Estoy dramatizando Estoy dramatizando

"... no me despiertes, si duermo, y si es verdad, no me duermas". (Pedro Calderón de la Barca, 'La vida es sueño')

Archivo de junio, 2014

Nunca es tarde…

4estrellasQfwfq. Una historia del universo

Ah, qué sabia la sabiduría popular cuando asegura que nunca es tarde si la dicha teatrera es buena. Especialmente si el destino (quien dice el destino dice un gabinete de prensa) te la hace llegar cuando a Madrid empiezan a sobrarle grados y asfalto y la falta de frescura empieza a contagiarse a su cartelera escénica.

Pues, bien, la dicha en cuestión lleva por título Qfwfq (léase Cufubufucu) y tiene por creadores a Teatro Meridional, que la representaron por primera vez en 1999. No se asusten: no es más ni menos que una adaptación de Las cosmicómicas de Italo Calvino, a las que Julio Salvatierra ha incorporado una abuela que habla en argentino, la idea de cantar los paratextos que anteceden a cada uno de los cuentos que la componen y otras magníficas aportaciones.

Qfwfq

Chani Martín, Marina Seresesky, Elvira Cuadrupani y Alvaro Lavín en ‘Qfwfq’. (Teatro Meridional)

Afirman sus creadores que no se trata de “teatro del absurdo” ni de “ciencia-teatro-ficción”, sino de humor. Bueno, sin duda tiene mucho de humor, de ese humor elegante que más que carcajadas suscita risas y sonrisas permanentes, y mucho de lírica. Pero como narra las vivencias de una familia que existe desde que se originó el universo, condicionadas por su formación y evolución de acuerdo con distintas teorías científicas, también, claro, mucho de ciencia-teatro-ficción y de genial humor absurdo. Para muestra, un fragmento del cuento inspirado en la teoría de Edwin Hubble según la cual la materia del universo estuvo concentrada en un solo punto:

Había también la mujer de la limpieza —”adscrita a la manutención” la llamaban—, una sola para todo el universo, dado lo reducido del ambiente. A decir verdad, no tenía nada que hacer en todo el día, ni siquiera quitar el polvo —dentro de un punto no puede entrar ni un granito de polvo— y se desahogaba en continuos chismes y lamentos.

El texto sostiene perfectamente una función en la que apenas se emplea utilería y cuenta en esta versión con unas proyecciones estupendas, que apoyan la representación sin interferir en ella.

El texto y cuatro magníficos actores: Álvaro Lavín (también dirige), que, por ejemplo, cuando se refiere con todo el convencimiento y la seriedad del mundo al amor polimorfo (o poliformo o poliforme o polifórmico… tengo memoria de pez) parece un personaje sacado de Amanece, que no es poco (entiéndase como un piropazo); Marina Seresesky, que borda a la abuela terca a la que le ha dado por hablar en argentino; Chani Martín, tan fino como sus compañeros en el que tal vez sea el papel más sereno, el del padre; y Elvira Cuadrupani, de una expresividad maravillosa (aunque un poquito chillona).

Para pequeñas delicias como esta nunca es tarde.

– Guión y adaptación: Julio Salvatierra, basado en Las cosmicómicas de Italo Calvino.

– Dirección: Álvaro Lavín.

– Reparto: Álvaro Lavín, Marina Seresesky, Chani Martín, Elvira Cuadrupani.

– Diseño y realización videográfica: Roi Fernández.

– Diseño y realización de escenografía: Teatro Meridional, Rocío Barreto.

– Producción: Teatro Meridional.

– Sala: Cuarta Pared, Madrid.

Dejémonos trabajar en paz

Pude entrevistar al actor Gonzalo de Castro con motivo del estreno en el Teatro Español del Glengarry Glen Ross que tan magníficamente dirigió en 2009 Daniel Veronese. Fue una conversación larga y de las más interesantes que he tenido con personas relacionadas con el mundo del teatro.

Aunque a medida que De Castro me iba respondiendo yo iba disintiendo mentalmente de algunas de sus opiniones, me pareció un tipo inteligente, de los que no recurren a clichés y no dan respuestas vacías de contenido, de aquellos cuyas declaraciones cuesta luego recortar.

Una de ellas, de las que no publiqué por falta de espacio, se me vino a la cabeza el otro día cuando escribía que no siempre los responsables o artistas de un espectáculo tratan con consideración a la prensa (imagino que a la inversa ocurrirá tres cuartos de lo mismo). De Castro consideraba injusto que se recordase tanto a Fernando Fernán Gómez, fallecido dos años antes, por su mal carácter y por alguna salida de tono como por su celebérrima trayectoria.

Gonzalo de Castro

El actor Gonzalo de Castro en el Teatro Español de Madrid con motivo del estreno de ‘Glengarry Glen Ross’, en diciembre de 2009. (Foto: Jorge París)

Pensé que no estaba del todo de acuerdo. El propio De Castro no fue aquel día un dechado de amabilidad, pero nos trató correctamente y nos facilitó nuestro trabajo tanto al fotógrafo como a la redactora. Más que suficiente.

