidencia de la Generalitat para CiU (subió), pero en las últimas elecciones se pegó un buen tortazo (bajó) que le ha llevado a un pacto de legislatura con ERC. Mas ha canalizado los mensajes de las manifestaciones soberanistas de los últimos 11 de Setembre y, ahora mismo, después de haber optado por su 4ª Vía y convocar un 9-N alternativo parece que ha vuelto a tomar la iniciativa (sube). Y es que esta aparente crisis entre los partidos proconsulta ha vuelto a demostrar que ERC no tiene fuerza suficiente sin CDC para liderar el proceso soberanista. Ahora bien, depende de lo que pase después del 9 de noviembre (si es que el Gobierno no impugna esta nueva versión de la consulta), Mas podría volver a bajar (si pierde los apoyos de la sociedad civil) o subir. Todo dependerá de cómo se encare el posible proceso de unas elecciones anticipadas plebiscitarias, que la ANC exige que se hagan antes de tres meses. Están en juego muchas cosas y, a nivel interno de CiU, su propia existencia como coalición tal como la entendemos hoy: CDC + UDC.

Mas anuncia la pregunta de la consulta

Artur Mas anunciando la pregunta pactada con ERC, ICV y la CUP para el 9-N original. GUILLEM SÁNCHEZ / ACN

ERC: Al mando de Oriol Junqueras, Esquerra no ha hecho más que subir a la sombra de la Via Catalana y del resto de movilizaciones ciudadanas. Parecía que podía entrar en el Govern, pero el Dragon Khan es muy caprichoso y eso tampoco fructificó. Parecía que realmente tenía cogido y bien cogido a Mas, pero el PSC está asomando cada vez más la cabeza por la puerta del despacho del president y Josep Antoni Duran i Lleida, líder de UDC, aún sueña con aquella sociovergencia que propuso en su momento, sobre todo, para evitar un segundo Tripartito. ERC, que está en la cresta de la ola, deberá ir con cuidado en sus movimientos si no quiere perder protagonismo: ¿Quién necesita más a quién? ¿Junqueras a Mas o Mas a Junqueras? Cuidado con el Dragon Khan…

PSC: Con Miquel Iceta al mando, los socialistas están protagonizando una serie de movimientos que, si la táctica les sale bien, les puede relanzar. Sus alcaldes apoyan el 9-N alternativo o, al menos, no lo impedirán. Iceta le ha ofrecido a Mas un pacto para agotar la legislatura hasta 2016 previo acuerdo de un contrato social. En Barcelona, los socialistas están dispuestos a pactar los presupuestos con el alcalde Xavier Trias (CiU), que necesita un aliado para aprobar las últimas cuentas antes de las elecciones. El PSC necesita visibilidad después de que el Dragon Khan les situará abajo y de que, ahora, parece que les esté subiendo poco a poco.

PPC: Los populares han pasado de estar arriba, gracias a su mayoría absoluta en Madrid, a bajar (sobre todo, a raíz de escándalos como el de Método-3) y a perder, en cierta manera, el liderazgo del contrapeso a los partidos soberanistas a causa de la emergencia de Ciutadans. El PPC ha vivido su particular Dragon Khan y, solo gracias al fracaso del 9-N original, han recuperado terreno en la montaña rusa. ¿Hasta qué punto llegó a estar cuestionada en el partido su líder, Alicia Sánchez-Camacho? ¿Hubo realmente movimientos para buscarle un sustituto entre algún alcalde del PPC?…

ICV-EUiA: Después del experimento fallido del Tripartito que convirtió a Iniciativa en un partido de gobierno, ICV, como los socialistas, bajó en el Dragon Khan, aunque mantuvo mejor el tipo. El hecho de apuntarse al proceso proconsulta le ha hecho subir otra vez, al menos, a nivel mediático, pero los choques con Mas y CiU son demasiado importantes como para que su electorado pueda aguantar según qué cosas. Lo de la Declaración Unilateral de Independencia que quiere ERC no puede ni planteárselo. De hecho, ICV era, junto a UDC, la prueba de que la consulta del 9-N era la mal llamada “consulta soberanista”, ya que una cosa es estar de acuerdo con que la gente vote y otra apoyar abiertamente la independencia. El Dragon Khan está atento a ICV, que, en los próximos meses, deberá jugar bien sus cartas de posibles alianzas (Guanyem, Podemos…) si no quiere que la montaña rusa catalana la castigue.

Ciutadans: El partido de Albert Rivera es el gran beneficiado del debate soberanista en el ala unionista. En las encuestas, le come terreno al PPC, aunque también le araña votos al PSC. Aunque ha tenido algún tropiezo, como el caso Cañas aún por resolver, se ha esforzado en aparecer como un partido regenerador y anticorrupción. Se puede decir que el Dragon Khan ha premiado a C’s con más expectativas de voto, por eso, Rivera apremia a Mas para que convoque las elecciones.

