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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Me miro y tiemblo: no me gusta ver atletismo en tv

Y me preocupa porque, en teoría, es mi deporte. Bueno, a ver, es el que practico con más asiduidad. Mi deporte ha sido, con los años, tanto el baloncesto como el atletismo, aunque otra cosa fuera sentarme y caer embelesado por las redes de una retransmisión o de una reunión atlética en vivo. Para eso, sigo prefiriendo el primero. He asistido a más de un evento atlético con especialidades para todos: saltos, carreras y lanzamientos. Y aprecio la mecánica de cada uno de ellos, la verdad. No os ofendáis los atletas que conozco pero han sido demasiadas tardes ensayando un poco con el disco, con el peso, haciendo técnica de vallas, subiendo y bajando sentadillas para arreglar un poco lo que la genética trae desarreglando.

Era el chavalín obeso que usaban para rellenar eventos en la liga. El porras de tantos crosses al que algún día la FAM debería premiar por seguir corriendo tras una tirada bianual siendo top 10 por atrás en todos los crosses del calendario. Si había que hacer un disco el sabado, el jueves imitada un poco vuestros dinámicos giros. Luego me pasé por aquello del estirón a saltar un poco de triple, a hacer algun 300 con vallas. A marchar, incluso, con aquellos dos elementos como eran Ayuso y Luismi Cruz (qepd). Llegamos a recibir la regañina por un poco edificante espectáculo en un 3000 marcha en el Vallehermoso, paseo total y risas.

Pero no es resentimiento, ojo. Es que me siento y, salvo la liviandad de las eliminatorias caninas del 800, los estéticos saltos de gacela en los 3000m obstáculos, y fases renuentes de mirar carnes de atletas femeninas… sólo me quedo desde 5 minutos antes de la salida y hasta 5 después de la llegada (como si quien calentara fuera yo) con la prueba de maratón. Femenino y masculino. Me los trago íntegros. Debe tener que ver con la experimentación de ese vacío en el estómago, ese gusanillo que te dice ‘Ya has entrenado lo que has podido, te esperamos mis 42.195m y yo‘. Sé a qué se enfrentan esos Rey, Pueyo, Ríos. Veo en la cara de Chema reflejada esa seriedad -qué pasará para que Chema deje de sonreir con esas quijadas tan secas y tan suyas- ese rictus dramático que he visto mil veces en los instantes previos al maratón. Lo he visto y sudado, lo he compartido en la salida con miles de corredores que nos lanzábamos a la aventura del día.

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