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Un profesor de guardería orina en las bebidas de sus compañeras

Gao Chao orina en el termo de una de sus compañeras de trabajo. Fuente: Daily News.

Gao Chao orina en el termo de una de sus compañeras de trabajo. Fuente: Daily News.

Dicen que la venganza se sirve fría, pero no tiene por qué ser siempre así. De hecho, acabo de toparme de bruces con un ejemplo que ilustra que la venganza, además de asquerosa, también puede servirse calentita. Un profesor de guardería chino, molesto por considerarse despreciado por sus compañeras féminas, tomó la decisión de castigar esa presunta falta de respeto orinando en los termos de té de los que ellas bebían. ¡Ascazo no, lo siguiente!

El sujeto miccionador se llama Gao Chao, lo que podría confirmar la teoría de un amigo de la facultad, que asegura sin rubor que “las personas cuyo nombre y apellido riman tienen un punto de crueldad”. Lo decía porque él ha sufrido horrores por una novia llamada Ana Aldana, así que espero arrancarle una sonrisa cuando le envíe el enlace.

Volviendo a la historia, días atrás las cuatro compañeras afectadas por la incontinencia urinaria de Gao se percataron de que el té de sus termos no era exactamente lo que esperaban cuando fueron a tomárselo. Además de un sabor rato, Li Kao, una de las víctimas, asegura que su té tenía un olor extraño cuando volví al aula después de sacar a los niños al recreo. El termo no es transparente, así que era difícil ver si el líquido tenía un aspecto extraño, pero, sin duda, desprendía un olor raro”. Li y sus compañeras compartieron esta desagradable experiencia, así que decidieron tomar cartas en el asunto para saber el motivo de los inesperados olor y sabor de sus bebidas. Cuando salieron al patio de recreo, dejaron un móvil grabando lo que ocurriera en el aula y en el vídeo descubrieron al tío cerdo de Gao orinando en sus recipientes.

Con las pruebas en la mano, fueron al director del centro a solicitar el despido inmediato de Gao, bajo la amenaza de que de lo contrario ellas no trabajarían allí ni un solo día más. Sin embargo, su amenaza fue bastante mediocre, ya que han vuelto al trabajo después de recibir una compensación de unos 250 € (más o menos la mitad del salario medio en China). ¡Con qué poco os conformáis, majas!

Además, Gao tampoco será sancionado por las autoridades chinas, ya que se considera que no ha atentado contra la salud de sus compañeras porque no tiene enfermedades infecciosas. Me parece razonable que esta asquerosa travesura no sea considerada siquiera falta por la Justicia china, pero apostaría un millón de maravedíes a que cualquiera de vosotros que hiciera eso en vuestro trabajo y fuera cazado, estaría hoy de patitas en la calle y con un expediente del tamaño de Kamchatka.