CUP: Este partido asambleario empezó su carrera en lo más bajo de la montaña rusa, pero las encuestas le son favorables y va escalando en el Dragon Khan. Los partidos tradicionales han asociado a la CUP despectivamente con los movimientos antisistema, pero, curiosamente, es la CUP quien estos días está apareciendo como el partido que pone orden y algo de seny. Los hemos visto con el preacuerdo con el Govern para salvar técnicamente el 9-N alternativo y con las negociaciones de mediación que esta formación ha hecho para intentar restablecer la unidad con ERC e ICV-EUiA. Además, es la CUP quien presidirá la comisión de investigación del caso Pujol en el Parlament. Por otro lado, es la CUP quien domina la calle y no se puede plantear un proceso participativo el 9 de noviembre sin que ellos se impliquen.

Así es como el Dragon Khan vuelve a dominar la política catalana. Es la atracción más veterana de PortAventura y sigue estando más de moda que nunca.

 

 

10 claves para las elecciones catalanas

Con el bloque de partidos proconsulta resquebrajado, en el horizonte se vislumbran unas elecciones catalanas. De ser plebiscitarias, como parece que podrían ser, volverían a abrir una página de ese “terreno inexplorado” al que hace referencia frecuentemente el presidente de la Generalitat, Artur Mas. Desde el momento en que se anunció la consulta alternativa del 9-N -la 4ª Vía de Mas- se abrió la precampaña con las reuniones de pasillo, de despacho y de restaurante para establecer las posibles alianzas. Ante unas plebiscitarias, ahora mismo, es muy difícil que hubiera solo dos bloques: a favor o en contra de la independencia, sobre todo, porque las cosas no son ni tan blanco ni tan negro en más de un partido, como en ICV-EUiA. El abanico de ideologías es tan grande y las cuentas pendientes (entre unos y otros) se han hecho tan importantes que, en ambos bandos, hay diferencias prácticamente insalvables. Por eso, ante unas elecciones habría que distinguir al menos 10 claves o juegos de alianzas si estas acabaran siendo plebiscitarias:

1. CDC y ERC confeccionan una lista conjunta con personajes independientes, como el cantautor Lluís Llach, y con en apoyo de Omnium y la ANC. Si Esquerra exige explicitar la declaración unilateral de independencia, UDC no participaría en la entente y CDC, ya veríamos… dependería de los tiempos de esa DUI y las formas.

2. CiU + ERC. Si, por el contrario, el acuerdo implica que, si se consigue la mayoría de votos, se abre un proceso para negociar con el Estado al estilo escocés, con un referéndum más adelante y con ofertas del Gobierno español que podrían ser tenidas en cuenta, como una posible reforma constitucional, en este escenario, UDC sí que podría unirse a la alianza, que sería de CiU + ERC (Esquerra debería aceptar que para una hipotética independencia habría que esperar a que fuera acordada con el Estado al estilo escocés). En este punto, habría que ver qué papel juegan Nova Esquerra Catalana (del exconseller Ernest Maragall), Avancem (del exdiputado díscolo del PSC, Joan Ignasi Elena) y Moviment Catalunya (con, entre otros, las exconselleras socialistas Montserrat Tura y Marina Geli).

Mas y Fernández

Artur Mas habla con David Fernández (CUP) en los pasillos del Parlament de Catalunya. RAFA GARRIDO / ACN

3. CUP. Es muy improbable que la CUP se pueda juntar a una alianza con CiU o incluso solo con CDC, porque CiU no deja de ser el partido del gobierno, el de los recortes, el que dirige a los Mossos antidisturbios, etc… La CUP podría optar por abogar en solitario por la independencia, ya que, si una cosa ha dejado todo el proceso de la consulta es que ERC necesita los votos de CiU para llevar el independentismo a las cotas más altas y CiU necesita los de ERC para seguir subsistiendo. Por eso, CUP y ERC segurían caminos distintos, también. La CUP no se puede permitir entrar en ese juego.

4. ERC puede no ponerse de acuerdo con CiU (o CDC) e intentar aglutinar sola a todos los grupos y entidades independentistas con vistas a una declaración unilateral de independencia. Pero, es muy improbable que una operación así pudiera tener éxito sin los votos del electorado convergente. No hay una mayoría suficiente sin CiU. Convergencia también podría ir por libre (de hecho, ahora ERC y CiU están negociando por separado con Òmnium y la ANC).

5. PSC ahora sigue su camino. Pese a los intentos de echar un cable a Mas para que se desvincule de ERC, los socialistas están ahora en un escenario en el que se encuentran cómodos con su discurso principal: la apuesta por la reforma constitucional. De hecho, es la propuesta inicial que parece tener más recorrido o posibilidades de salir adelante en cuanto el PP decida ponerse a ello. Para los populares eso sería después de las municipales y las autonómicas, porque antes no podrían pactar nada con el PSOE. Por eso, Mas podría querer ganar tiempo y alargar la legislatura, a la espera de una oferta PSOE-PP para un nuevo Estado con reforma de la Constitución. Pero a ERC, claro está, le conviene cuanto antes fijar unas plebiscitarias y que no dar pie a que el Estado haga una oferta mínimamente atractiva a Mas.

