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Y de postre… ¡una barrita de desodorante!

come-desodoranteRecuerdo con indisimulada amargura a un profesor con una marcada halitosis, mezcla de su tabaquismo exacerbado y de una cierta pasión por las comidas ricas en ajo. Confieso que era un poco rebelde en clase, así que el maestro, de nombre Jacinto, tenía cierta costumbre de darme algún que otro rapapolvo verbal muy cerca de la cara. La escena era desagradable y no imagináis cuánto lamento que Jacinto no hubiera tenido por aquel entonces la afición de la protagonista de este post.

La joven se llama Nicole y, en un reportaje del programa ‘Mi extraña adicción‘, de la cadena estadounidense TLC, ha confesado que su alimento preferido es la barra del desodorante. WTF!!! Apenas tenía cuatro añitos cuando se rindió a las delicias (?) del roll-on y asegura que se mete entre pecho y espalda no menos de 15 barras al mes. La muchacha hace hincapié en el placer de sentir cómo un desodorante se derrite en su boca y afirma ser capaz de distinguir sabores diferentes en función de la marca que esté devorando. ¡Ahí es nada!

La dieta me resulta más bien repugnante poco apetecible e imagino que no será un hábito muy saludable. Sin embargo, también quiero creer que hay algo positivo en destrozarse el estómago comiendo estas porquerías. Espero que Nicole tenga un delicado aliento, floral o mentolado, y que sea una delicia conversar con ella cara a cara. Y espero también que alguien le haga llegar este post al viejo Jacinto, que sigue dando clases y seguro que ha encontrado algún otro alumno al que acobardar con su voz de barítono pésimamente ambientada.

El hombre ‘comecaca’ existe…

Y como no podía ser de otra manera, es un perturbado. Se trata de James Orr, un tipo de 66 años que mientras era juzgado por robo y secuestro en Cincinnati la lió pardísima. Lo que sea con tal de esquivar a la justicia.

¿Qué hizo? Este buen hombre, en pleno juicio, le preguntó a su abogado si había algo de comer, a lo que éste le respondió que no. Entonces se enfadó y, ni corto ni perezoso, sacó su sonda (o bolsa) de colostomía (está operado), la puso sobre la mesa, la apretó hasta que se salió todo y empezó a comer como un loco poseído. En ese momento, el alguacil en la sala gritó: “¿Pero qué estás haciendo?”. Evidentemente, lo esposaron y se lo llevaron fuera de la sala.

Más tarde, la oficina del alguacil informó de que Orr llevaba restos de heces en los labios, la barba y en las manos. Eso sin hablar de la mesa en la que estaba, que la dejó fina. Tanto que el juez sugirió que se limpiase la sala bajo la consideración de que se había convertido en una zona de riesgo biológico.

El fiscal David Prem asegura que, aunque casi vomita al verle, no va a parar hasta terminar de juzgarle. Es más, cree que lo hizo a propósito. “Es un estafador. Tiene más de 50 alias, ha robado, ha secuestrado… y ya ha hecho casi todo lo que una persona puede hacer para evitar a la justicia, hasta fingir ser un enfermo mental. Sólo quiere causar desorden”.

Le harán un chequeo mental y todo eso porque es obligatorio, pero vamos, que están convencidos de que es un farsante que pretende desviar la atención.

PD: La criatura seguirá siendo juzgado la semana que viene. Se enfrenta a más de 60 años de prisión por robo y secuestro.

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