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"La libertad produce monstruos, pero la falta de libertad produce infinitamente más monstruos"

Mi secuestro (III) hace 30 años

Mi secuestro (III) hace 30 años

Viene de “Mi secuestro (II) hace 30 años”

https://blogs.20minutos.es/martinezsoler/post/2006/03/12/mi-secuestro-ii-hace-30-anos-

(Al no conseguir las respuestas que esperaban, mis potentes entrevistadores aumentaron la presión. Algunas torturas me parecieron ridículas, aunque muy dolorosas. Me tiraban de las patillas hacia arriba sin llegar a arrancarme el pelo. Me recordaba al hermano prefecto de mi colegio La Salle, pero a lo bestia. Otras, me azotaban con ¿una porra? ¿un palo?. Me quitaron los zapatos, pero no los calcetines. La porra es más eficiente cuando golpea la planta de los pies desnudos. Divinos calcetines. Sentí caer el sudor por mi cara. Más tarde comprobé que no era sudor sino sangre.

Desde aquella experiencia no solicitada, no he pasado ni un solo día de mi vida sin pensar en la muerte.)

(¿Continuará? No se. Depende de lo que digan mis hijos)

—–

Mis hijos y varios amigos me han pedido que cierre ya, de una vez, el último capítulo de aquel secuestro, casi como ejercicio de terapia, y que cuente otras historias de “abuelo cebolleta”. La verdad es que llevan algo de razón. Después de haber escrito sobre el caso, por primera vez en 30 años, y aunque fuera pasando como sobre ascuas, tengo la extraña sensación de haber espantado algunos fantasmas del pasado. Y sin recurrir al siquiatra. Bueno, mejor dicho, utilizando a mis lectores como eventuales siquiatras.

Gracias a todos por estar ahí y por animarme a contarlo.

Sigo y concluyo la historia, que hoy es domingo y está lloviendo.

————

Los secuestradores me pidieron que hablara de todos los militares, guardias civiles o policías de cierto rango que yo hubiera conocido a lo largo de toda mi vida. Así lo hice, pero advirtiéndoles de que ninguno de ellos tenía relación con el artículo sobre traslados de altos mando en la Guardia Civil, que yo había firmado en “Doblón” con el nombre de Rafael Idáñez.

Después de registrar todos mis bolsillos, me preguntaron por mi relación con personas que, efectivamente, yo conocía. Tardé varios nombres en darme cuenta de que lo hacían casi en orden alfabético, según los iban identificando en mi abultada agenda.

Pese a no ver ni gota –aún tenía el esparadrapo cubriendo mis ojos- y estar completamente desorientado, sentado en aquel campo húmedo y frío, me pareció notar algunos sonidos, palabras sueltas e interjecciones de sorpresa del que hurgaba en mi agenda de teléfonos y citas.

Encontró allí algunos nombres de altos cargos, claramente franquistas o fácilmente identificables con la derecha española de toda la vida.

Naturalmente, también había otros nombres que pronto adiviné, por los golpes que me provocaban, que no eran del agrado de los secuestradores. Y no pocos desconocidos.

-¡Mira con quién se junta este cabrón!

, se decían entre ellos.

No voy a mencionar esos nombres ahora. En la agenda de un periodista suele y debe haber de todo, y yo había acumulado muchos contactos en los ocho o nueve años que llevaba ejerciendo la profesión.

Parecían no tener prisa alguna. El interrogatorio iba recorriendo toda mi vida periodística, casi por el orden alfabético de mis fuentes de información. (Hispania Press, semanario “Don Quijote”, Televisión Escolar, programa “España, Siglo XX” de Televisión Española, diario Nivel, diario Arriba, semanario Cambio 16, proyecto diario El País, semanario Doblón, etc.).

Había empezado mi carrera periodística muy joven y casi por error –para ganar algo y mantenerme como estudiante de Arquitectura- como redactor de la Agencia Hispania Press. Allí cubría sucesos, tribunales, policía, artistas (pasé un par de meses informando de “la noche de Madrid” para diarios de provincias), y asuntos económicos y políticos. Tenía anotados muchos teléfonos y direcciones, tanto de gente famosa como de absolutos desconocidos.

Les hizo cierta gracia que yo tuviera relación con Lola Flores, por ejemplo, pero les inquietó mucho más comprobar que yo tenía anotados todos los datos de contacto con el señor Comín Colomer (creo que se llamaba don Eduardo), así como de varios generales, poco sospechosos de antifranquistas, a quienes conocía a través del Club Siglo XXI.