6. ICV-EUiA. El electorado de Iniciativa y Esquerra Unida quiere mayoritariamente una reforma del Estado, pero está más dividido sobre el tema de la independencia. Es decir, son del ‘Sí-NO’ en la hipotética pregunta que planteó Mas para la consulta junto al resto de partidos que daban su apoyo al 9-N original. Iniciativa, para no quedar muy fraccionada, debe abrirse a nuevos movimientos y buscar alianzas con Podemos y Guanyem, entre otros, que están a favor de que se consulte a la ciudadanía.

7. Ciutadans y UPyD. Ya ha habido contactos entre estos dos partidos para unir fuerzas, por lo que no sería descabellado que acudieran juntos a las elecciones. Aún así, para Ciutadans es mejor una alianza estratégica pensando en las generales y no tanto en unas autonómicas, ya que las encuestas, por sí solo, ya le dan un destacado crecimiento en Catalunya. No necesita ahora a UPyD, en realidad, sino para crecer un poquito más.

8. PPC-UDC. La líder de los populares en Catalunya, Alicia Sánchez-Camacho, ya ha lanzado en más de una vez la propuesta de una alianza de los partidos unionistas, en la que ha querido incluir explícitamente a UDC. Parece poco probable que Unió pueda adherirse a ella (antes se rompería el partido). Y el PSC no se puede permitir para nada figurar en una lista conjunta con el PPC: perdería a los socialistas catalanistas que aún pueda tener y en clave de municipales y generales no le beneficiaría.

9. PPC-Ciutadans-UPyD. Tampoco parece que a Ciutadans le convenga para nada aliarse con el PPC, ya que las encuestas ya le van bien solito y tiene la oportunidad de pasar por delante del Partido Popular. De momento, el papel que pueda jugar UPyD en esta alianza sería más testimonial. Además, Ciutadans es un partido que batalla contra la corrupción y debería explicar muy bien por qué se alía con los populares, salpicados por Gürtels, tartejas B y compañía.

10. El PPC va solo. En este caso sería porque nadie, finalmente, querría ir con los populares. Dejando de lado el voto oculto que siempre le acaba favoreciendo, las encuestas no le son nada favorables al PPC. Dependerá mucho de cuándo se celebren las elecciones catalanas en el nivel de castigo que pueda recibir por su gestión de la crisis de la consulta catalana.

¿Y si no hay elecciones? Rajoy decide hacer una oferta a Mas, que sea del agrado de UDC, que salvaguarde a CiU, que sea una salida más o menos airosa para Mas y el president decide buscar otros apoyos para alargar la legislatura (PSC, principalmente), siempre y cuando Rajoy accediera a que se consultara al pueblo catalán si está de acuerdo o no con la propuesta del Gobierno español.

Una cosa está clara, las elecciones catalanas, cuando se produzcan, se podrán decir “autonómicas”, pero, en realidad, serán muchísimo más, porque no solo estará en juego el futuro de Catalunya. Por eso, habrá que tener en cuenta los movimientos que se hagan en el Puente Aéreo, ya que este partido se jugará en Barcelona y en Madrid.

La 4ª Vía de Mas

Después de tanto tiempo hablando de primeras, segundas y terceras vías, como la reforma de la Constitución española para encajar mejor a Catalunya en el Estado español, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha abierto la cuarta vía -la suya, la del Govern catalán- que consiste en celebrar una consulta alternativa el 9 de noviembre con voluntarios y negociar con los partidos soberanistas “la consulta definitiva”, que será las elecciones autonómicas catalanas convertidas en unos comicios plebiscitarios.

Tras la medio ruptura del bloque proconsulta, con ICV-EUiA por un lado, ERC por otro, CiU por otro y la CUP intentando que no prevaleciera el “tacticismo”, Mas ha decidido “tirar pel dret”, como se dice en catalán, y seguir su propia hoja de ruta. Esa era la única salida que le quedaba porque no solo estaba en juego el Govern, sino la subsistencia en Catalunya de su propio partido, porque CDC -o incluso CiU- no hubiera podido aguantar que el 9 de noviembre no se hiciera nada de nada y que los miles de catalanes que han salido los últimos 11 de Setembre a la calle por el derecho a decidir se hubieran “frustrado”, como alertó el Consejo Asesor para la Transición Nacional.

Con este camino, Mas ha abierto una aparente guerra Generalitat-Estado, al que ha definido textualmente como “el adversario real” y al que ha calificado de “poderoso, intransigente e intolerante”. El presidente ha apelado al “ni un paso atrás”, aunque ha perdido la batalla del consenso con los partidos proconsulta, que es lo que le daba alas hasta ahora. El president, muy dado a las metáforas, ha asegurado que él, cuando viene una ola, es partidario de meterse bajo el agua, dejar que pase y volver a sacar la cabeza para continuar nadando. Eso es lo que dice que ha hecho, pero después de una ola viene otra.

