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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

75ers

Tuvo que ser un calentón de boca porque, de otro modo, alguien tiene un problema. Son las dos de la tarde y … no, las tres y media, uno cabecea tras las comidas laborales y el otro no sabe qué hacer, si pasar a recoger a la niña por el colegio o qué.

Y salió qué.

“¿Te vienes el sábado a la montaña?”
“Mal asunto el monte, pero un viñuelasss…”
“Venga va”.

O algo así fue. Lo siguiente que se mencionó, lo de añadir un rato a la hora de quedada. Lo siguiente, servidor calculando una hora de llegada a casa. El meollo es que a esa hora, a la que los pollos entran en el congelador en fila, uno ni calculaba bien el avituallamiento ni qué hacer. Café. Eso era lo primero. Me dí cuenta pasados los kilómetros. No había café, no había cerebro.

Total que enganché con Jorge a las 7am y le aturdí durante 34 kilómetros. De noche, de amanecida, helando y deshelando, con todas las cuestas del Soto de Viñuelas, alimentándonos de agua fría como los carámbanos como VanDamme en Soldado Universal, comiendo trozos de turrón de chocolate congelado como (a ver, quién salía con Van Damme, ¿Lundgran?) como Lundgren en Soldado Universal en Navidades. Arriba y abajo. Venga cuestón. Venga chorrada. Y el sol que no calentaban

Pero las risas dieron paso a los calambres y los cálculos de pitorreo, con la boca fácil tres días antes, eran ya de jesúsmaríayjosé, que terminaré haciendo un maratón. Jorge me acompañó en esa singladura que se convierte en la 75ª. Trail y Extreme. Tójunto. ¡TrailXtrem, trailxtrem!

42km, 4h40, un litro de agua, media tableta de turrón de chocolate, media docena de calambres.

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