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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Más lejos, más despacio

Pasan los días de mis ‘vacaciones en el prat’ (Decibelios) y, mientras miro de reojo a los numeritos rojos de la báscula, voy repensando en cómo enfrentarme a esas horas de relajamiento y cuchipanda que muchos llamais salir a correr y, uno, ‘pasar el rato’. Y como aún ando con los repasos del anuario, el balance de trotes y pesadas de un 2006 en que arrancaba despidiéndome de Albertito rannersguol en la San Silvestre de Getafe y con 78 kilos, no me atrevo a lanzar las campanas al vuelo para este 2007 un pelo de transición.

En cualquier caso, como propósito general volveremos al mundo ultrafondista. Este 2006 (hala, toma resumen del año rtve) tocó acelerar. Empecé de nuevo a salir con Fernando, Paco y compañía, recuperé un dia para mi, y sin quererlo ya estaba corriendo más deprisa. Pero como las prisas solo son buenas para los ladrones y los toreros malos, regresemos a las cavernas esenciales. Como escribía el otro día para Corricolari, España es un constante caldo de cultivo cultural para la cosa ultra. Pastores, emigrantes a pie, peregrinos, exiliados o simples viajantes a diario, hemos ido modelando un gusto por andar por los caminos. (Corricolari, Dic.06) y, al camineo, regreseremos.

No tengo idea de por dónde. Mejor dicho, ya voy labrándome una idea pero eso quedará para mis adentros. Pero, sin duda, iremos lento y lejos. Y les he robado gentilmente la ilustración desde su web de la Asociación Española de Camineria Histórica.

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