Dicen que las cosas de palacio van despacio. Y los partidos proconsulta se han reunido los últimos días en tres palacios barceloneses: el Palau de la Generalitat, el Palau Robert y el Palau de Pedralbes. Tres palacios para escenificar el verdadero triángulo de partidos que ha acabado por no superar sus diferencias: CDC, UDC y ERC. A Unió (y a Duran i Lleida) le gustaría que el Estado apostara ya por una reforma constitucional, pero ni el Gobierno español está por la labor ni ERC está dispuesta a que esto se acabe así. Por contra, Esquerra apuesta por las plebiscitarias con una declaración unilateral de independencia, pero para ello hace falta mucho consenso y esto aún “está verde”, aunque, según Mas, podría “madurar”. Este es el papel de CDC, que a medida que pasen los meses deberá decidir definitivamente su encaje con Unió y su posible alianza plebiscitaria con ERC y quizás la CUP.

La 4ª Vía anunciada por Mas se basa en estos puntos básicos:

El presidente de la Generalitat, Artur Mas

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, anuncia una consulta alternativa el 9-N. ALBERTO ESTÉVEZ/ EFE

1. El 9-N habrá “locales abiertos, urnas y papeletas” para que los catalanes voten. Se hará en locales de la Generalitat para “no depender de terceros”.

2. Podrán votar los mayores de 16 años e incluso se podría “ampliar a más colectivos” que los que recogía el decreto suspendido por el Tribunal Constitucional. Por ejemplo, sí que podrán votar los catalanes que residan fuera de Catalunya y que quieran venir a votar ese día. Para evitar utilizar el censo electoral serán los propios ciudadanos los que se registrarán con su DNI para poder votar voluntariamente en esta consulta.

3. La consulta del 9-N se basará en “marcos legales preexistentes” que dan a la Generalitat capacidad para organizar eventos de “participación ciudadana”. El gran referente es la consulta que organizó el Ayuntamiento de Arenys de Munt, la primera soberanista, y solo entre sus vecinos.

4. La pregunta del 9-N será la misma que se pactó con los partidos que daban su apoyo a la consulta.

5. Se creará un Consejo General de Participación que vele por la transparencia de la votación del 9-N.

6. El recuento y los resultados provisionales se conocerán el 10-N.

7. Para organizar la consulta de participación ciudadan del 9 de noviembre, Mas necesita más de 20.000 voluntarios, por lo que el apoyo de la ANC y Òmnium será importante (o mejor dicho, vital). Y también necesitará la ayuda de los más de 900 ayuntamientos que votaron a favor del derecho a decidir.

8. La del 9-N será “una consulta anticipada antes de la definitiva”, es decir, debe ser previa a las elecciones plebiscitarias. En este punto, CDC aún no se ha puesto de acuerdo con ERC si estas elecciones deben consllevar automáticamente una declaración unilateral de independencia. Mas es partidario de un proceso parecido al que planteaban los nacionalistas escoceses. El president no adelantará las elecciones plebiscitarias si no cuenta con el apoyo de ERC (tiene los votos) y la CUP (tiene la movilización en la calle), ya que es mucho más improbable que ICV-EUiA se uniera a ellos.

9. Mas vuelve a apelar a una participación alta en la consulta del 9-N y confía en que todos los partidos proconsulta llamarán a ir a votar. Por lo tanto, el 9 de noviembre se planea desde el Govern como una nueva Via Catalana que, en vez de que los catalanes se manifiesten en la calle, se les llama a ir a votar de forma voluntaria.

La 4ª Vía de Mas entraña grandes incógnitas:

1. La reacción del Gobierno español. Mariano Rajoy se ha apresurado a declarar que era una noticia “excelente” que Mas hubiera desistido de la consulta del 9-N. Pero, el presidente de la Generalitat le ha lanzado el mensaje de que la guerra continúa, que él sigue nadando. Siguiendo con el símil, hay que ver cómo vuelve a reaccionar Rajoy: si envía otra ola a Mas y batalla contra la nueva consulta del 9-N,  obligaría a Mas a meterse de nuevo en el agua y acabar convocando unas elecciones plebiscitarias antes de lo que él desearía, o si opta por hacerle una propuesta real de reforma constitucional, que es lo que está esperando Unió Democràtica de Catalunya.

2. Si Mas va o no de farol. Para llegar realmente a unas elecciones plebiscitarias, Mas debería ponerse de acuerdo (o no) con su socio de coalición (UDC) y con partidos de signo muy diferente, como ERC y CUP. La lista y el programa deben ser conjuntos y la apuesta sería por “la victoria o la derrota”, es decir, deberían sacar mayoría absoluta. Pero, ¿si Mas no ha podido mantener el consenso sobre el 9-N, podría realmente dar el paso de las plebiscitarias con partidos tan diferentes como la CUP? ¿O es un farol con la esperanza que el Gobierno español mueva ya ficha y le haga una oferta?