Ellos conocían bien al entonces historiador Comín Colomer ya que, durante mucho tiempo, fue profesor y director de la Escuela de Policía de la Dictadura.

Alguno de los que me golpeaban podría haber sido alumno suyo. Les conté mi relación profesional con él, cuando investigaba, en su inmensa biblioteca particular (en los sótanos de una travesía de la calle Mayor) temas históricos relacionados con los pre-guiones que yo escribía para la serie de TVE “España, siglo XX” y que firmaba José María Pemán. (No lo pongo en mi currículum, pero durante mucho tiempo fui el “negro” de Pemán, en sentido literario, claro)

Les molestó mucho, y no se por qué, ver entre mis notas el nombre de Luis González Seara –quien luego sería ministro con Adolfo Suárez. Pero me gané más patadas y golpes debido a una anotación que llevaba en una hoja suelta y que decía algo así como “recoger artículo mujer de Simón Sánchez Montero en lavandería de Los Nardos.

-¿O sea, que no eres comunista, verdad? ¿Y qué hace aquí el (improperio de libre elección…) de Sánchez Montero en el bolsillo de tu chaqueta?

Respondí:

-Su esposa trabaja en esa clínica y debo recoger allí el artículo de un colaborador de la revista.

Al cabo de varias horas de marearme con preguntas absurdas sobre todos mis conocidos y de molerme a palos, con cierto cuidado –eso sí- para no romperme huesos, comenzaron a presionarme mucho más en torno a mi relación con dos generales concretos de la Guardia Civil.

Uno lo recuerdo muy bien: el general Saenz de Santamaría, del Estado Mayor de la Guardia Civil. Era un hombre bajito, con bigote, fuerte, aunque algo rechoncho, y con gafas oscuras, que ya era conocido públicamente cuando estuvo a las órdenes del teniente general Vega, el anterior director general de la Guardia Civil, que fue sustituido en este cargo por el teniente general Campano.

Tal sustitución, realizada en el último Consejo de Ministros presidido por Franco, antes de caer el dictador fatalmente enfermo, nos dio la primera clave para investigar los cambios de destino de altos mandos en la Benemérita, que se producirían a partir de entonces, y especialmente tras la muerte de Franco, y que mis informadores anónimos me iban confirmando por teléfono. Años más tarde, cuando conocí el papel tan importante que había jugado el general Saenz de Santamaría para abortar el golpe de Estado del 23-F sentí una fuerte emoción.

-“No iban mal encaminados; por algo le perseguían aquellos terroristas franquistas”, pensé yo.

El otro general, por el que me preguntaban también insistentemente los secuestradores, tenía un nombre muy común y era para mi un completo desconocido. Ni siquiera recuerdo ahora su nombre (¿Gutierrez?, ¿Rodríguez?, ¿González? No se) y eso que debía tenerlo grabado con sangre. Pero lo he borrado de mi memoria. (Mi mujer cree que se llamaba Prieto).

Les dije una y mil veces que jamás había hablado conscientemente con esos dos generales y que sólo conocía al general Saenz de Santamaría por las fotos de los periódicos.

Tuve la impresión entonces, por el ir y venir de los miembros del comando y por las conversaciones que mantenían en voz baja lejos de mí, de que quizás habían fracasado con mi secuestro.

A esas alturas, después de varias horas de torturas minuciosas y metódicas, con las humillaciones de rigor que no vienen al caso, empezaron a convencerse de que yo no podía confirmarles los nombres de mis informadores, que ellos llamaban “traidores a la Guardia Civil y a la patria”, sencillamente porque no lo sabía.

No guardaba silencio por heroísmo de ningún tipo sino porque no tenía ni idea de quien me había ido dando las pistas de los boletines del Ejército (con fechas y páginas) para poder publicar el artículo basado en fuentes oficiales.

Llegué a sospechar que algunos oficiales de la UMD (Unión Militar Democrática, o algo así) que me conocían indirectamente –yo filtré la noticia de sus primeras detenciones a la prensa extranjera- habían dado mi nombre a mis fuentes anónimas diciéndoles que yo era alguien “de confianza”. Pero nunca conocí a esas fuentes. Quizás, por eso y sólo por eso, nunca las delaté.

Por un momento, pensé que mis captores se habían ido y que me dejaban allí tirado, en medio del monte o del campo, con las muñecas esposadas y los ojos tapados por el vendaje. Comencé a removerme por el suelo frío, húmedo, casi helado, para cambiar de postura. Me dolía todo el cuerpo pero no podía permitirme el lujo de pensar en el dolor. Debía concentrar todas mis energías en sobrevivir.