Yo, sin embargo, aún guardaba fresca en la memoria la que hasta ahora ha sido la peor entrevista de mi vida. Me la dio otro gran actor de teatro (al césar lo que es del césar) al que prefiero no mencionar y que, tras cometer yo un error —cierto es— en la primera pregunta relacionado con su trayectoria y a pesar de mis disculpas, respondía a mis cuestiones desdeñándolas, queriendo darme lecciones y como si me estuviera haciendo un favor. Recuerdo que en un momento dado le pregunté qué motivo daría a los lectores de 20minutos para que acudiesen a ver la obra que él protagonizaba entonces, a lo que vino a contestar, todo digno, que tan noble director y tan noble elenco como los suyos no necesitaban convencer a nadie de nada… Y como estaba claro que él no necesitaba nuestra publicidad, nosotros nunca llegamos a publicar aquella entrevista.

Con todo, eso fue lo de menos. Lo de más es que te hagan perder el tiempo y pasar un mal rato cuando estás trabajando. (Comentándolo luego en la redacción, por cierto, supe que el mismo actor le había aguado la fiesta a una compañera en la que para ella fue también la peor entrevista de su vida. Mal de muchos…)

Tal vez Gonzalo de Castro tuviera su parte de razón cuando criticaba que se recordase a Fernán Gómez casi más por su mal genio que por su enorme talento. Pero solo tal vez. En realidad, si él no hubiera mostrado tan mal carácter se le recordaría únicamente como un brillante actor.

“En la vida como en el metro, dejen salir antes de entrar”, dice mi compañero Chema. Pues, eso, en la vida como en el teatro, dejémonos trabajar en paz. No olviden que ser amable es gratis.

Una buena inversión

5estrellasLos miserables (2013)

Hay espectáculos por los que duele haber pagado 2 euros y espectáculos que valen todos y cada uno de los 7.000 céntimos que puede llegar a costar su entrada. Este último es el caso de la producción de Los miserables que se estrenó en Madrid a finales de 2010 y que Stage recuperó en octubre del año pasado para llevarla de gira por todo el país.

Los Miserables by Cameron Mackintosh, opening night November 18

Guido Balzaretti (Marius) y Talía del Val (Cosette) en ‘Los miserables’.

Los más avispados de mis (cientos de miles de) seguidores estarán pensando, claro, que resulta muy fácil decirlo cuando una va de balde. Cierto es que por mi trabajo tengo la suerte de disfrutar gratis de muchas obras. Pero también que por cada función de Los miserables que he visto invitada, he visto otra pagando.

Los más fieles de mis (¿había dicho cientos de miles? de mis ¡millones! de) seguidores estarán pensando, claro, que me ciega la subjetividad porque se trata de mi musical favorito. Cierto es que en mi teléfono se van alternando como tonos de llamada On my own (en español, Solo para mí), One day more (Sale el sol), Stars (Estrellas)… Pero también que cualquiera que vea este montaje apreciará su elevado coste y reconocerá su calidad.

… Y ahora es cuando confieso que incluso yo tenía mis dudas sobre esta versión para gira. Dudas que quedaron disipadas por completo hace unas semanas en el Teatro Calderón de Valladolid.

Creí que de una forma u otra los decorados se habrían adaptado, que se habrían reducido para facilitar su traslado y su disposición en los distintos tipos de cajas escénicas. Si ha sido así, yo no conseguí percibirlo.

Además, temí que los cambios en el reparto hubieran podido dar al traste con la magia del musical. Bueno, hacer olvidar a Gerónimo Rauch es simple y llanamente imposible, pero el Jean Valjean de su compatriota Nicolás Martinelli tiene su encanto. Armando Pita está estratosférico: borda al pícaro Thenárdier y se entiende a las mil maravillas con su partenaire, la gran Eva Diago (ahora sir Mackintosh nos lo ‘secuestrará’ para llevárselo a Londres, como ya hizo con Rauch). Me volvió a conquistar la presencia de Ignasi Vidal y me asombró la evolución de Guido Balzaretti, su Marius tan elegante y limpio, rayando la perfección. Me quedé con ganas de ver otra vez a Lydia Fairén, que no tiene la mejor voz del mundo pero lo suple con vena y agallas.

Los miserables (2013)

Ignasi Vidal (Javert) y Nicolás Martinelli (Jean Valjean) en ‘Los miserables’.

Luego, se ha mantenido la atención que implica el respeto por el trabajo de uno mismo y, en este caso, por el público. Se han cuidado los detalles de igual modo que en 2010. Se han modificado algunas líneas del libreto, se ha potenciado el aspecto interpretativo y se han introducido con muy buen resultado pequeños nuevos arreglos musicales. (Si no eres muy fan de Les Miz, te aconsejo que te saltes este paréntesis, que tiene un poco de flipada, un poco de postureo y un mucho de friquismo. Me encanta como, ya al final del Epílogo y, por tanto, del musical, cuando el coro canta “Do you hear the people sing? / Say, do you hear the distant drums?” —en castellano, “Canta el pueblo su canción / Oyes el eco del tambor”—, el silabeo de “Say, do you hear the distant drums?” —o de “Oyes el eco del tambor” — abandona de alguna forma el legato de la línea melódica para imitar el sonido del tambor. Pues, bien, tuve la impresión de que en esta revisión se ha remarcado esa idea.)