3. ERC vuelve a ser clave en todo este asunto. Ahora mismo, el Gobierno de CiU depende de que Esquerra le continúe dando su apoyo en el Parlament, aunque el PSC ya le mostró a Mas su voluntad de colaborar. Y a Mas le gustaría agotar la legislatura, ya lo ha dicho varias veces. La 4ª Vía que propone no solo supone un nuevo pulso al Estado y, más en concreto, al Gobierno del PP, sino que también lo es para ERC. ¿Se pueden permitir los partidos proconsulta no dar su apoyo a la participación ciudadana alternativa del 9-N que ha propuesto Mas? Según los cálculos del presidente de la Generalitat, no. Pero, ahora, ya no está en juego solo la consulta del 9-N, sino la propia continuidad del Govern de CiU. En ese sentido, la 4ª Vía de Mas tiene otro peligro para él: que en vez de acabar en unas plebiscitarias finalice en unas elecciones anticipadas con cada partido por separado y con CiU engullida por ERC y con un crecimiento de nuevas fuerzas políticas, como Podemos, y un reforzamiento de otras, como Ciutadans. Esta sería otra ola que Mas y CiU deberían evitar, pero, ¿lo logaría?

 

De Lluís Companys a Artur Mas

Estos días se cumplen 80 años de los llamados Fets del Sis d’Octubre (los Hechos del Seis de Octubre), que supusieron la caída del Gobierno de la Generalitat después de que el ‘president’ Lluís Companys proclamara un Estado catalán que apenas duró nueve horas. La verdad es que esta mirada a la historia, observándola a través del espejo de la actualidad, resulta apasionante. El origen del conflicto -la mecha que encendió el último petardo- fue una ley (la Llei de Contractes de Conreu, es decir, la Ley de Contratos de Cultivo). Hoy, buena parte de la oleada soberanista surgió tras el recorte del Estatut y, estos días de octubre, el conflicto Estado-Catalunya se ha abierto por otra ley: la de consultas.

Esta Llei de Contractes de Conreu fue aprobada por el Parlament de Catalunya el 14 abril de 1934, tal como la Cambra catalana ha dado su visto bueno a la ley de consultas populares. Por aquel entonces, el llamado Tribunal de Garantías Constitucionales decidió anular la Llei de Contractes de Conreu (ahora, estamos a la espera de si el actual Tribunal Constitucional anula o no la ley de consultas).

Nos situamos en el 4 de octubre de 1934. Alejandro Lerroux es proclamado nuevo presidente del Gobierno español y nombra a cuatro ministros de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), liderada por José María Gil-Robles. La consecuencia inmediata fue que se declaró una huelga general en España. Ahora, el antagonista directo del Govern sería Mariano Rajoy y sus ministros del Partido Popular.

El 5 de octubre, la Aliança Obrera de Catalunya se une a la huelga general y la Generalitat da apoyo tácito a estos paros (¿se acuerdan de Oriol Junqueras, líder de ERC, cuando sugirió hace unos meses una posible huelga si no se podía celebrar la consulta?). De hecho, aquel octubre de 1934 Barcelona se paralizó.

Cumbre proconsulta en el Palau de la Generalitat

Artur Mas se reúne con los líderes de los partidos a favor de la consulta en el Palau de la Generalitat. TONI GARRIGA / EFE

Las tensiones entre Madrid y Catalunya se agravaron, hasta el punto que el 6 de octubre, a las 20 horas, en el balcón de la Generalitat, el president Lluís Companys proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Sus palabras pasaron a la historia: “En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlament, el Govern que presido asume todas las facultades del poder en Catalunya, proclama el Estado Catalán de la República Federal Española“. La última parte es significativa, porque habla del “Estado Catalán de la República Federal Española”. Por lo tanto, si hubiera votado en la consulta del 9-N hubiera optado por la respuesta Sí-No, es decir, sí a que Catalunya sea un Estado, pero dentro de la modalidad República Federal Española.

Por aquel entonces, la proclamación de Companys comportó la declaración del estado de guerra (algo que el ministro Margallo ha dejado entrever en alguna de sus declaraciones recientes). El Ejército español debía tomar Barcelona y se produjeron disturbios en las calles.

El 7 de octubre de 1934, a la 06.00 horas, se dio por finiquitado el Estado Catalán. Tanto el Govern de la Generalitat como los responsables de los Mossos d’Esquadra fueron encarcelados en el barco Uruguay. La mayoría fueron condenados a 30 años de prisión. La amnistía llegó en 1936, con la ascensión al Gobierno español de las izquierdas. Y, después, bueno, después la Guerra Civil, Franco…

La opción de la declaración unilateral de independencia no ha sido nunca del agrado de Artur Mas, el equivalente contemporáneo a Lluís Companys. Los Fets del Sis d’Octubre se deben englobar en otra época, pero no deja de ser curioso que, 80 años después y en otro mes de octubre, España esté jugando en un tablero en el que hay en juego leyes aprobadas por el Parlament, autos de un tribunal y la opción o no del independetismo. A nivel español, también gobierna la derecha y, hasta el momento, solo la izquierda (PSOE) se ha mostrado abierta a proponer una posible salida a Catalunya, con la reforma de la Constitución y con el debate de la España federal.

A todo esto, en Catalunya, la unidad de los partidos proconsulta se pone a prueba cada día -la demostración es la reunión maratoniana del 3 de octubre de 2014 (hay que puntualizar el año para no confundirnos con 1934) en el Palau de la Generalitat para establecer un plan de ruta conjunto y sin grietas entre CiU, ERC, ICV-EUiA y la CUP-. Todo se mueve y nada, al mismo tiempo. Y es que ha pasado un año y sigue habiendo un 70% de catalanes a favor de la consulta y un 22% en contra, según la última encuesta del CEO (el equivalente catalán al CIS).