Cuando uno de ellos les dijo a los demás que no me rompieran ningún hueso, me dio un vuelco el corazón.

-“Si no me quieren romper los huesos”, pensaba yo desesperadamente, “es porque piensan dejarme vivo y sin señales graves”.

Aún estaban allí. No me habían dejado solo. Les oía cuchichear a lo lejos. Seguían allí pero no podía entender lo que decían. Pronto supe de qué se trataba.

Se acercaron, me tumbaron boca abajo y me quitaron las esposas.

¡Qué alivio tan grande! Algo nuevo me quemaba la cara, en la parte no protegida por el esparadrapo que me cubría los ojos, y me producía una sensación rara –incluso agradable. ¡Nieve! También la toqué con mis manos.

Me sirvió de orientación. Y eso es mucho más importante de lo que uno puede imaginarse. Al menos, sabía que estaba en lo alto de una montaña, con nieve, y que yo identifiqué –no se por qué, quizás porque solía verla desde Las Matas– como la Sierra de Navacerrada.

-“Si miras hacia atrás, te pego un tiro”, dijo de pronto uno de ellos, apretando el cañón de su arma contra mi espalda.

¿Mirar? ¿Con los ojos vendados?

Fue muy rápido. Inmediatamente, otro de ellos dio un fuerte tirón del esparadrapo que rodeaba mi cabeza y me tapaba los ojos. Debieron arrancarme algunos pelos del cogote y parte de la piel quemada de la cara.

Esa punzada repentina de dolor físico no fue nada puesto que, al instante, pude ver algo de luz. No me atrevía a abrir los ojos de golpe. De hecho, no podía levantar uno de los párpados (creo que era el izquierdo). Ya no se cual de ellos estaba peor. Con el ojo derecho entornado pude ver la luz. La luz… y un pistolón enorme apuntando a mi cara, a dos palmos de mi frente.

Abrí, poco a poco, los ojos. Únicamente pude ver al hombre que empuñaba el arma. Tenía la cabeza cubierta con un pasamontañas oscuro. Me recordaba un poco a los terroristas de ETA cuando hacen conferencias de prensa clandestinas. Yo miraba directamente a sus ojos (¿verdes? ¿casi marrones?), tratando de leer en ellos mi futuro inmediato, y, de refilón, también miraba al pequeño agujero negro del cañón largísimo de aquella pistola inmensa, mucho más grande que las que salen en las películas. Tras él había un enorme valle arbolado, un paisaje idílico, digno de una égloga de Garcilaso.

-“¡Qué raro!”, pensé. “Estoy demasiado tranquilo para lo que me espera”.

Instintivamente, con mis manos libres -y ya sin el vendaje sobre los ojos- traté de secarme lo que yo creía que era sudor y me limpié la cara. Mis manos quedaron empapadas de sangre.

-¿De donde sale tanta sangre?, me pregunté

.

Entonces reconocí visualmente el color rojo vivo y el sabor caliente, ligeramente salado, de mi propia sangre. Brotaba de mi boca y, en lugar de escupirla, me la había estado tragando como si se tratara de saliva caliente.

-“Si me va a matar de un tiro, ¿por qué se cubre la cara con ese pasamontañas? Se cubre porque no quiere que le reconozca y le denuncie”.

Durante unos segundos tuve la convicción de que saldría vivo de allí. Unos breves segundos.

El que me apuntaba a la cara habló:

-“Comprenderás que no podemos marcharnos con las manos vacías y dejarte aquí vivo con todas esas marcas en la cara y en el cuerpo. Ahora llega tu hora. Tú decides. No podemos perder más tiempo. Es tu última oportunidad. Voy a contar hasta tres. A la de tres, disparo, a menos que antes me digas los nombres que estamos buscando. Si colaboras con nosotros, no te pasará nada. Te dejaremos libre y podrás volver a tu casa. Tu coche está aparcado en el Alto de los Leones. Si no colaboras, te pudrirás en esta montaña. No te encontrarán ni los buitres. ¿Entendido?

Mirando fijamente a sus ojos, muy próximos a los míos, y oliendo su respiración y su rabia, empecé a repetir, a farfullar, cagado de miedo, mi respuesta de siempre:

“No tengo nombres… Si lo supiera…”

Me cortó en seco, casi gritando:

-“¡Uno!”