Desafortunadamente, no todo el mundo puede disponer de los 70 euros que, en efecto, vale una butaca de patio de Los miserables en fin de semana en el Teatro Cervantes de Málaga, donde estará del 20 de junio al 20 de julio (luego vendrán Barcelona, Bilbao, Salamanca, Logroño, Zaragoza…), aunque hay entradas a partir de 22 euros. Pero si puedes disponer de ellos, no dudes que serán bien invertidos.

… It is the future that they bring / When tomorrow comes
(Son los redobles del futuro / Que empieza hoy)

Autores: Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil, basado en la novela de Victor Hugo.

Traducción española: Albert Mas Griera.

Dirección: Laurence Connor y James Powell.

Director residente en España: Daniel Anglés.

Director musical: Arturo Díez Boscovich.

Elenco: Nicolás Martinelli, Ignasi Vidal, Armando Pita, Guido Balzaretti, Lydia Fairén, Elena Medina, Eva Diago, Carlos Solano, Talía del Val…

Escenografía: Matt Kinley.

Producción: Cameron Mackintosh Ltd., Stage Entertainment España.

Sala: Teatro Calderón, Valladolid.

Callar

En los siete años largos que llevo haciendo información de espectáculos, incluidos los cinco años y medio que tiene en su versión impresa esta columnita, solo había dejado de reseñar adrede dos montajes.

El primero, a finales de 2009 (voy a dar una pista, como diría Juan de la Cosa), un musical de gran formato auspiciado por una radiofórmula. La trama incluía todos, absolutamente todos los clichés posibles: un homosexual reprimido, un joven enamorado en secreto de la novia de su —creo recordar— hermano, un guaperas que se queda paralítico como consecuencia de un accidente de tráfico… Y no habían tenido reparos en hacer algunas chapucillas con relación a los arreglos, por ejemplo en bajarle una octava a una canción de pronto en el estribillo porque sus notas eran demasiado agudas para la tesitura de la protagonista.

Las entradas, como suele ocurrir en este tipo de montajes, no eran nada baratas, así que en primera instancia pensé que los lectores tenían derecho a saber que iban a —en mi opinión— malgastar su dinero. Pero decidí callar. Sobre todo, porque me pareció que buena parte del público había disfrutado de aquella función de la que yo salí horrorizada y que, en realidad, esos grandes espectáculos comerciales gustan a no poca gente. Aparte, lo confieso, porque sabía que los salarios de decenas de personas, muchas de las cuales se estaban esforzando grandemente, dependían del éxito de aquella producción y porque todos los miembros del equipo con los que, de un modo u otro, traté fueron amables y facilitaron mi trabajo, algo que, por desgracia, no siempre ocurre (otro día os cuento).

Apenas seis meses más tarde callé por segunda vez. En este caso con respecto a un montaje de la comedia de una conocida escritora española contemporánea. No me desagrada en absoluto la escritora en cuestión, pero viendo aquella obra entendí por qué en la misma época la buena mujer apoyó otra producción de otra comedia suya y obvió esta. ¡Qué texto más evidente y facilón! ¡Y qué puesta en escena más casposa!

Opté por no escribir sobre aquella porque se trataba de una modesta producción privada y porque consideré que no necesitaban más publicidad negativa: la sala tenía capacidad para más de 300 personas y aquel día, contándonos a mi acompañante y a mí, había ocho.

… Así que llevaba más de cuatro años sin autocensurarme, lo cual no está nada mal. Pero hoy va a cumplirse lo de “no hay dos sin tres”.

Este fin de semana he visto un intento de comedia, un texto nuevo con aspiraciones (¡ojalá no las tuviera!), ideas inconexas, obviedades, explicaciones innecesarias, actrices tan sobreactuadas que parecen salidas de otra era, un vestuario imperdonable, una iluminación inexistente… Francamente, no sé por dónde cogerlo.

En esta ocasión callo porque se trata de una producción pequeña, de gente novel, y los noveles sin recursos merecen ser tenidos en cuenta para bien, puesto que la información puede auparlos, pero no para mal, por la injusticia que supondría exigirles lo mismo que a producciones con muchos más medios.

Ahora, si no estáis para tirar el dinero y creéis que el espectáculo que he descrito (en cartel en Madrid hasta mediados de julio) podría ser aquel en el que pensáis gastaros los cuartos próximamente, hacédmelo saber a través del apartado de ‘contacto’ e intentaré responderos. Si estáis para tirar el dinero, hacédmelo saber también a través del apartado de ‘contacto’ y os responderé seguro.