Esquerra aventaja a CiU en 6,7 puntos en intención de voto. Por eso, a Mas le interesaría una candidatura conjunta si, finalmente, tuviera que anticipar las elecciones catalanes y convertirlas en plebiscitarias. Pero, hasta el momento, el president se ha negado a salir al balcón de la Generalitat y, cuando se han producido manifestaciones de apoyo en la Plaça Sant Jaume, siempre ha salido a saludar a pie de calle. Y es que el cartucho de la proclamación del Estado Catalán al estilo Lluís Companys es, al menos en este mes de octubre de 2014, el último de los últimos…

 

 

 

 

Ciudadano Pujol

Si Orson Welles hubiera tenido entre sus manos un guión con la historia de Jordi Pujol, seguramente, la hubiera convertido en otra obra de arte del cine. Su Ciudadano Kane y este nuestro Ciudadano Pujol entrañan un mismo misterio por resolver. Si en uno todo arrancaba con una palabra enigmática (Rosebud); en el otro, todo se basa en determinar de una vez por todas esa frontera que separa -o que no debería separar- al político del ciudadano de a pie. Efectivamente, en su comparecencia en el Parlament, el expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, “desnudo ante la opinión pública”, tal como él mismo ha declarado, ha pronunciado en voz alta su propio Rosebud, como un moribundo Kane que agoniza: “Yo no he sido un político corrupto”. Y lo ha argumentado así: “No he recibido nunca dinero a cambio de una decisión político-administrativa”.

De todas las intervenciones de los grupos parlamentarios, la única que ha dado en el clavo ha sido la de David Fernández (CUP), quien ha sabido captar el Rosebud de Pujol y le ha replicado: “Sí es un político corrupto porque el fraude fiscal es una forma de corrupción”. Y es que Pujol ha acudido al Parlament para intentar desvincular su mala imagen ‘como ciudadano’ de su ‘buena imagen’ (ya perdida) como expresidente de la Generalitat durante más de dos décadas de gobierno. Es por ello que les ha leído la cartilla a los diputados, como el padre que intenta volver a dar lecciones a un hijo ya perdido y que no confía en él. Y es por ello que lo más terrible de su (pseudo)voluntaria crucificción pública es que prefiere ser un mal ciudadano a que le tomen, además, por un mal político. Es decir, aún después de haber confesado que tenía una fortuna oculta en Andorra, ha continuado defendiendo, en cierta manera, que lo del “molt honorable” era (y debería seguir siendo) para siempre.

Ciudadano Kane

Cartel de la película ‘Ciudadano Kane’, de Orson Welles.

Pero, lo más terrible de esta historia, es que Ciudadanos Pujol hay muchos en política, es decir, aquellos que se niegan a aceptar que un político es un ciudadano más y que, por lo tanto, no se puede separar la conducta de Jordi Pujol político de la de Jordi Pujol ciudadano. Este es el Rosebud de la comparecencia del expresidente de la Generalitat, porque, hasta que todos los políticos no se den cuenta de ello, continuará habiendo casos de corrupción en esta esfera tan importante de nuestra sociedad.

De la comparecencia de Pujol en el Parlament ha quedado demostrado que sigue estando en forma, pero, también, que le separa un abismo su discurso del que hoy en día está inculcado -por suerte- en la calle. Yo he crecido escuchándole desde muy pequeño y, en cierta manera, hoy ha vuelto a decepcionar, no ya por lo que no ha dicho, sino por lo que sí que ha dicho. Y es que el Ciudadano Pujol y el Político Pujol no han entendido nada. No lo digo porque no haya dado todos los detalles que le pedían los diputados -ninguno de los presentes se había imaginado ni por un momento que los iba a dar-, sino porque sigue defendiendo que gobernó honestamente, aunque haya sido un mal ciudadano.

Los diputados se han dedicado más a darse palos entre ellos y a reproducir las disputas por el proceso de la consulta del 9-N más que a atacar y dejar al descubierto este Rosebud de Pujol. Y es que, en realidad, todos son políticos. Lo cierto es que ha sido una película con un final previsible y con una ejecución que Welles hubiera mejorado mil veces. Cabe esperar que si la líder del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, acude alguna vez al Parlament -como se le pidió- para explicar el caso Método 3, se pueda dar un paso más hacia la simbiosis entre el político-ciudadano/ciudadano-político. El enigma Rosebud aún espera ser resuelto de una vez por todas.

Asalto de las izquierdas en Barcelona

El domingo, 22 de mayo de 2011, CiU consiguió un resultado histórico en las elecciones municipales de Barcelona: arrebató la alcaldía a los socialistas después de 32 años de dominio del PSC. Se había llegado incluso a la coincidencia de que los partidos de izquierda habían gobernado en la Generalitat y en el Ayuntamiento de la capital catalana al mismo tiempo, haciendo célebre la fórmula del tripartito (PSC, ICV-EUiA y ERC).