Silencio. Ahora lo recuerdo como un fusilamiento, un asesinato, a sangre fría y a bocajarro, como algo de película que nunca me pudo haber ocurrido a mi. Pero allí estaba, sin respuesta a su pregunta. Nada podía hacer.

-“Dos”

Movió la pistola varias veces de un lado a otro, indicando a los demás que estaban detrás de mí que se apartaran. No tenían por qué mancharse con mi sangre si finalmente apretaba el gatillo. Todo encajaba y parecía verosímil. Luego pensé que debían haberlo hecho muchas veces con otros que nunca lo han contado o que no vivieron para contarlo.

Eran profesionales. Detrás de mi hubo ruidos de hojas secas, medio podridas, y de gente que se retiraba de mis espaldas.

Me quedaba poco tiempo. Apenas unos segundos. Pensé –creedme- que era el final. Muchos amigos me han preguntado después en qué se piensa cuando crees que vas a morir. Tardé en responder. Me avergonzaba decir la verdad pero finalmente acabé contándolo.

Hacía apenas unas semanas que mi mujer y yo habíamos firmado ante notario –Alberto Ballarín Marcial– la escritura de compra de dos parcelas en Villanueva de la Cañada y, naturalmente, las letras correspondientes para pagarlas en no se cuantos años.

La casa de Las Matas era muy pequeña, vieja y fría y, si queríamos tener hijos, necesitaríamos una casa más grande y construida por nosotros mismos, como así fue, desde los cimientos hasta el techo. Ya habíamos echado un ojo a las ventanas y puertas. Vendrían de Almería, de una casa antigua, de más de 300 años, que iban a destruir en la Glorieta de San Pedro.

Desde que publiqué el artículo sobre los relevos de altos cargos en la Guardia Civil hasta que me secuestraron, habíamos visitado y pisado casi diariamente cada palmo de ese trozo de terreno, que ya nos pertenecía, y donde proyectábamos construir la casa en la que ahora mismo estoy escribiendo estas líneas. Aquella parcela era un sueño.

Nuestros pensamientos –cuando quieren- se concentran y van a más velocidad que la luz. No pensé en mi familia ni en mis amigos ni la eventualidad de que hubiera otra vida después de ésta. Ni siquiera pensé en mi mujer –que no sabría nada de lo que me estaba ocurriendo en ese momento. Ni en los hijos que me iba a perder…

-“Qué forma más tonta de morir!”, pensé después de oír el aviso del “¡dos!”. “Morir, justo ahora que ya tengo una parcela”.

-“¡Y tres!”

Estúpidamente, hice un esfuerzo por no cerrar los ojos y seguí mirándole muy fijamente. Quería adivinar mi futuro (¡y el de mi parcela!) como si su iris fuera mi bola de cristal.

No hubo disparo. Se levantó mascullando algo asó como “cabrón, etc.” y se retiró de mi vista, mientras los de atrás me machacaban la espalda, el culo y los costados a patadas y con algo contundente –quizás con la culata de la metralleta, que pude ver cuando me cogieron, o la porra que usaron en los pies.

En ese momento, me hicieron el único daño que tuve en los huesos. Dos fisuras y una fractura. Pero ¿quién puede perder un solo segundo pensando en los huesos rotos o en las patadas o puñetazos cuando acabas de resucitar con todo tu cuerpo entero? ¿Qué más pueden hacerme si el fusilamiento ha sido en falso, una pura simulación?

Han consumido –pensé- el último recurso de cualquier torturador profesional. ¿El último?

Sentí –lo reconozco- una inmensa alegría interior, casi mística. Boca abajo, con mi cara pegada al suelo mojado y con mis manos cubriéndome la cabeza de los golpes… Así debía ser el éxtasis, la visión beatífica, el orgasmo de los santos cuando sacan su espíritu fuera del cuerpo y se pierden como San Juan de la Cruz… en esa noche oscura y gozosa.

Cada vez que recuerdo los versos –tan poderosos y profundos- del místico de Fontiveros celebro aquel momento de resurrección y de fuerte apego a la vida.

“En una noche oscura,

con ansias, en amores inflamada,

¡oh, dichosa ventura!

salí sin ser notada

estando ya mi casa sosegada”.

Casi podía verme desde fuera de mí, desde arriba. Ahí olvidé la parcela y, por primera vez, desde que empezó aquella ejecución teatral, pensé en mi chica y en el futuro que nos esperaba. Desapareció la parcela de mi mente y apareció ella.