Hoy, se da una situación a la inversa: CiU gobierna tanto en Barcelona como en la Generalitat. El alcalde, Xavier Trias, y el presidente de la Generalitat, Artur Mas, se pueden saludar si salen a sus respectivos balcones, como dos vecinos que se dan los buenos días por la mañana. Pero, el panorama político barcelonés y catalán está muy convulso. Dejando de lado lo que pueda pasar en los próximos meses con la posible consulta soberanista del 9-N, la cuenta atrás para la celebración de los comicios locales de 2015 ya ha empezado y, con ello, el intento de asalto de las izquierdas para volver a recuperar la Plaça Sant Jaume.

Pero, hay muchas diferencias con respecto a 2011. La crisis no solo ha cambiado la vida de muchísimas personas, sino que el desprestigio de las instituciones públicas ha hecho que sean los movimientos ciudadanos de base los que supongan la mayor amenaza no solo para CiU, sino para los propios partidos de izquierda que han ostentado cargos de gobierno en el pasado, como ICV-EUiA, PSC o ERC.

En Barcelona, se ha ido formando un caldo de cultivo en los últimos años que ha dado pie a que líderes de plataformas ciudadanas hayan dado el paso para ponerse en la primera línea política. Es aquí donde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), los Yayoflautas o movimientos contra la subida de las tarifas del transporte han cuajado con más fuerza. Ya hace tiempo que se nota que hay barrios que han decidido romper con el sistema, como en Nou Barris, una de las zonas más castigadas por los desahucios. Los movimientos asamblearios están proliferando como setas, con la intención de reinventar la política y las instituciones “desde la base”, desde “los ciudadanos”. Aparecen grupos vecinales y, en el mismo barrio, otros grupos que piensan diferente a los otros y así sucesivamente. Lo vemos en el Paral·lel, donde hay un sector de vecinos que se oponen a las obras, tal como las está ejecutando el Ayuntamiento, y otro que sí que las quiere.

Ada Colau

Ada Colau, exportavoz de la PAH y, ahora, una de las caras más visibles de Guanyem Barcelona. ORIOL CAMPUZANO/ ACN

Pero, en cualquier caso, este mensaje de reinventar el funcionamiento de las instituciones será muy difícil de contrarrestar desde los partidos tradicionales. Y lo saben. Por eso, cuando la exportavoz de la PAH, Ada Colau, junto a otros ciudadanos deciden crear la plataforma Guanyem Barcelona, en seguida le salen novias y novios para intentar juntarlos bajo (o junto a) las siglas de los partidos de izquierda más convencionales, como ICV o ERC.

En cinco días, Guanyem Barcelona ha recogido 9.500 firmas de apoyo de las 30.000 que quiere conseguir hasta el 15 de septiembre. Y ha lanzado un vídeo en el que toca todos aquellos temas que cualquier partido de izquierdas de Barcelona debería abordar si quiere ganar algún voto en mayo de 2015, pero, con el añadido, que las caras visibles de la campaña son personas como las que podemos tener cualquiera de nosotros como vecinos: desde la vecina de la Barceloneta que se queja de que están “vendiendo” su barrio ante la presión turística e inmobiliaria al usuario del transporte público que no le extraña que alguien se cuele en el metro tras la última subida de las tarifas. El vídeo habla de la corrupción, de un “cambio profundo”, “desde abajo”. Y sus armas son “la calle” y “las redes sociales”.

Los partidos de izquierda habituales, como ICV, PSC y ERC -los antiguos socios de tripartito- quieren “ganar” otra vez el gobierno de la ciudad, pero, ¿quién puede ni siquiera plantearse arrebatar a CiU lo que le ha costado 32 años ganar sin conseguir aliarse con plataformas como Guanyem Barcelona? Hay que añadir otro actor a este asalto de la Plaça Sant Jaume: las CUP. Ya están en el Parlament y tienen la mirada fijada en el Ayuntamiento. Y, ¿qué pasa con Podemos? Ya obtuvo buenos resultados en las últimas elecciones europeas.

En ERC están ahora inmersos en su proceso de primarias, del que se ha tenido que descolgar Jordi Portabella, el líder de Esquerra Republicana en Barcelona desde hace muchos años. En el PSC ya hicieron su proceso para elegir a su alcaldable. Por lo tanto, todos los partidos de izquierda están acelerando la elección de su alcaldable para plantearle a CiU -y al alcalde Trias- una batalla que va a durar muchos meses. De hecho, ya ha empezado. Ya estamos en pre-pre-pre campaña electoral. No hay que olvidar que Trias está en minoría y hace unos días fue reprobado por su gestión del conflicto de Can Vies. La oposición también le ha atacado por la privatización de los aparcamientos públicos y otros temas de calado para el electorado de izquierdas.

La mejor baza de CiU y del alcalde es la fragmentación de la izquierda. Si de aquí a mayo de 2015, los diferentes partidos y plataformas de izquierda no llegan a algún tipo de entendimiento o acuerdo, su división será su peor enemigo y el mayor aliado de CiU y del PPC.  Los populares siempre tienen voto oculto en las encuestas. Y luego está Ciutadans, a quien los sondeos le dan un gran crecimiento a nivel de unas posibles autonómicas anticipadas, pero que aún no han entrado en el Ayuntamiento y podrían hacerlo. Es decir, se avecina un interesante “cacao maravillao” en la Plaça Sant Jaume y, según como se vayan desarrollando los acontecimientos en los próximos meses, pueden conseguir algún regidor un amplísimo abanico de formaciones políticas y/o ciudadanas. Los más veteranos de la política municipal temen que la ciudad se vuelva, entonces, “ingobernable”. Pero, ¿y si lo que la sociedad demanda ahora es que se gobierne de esta forma? Porque, al fin y al cabo, el veredicto de las urnas será el reflejo de lo que quieran los barceloneses.

 

La victoria de ERC beneficia a Mas

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha ganado unas elecciones en Catalunya por primera vez desde la Transición democrática. Los republicanos han dado un zarpazo incrementando en 14 puntos sus resultados y superando a Convergència i Unió (CiU) en 1,8 puntos. ¿Cómo va a afectar la victoria de la formación de Oriol Junqueras al president Artur Mas? Le va a beneficiar, ante sus detractores de Unió, ante sus votantes de Convergència y, sobre todo, en su negociación con el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy.

Las banderas que ondeaban en la sede de la noche electoral de CiU eran estelades, es decir, claramente independentistas. Lo que gritaron sus militantes y sus dirigentes era “independencia, independencia”, al igual que en la sede de ERC tras su triunfo electoral. Y Mas lazó esta advertencia respecto al proceso soberanista: “Ni un paso atrás”. De hecho, el único que parecía realmente incómodo con el resultado electoral era Josep Antoni Duran i Lleida, el líder de Unió y portavoz de la federación en Madrid.

Para Mas, la jugada tampoco ha salido tan mal. A diferencia del PP, que gobierna en España y ha ganado las elecciones perdiendo diputados respecto a 2009; el líder de CiU siempre podrá decir que casi gana estas elecciones pese a ser un partido de gobierno, que aplica recortes, y aumentando en más de 100.000 sus votos respecto a hace cinco años. Es decir, a diferencia del batacazo que Mas se pegó en las últimas autonómicas, en estas europeas, sale reforzado. De hecho, hay que tener en cuenta que la CUP no se ha presentado a estas europeas y, de haberlo hecho, hubiera fragmentado más el voto independentista y lo hubiera notado, seguramente, ERC.

Artur Mas, entre estelades.

Artur Mas, rodeado de estelades en la noche electoral. TONI ALBIR/ EFE

Pero, lo que queda aún más fortalecido en Catalunya es el bloque a favor del derecho a decidir (CiU + ERC + ICV), que ha aglutinado el 55,8% de los votos en un cotexto de mayor movilización o participación de los votantes. Es decir, los catalanes han votado más y lo han hecho más en clave catalana que europea. Y el resultado ha sido el hundimiento de los partidos que se oponen a la consulta, a excepción de Ciutadans, que no solo por este motivo, sino por otros, ha cosechado un resultado histórico para ellos.

Los grandes derrotados de estas europeas en Catalunya son el PPC, que ha quedado relegado a quinta fuerza política, y, sobre todo, el PSC, que era quien habitualmente ganaba estos comicios europeos en Catalunya y, esta vez, ha sufrido un descalabro más que considerable. ¿A dónde han ido los votos socialistas? Pues, el efecto de los hermanos Maragall ha sido total, ya que todo lo que ha ganado ERC se asemeja a lo que ha perdido el PSC. ¿Esto quiere decir que la oposición del aparato socialista a la consulta le ha pasado factura?

Pues, parece que los números cantan por sí mismos y no se descartan más acercamientos del ala catalanista socialista a ERC, por ejemplo, en clave de la candidatura republicana en las próximas elecciones municipales en Barcelona. A parte de Ernest Maragall, hay otros elementos, como Montserrat Tura o Marina Geli, que aún podrían tener recorrido político lejos del PSC.

Pero, volvamos a la tesis del principio. ¿Por qué la victoria de ERC beneficia a Mas? Primero, porque le da estabilidad a su gobierno a través de un sólido socio parlamentario, que, además, podría acabar formando parte próximamente del Executiu catalán. Segundo, porque refuerza la apuesta soberanista de CDC ante UDC. Y, tercero, que es lo más importante, porque le da una nueva arma de negociación con Rajoy, a quien le puede plantear lo siguiente: “Mariano, estos de ERC, republicanos antimonárquicos y de izquierdas, ya ganan elecciones en Catalunya. ¿Te conviene más una CiU fuerte o una Esquerra fuerte? ¿Qué preferís en Madrid? ¿Qué quiere la Casa real?”… Eso sí, cualquier negociación que haya a partir de ahora solo pasará porque se celebre una consulta. Rajoy y Mas deben solucionar ahora cómo, cuándo y con qué fin se realiza. Si no, la victoria de ERC, presumiblemente, será más abultada en las próximas elecciones.