Bocabajo, la nieve aliviaba las quemaduras de mi cara.

Una tarde maravillosa la del 2 de marzo de 1976.

Sentí, quizás por primera vez con tanta potencia, la dulzura de vivir…

Pero ellos no se dieron por vencidos.

(No pude terminarlo en el Talgo. Se acabó la bastería. Pero continuará. Lo prometo. Solo me falta el final)

16 comentarios

  1. Dice ser mozart

    Quedéme y olvidéme,el rostro recliné sobre el amado,cesó todo, y dejéme,dejando mi cuidadoentre las azucenas olvidado.

    20 marzo 2006 | 20:51

  2. Dice ser DonAire

    Impresionante de veras. Cargado de trabajo y no he podido evitar releer varias veces el post. Espero la última entrega con ansia. No se demore, por Dios.

    20 marzo 2006 | 20:54

  3. Dice ser Sayonara

    Nunca vendas esa parcela.

    20 marzo 2006 | 20:55

  4. Dice ser bob

    muchísimas gracias

    20 marzo 2006 | 21:14

  5. Dice ser lagos

    Iba a enviarle un email a una amiga con enlaces breves a este relato y al comentario sobre el legado del ateismo (soy creyente en Dios, no en la Iglesia, y valoro la fe como algo privado e indesligable de la ética). En fin, que empecé a extenderme, y quiero convertir mi gratitud en un pequeño homenaje al reproducirlo aquí. Va por usted, maestro.«Ya te había comentado, de pasada, que tengo cierta admiración por un periodista. José Antonio Martínez Soler. Ninguna de sus apariciones en TVE me dejaron indiferente, porque prácticamente contagiaba un curiosidad humilde y un especial sentido humano de la honestidad. Yo todavía era adolescente. Tengo recuerdos de crónicas suyas como corresponsal en EE.UU., y cuando presentaba el primer especial sobre economía que ví por televisión, en el que en una ocasión retransmitió la salida de las cifras de IPC desde los ordenadores de Hacienda como quien retransmite un parto, con toda la emoción y el relieve socioeconómico del que procedían aquellos datos y sus repercusiones. Convertía la televisión en una ventana al mundo, un mundo de conocimientos y experiencias sin formalidades.No había vuelto a oír nada de él hasta que recalé en los blogs del diario gratuito 20minutos, y desde entonces tengo un RSS que me permite seguir regularmente la adición de los comentarios con los que se obsequia. Seguramente te sonará, pero no por esta fotografía. La imagen de boxeador noqueado no es nada al lado del relato que hace de su secuestro. No es sólo su realismo, o su grado histórico en nuestra España. Ya verás por ti misma a qué me refiero.Este hombre expide sabiduría, una sencillez y una cercanía que deja planos a los vanidosos, a los que sin embargo supera en experiencias.Se podrán sacar muchas conclusiones de las narraciones que hace de su secuestro, en clave de catarsis. Una de ellas podría ser el contraste entre el poder del miedo frente a importantes significantes de la vida, propia, y por derivaciones, del país. Casi he sentido vergüenza de ceder a miedos menores, aunque no cabe duda de que tiene la fortuna de disfrutar de alicientes esperanzadores en su familia y en lo suyo. También es sorprendente su modo consciente de racionalizar para mantener el hilo de la cordura, con una todavía más sorprendente equidistancia en la relación con sus secuestradores, más sociable de lo que cabría imaginar.»

    20 marzo 2006 | 23:13

  6. Dice ser Fontiveros

    Genial, JAMS. Casi como el de mi pueblo. Gracias por vivir.

    20 marzo 2006 | 23:17

  7. Dice ser gorda

    Yo no lo he leido( leer desgracias no me mola) solo retengo una frase repetida del principio: ” No he dejado ni un día de pensar en la muerte”, pero no se si en sentido positivo, de misterio, o de miedo…Yo siempre en pesando que por muy mal que sea la experiencia, ya he estado allí, antes de nacer( de algún sitio vendría mi espíritu), por lo tanto miedo a lo desconocido no, porque ya lo conozco.Si no hay nada después… tampoco me da miedo, es un descanso por siempre( jaja, aunque a alguno le joda que me ria)Los creyentes si tienen miedo es que no creen, espiritu libre por siempre o reencarnacion ¿no?Y para los defensores de la línea científica no creyentes en el más allá, pues la crionización es una buena reencaranación en uno mismo.Solo falta el superar el instinto de conservación que provoca nuestro miedo, y nos asusta; pero de no tenerlo, nadie tendría mucho cuidado en conservarse( quizás eso es nuestra finalidad, el extinguirnos por voluntad) ya os pasaré una cosa muy divertida sobre lo tonto que es el miedo que pillé hace años por la red( para escribir sobre el susto y el miedo)Bueno como mi blog es un ladrillo, le he cambiado de color, lo he puesto rojo, luego he caido cuenta: ” Anda mira, sera el subconsciente que me llego hondo lo del ladrillo” jeje.A partir de ahora os haré relatos tan solo, os quedáis sin mis grandes conocimientos 😉

    20 marzo 2006 | 23:29

  8. Dice ser Lobo

    Muchas gracias por compratir esos recuerdos nada gratos con nosotros. Lo de hoy ha sido una joyita de la blogosfera. Un abrazo.

    21 marzo 2006 | 05:57

  9. Dice ser gorda

    ¡¡Qué malo que es el miedo !!aquí va, para reirnos de momentos tontos, pero pasados muy mal, o serios que podemos contar, por eso que dicen que es el miedo ” preparación sicológica para el susto”( el susto es el imprevisto, cuando ves el cuchilla ya, jajaja, y para evitarlo el cuerpo reacciona con el miedo previo, que son esas horas angustiosas con razón o sin ella que anteceden al hecho que te prevees):www.ciudadcentral.com/paginas/?pagina=ver&idpagina=39619 – 41k –

    21 marzo 2006 | 12:14

  10. Dice ser imagina

    Y pensar que esto ha sido el pan nuestro de cada día durante años, en nuestro país, ocurriéndole a conciudadanos nuestros. Lo fue en todas las partes del mundo, más o menos, desde Argentina y Chile hasta Yugoslavia, pasando por todos los continentes, lo está siendo en Guantánamo, en Irak y en muchos lugares, donde el hombre es un lobo para el hombre.El hecho de que usted lo explique, representa un documento extraordinario, informativo y formativo, ya que personifica la punta del iceberg, formado por miles (millones) de personas, que han sufrido la opresión, la sin razón y la desnaturalización del ser humano, y no pueden explicarlo, unos porque dejaron la vida en el martirio, otros por falta de capacidades o de medios y otros porque han preferido callar.Saludos

    21 marzo 2006 | 20:08

  11. Dice ser Montanelli

    “No hace mucho que nació el hijo de Eric. Se llama Felipe.- Dentro de veinte años – dice- yo voy a contarle las cosas de ahora. Le hablaré de los amigos muertos y presos y de lo dura que era la vida en nuestros países, y quiero que él me mire a los ojos y no me crea y me diga que miento. La única prueba será que él estuvo aquí, pero ya no recordará nada de todo esto .Yo quiero que él no pueda creer que todo esto fue posible alguna vez. Quiero que me diga que este tiempo no existió nunca.”Eduardo Galeano – Días y noches de amor y de guerra

    21 marzo 2006 | 22:33

  12. Dice ser Selu

    deseando, leer la última entrega de su secuestro, me encanta la manera que tiene de escribir.saludos

    21 marzo 2006 | 23:32

  13. Dice ser potato

    Gracias, gracias, gracias….

    22 marzo 2006 | 10:59

  14. Dice ser gurión

    La represión franquista fue horrible.Que pena q en la actualidad haya millones de españoles q apoyen esos métodos. Como todos los votantes del PSOE, q utilizó a los GAL para torturar hasta la muerte a los comunistas-marxistas vascos.Algo normal, teniendo en cuenta q ZP gobierna gracias al asesinato de 200 inocentes. No dudaron en violar el dia de reflexión para conseguir votos.Franco fue un asesino…Aznar un megalómano…y el PSOE de los GAL y de ZP el partido con los gobiernos más vomitivos de la Historia de España.Bueno…también está el PNV…q lleva 30 años protegiendo a ETA para q siga en su lucha.Vaya país.En fin, al menos tenemos buen clima.

    22 marzo 2006 | 12:01

  15. Dice ser Rocamadour

    Gracias, muchísimas gracias.

    22 marzo 2006 | 16:10

  16. Dice ser maryory gina carla

    porfavor me urge saber qqme va pasrestoy muy preocupada con mi salud quisiera qq me diga qq te ngo y bueno si se puede amor y dinero bueno por favor respondame rapido mi año es 1989 de diciembre 19 y soy peruana muchas gracias favor de responderrapido disculpe la molestia.

    08 septiembre 2006 | 06:56

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