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Encuentra a su ‘gemela’ por casualidad y luego aparecen un montón más

Santana Gutiérrez, de 17 años, nacida en Las Vegas, que actualmente estudia en la Universidad de California en San Diego, se dirigió a un centro comercial para realizar unas compras, sin saber la sorpresa que se iba a encontrar.

Mientras paseaba por el establecimiento mirando escaparates, una joven de Save the Children se le acercó para indicarle qué labores realizaba la organización y si le gustaría colaborar con ellos. Sin embargo lo único que pensaba Santana es que su interlocutora era un clon suyo. O-O Lee el resto de la entrada »

El robo (más tonto) del siglo

Muchos de vosotros habéis oído hablar del asalto al tren de Glasgow o la más reciente fechoría del electricista que sustrajo el Códice Calixtino. Hasta es muy posible que hayáis visto todas las pelis de la banda de George Clooney y Brad Pitt, Ocean’s eleven, 12 y 13 (¿hay más?). Sin embargo, apuesto un maravedí a que pocos tenéis noticias del robo más curioso de todos los tiempos. Al menos de los tiempos que mi mente alcanza a recordar, que no es tanto.

La noche del domingo, 7 de octubre, una mujer de la que no ha trascendido su nombre irrumpió en el zoo de mascotas Pumpkin Patch de San Diego y se llevó una de las joyas más preciadas del recinto: la cabra Billy. Desconocemos las habilidades del caprino, pero su ausencia llenó de melancolía al resto de animalitos y personal del zoo. Hasta aquí, el robo es cuanto menos sorprendente. ¿Una cabra? ¿Pudiendo asaltar un banco?

Sin embargo, lo realmente rocambolesco de la historia está por llegar. Dos días después, la madrugada del martes al miércoles, la caca (ups, suena feo) mujer caco volvió al zoo y delicadamente dejó en sus aposentos a Billy, que había sufrido una pequeña transformación estética: ¡¡¡apareció con las pezuñas pintadas con esmalte rosa!!! ¿Por qué motivo? ¿Es una suerte de rito satánico? Iker Jiménez, ¡¡help me!!

Con uñas nuevas y bella como una estrella (sí, también tengo alma de poeta), Billy devolvió la alegría al zoo de mascotas y a su propietario, Darryl Dadon, que no tiene ninguna intención de poner una denuncia. El argumento para no hacerlo es “el karma. Las cabras van al baño (sic) con mucha frecuencia, así que puedo imaginar cómo quedó su casa“. Que se conforma con el campo de pequeñas minas que Billy dejó en el hogar de su secuestradora, vamos.

Seguro que en Hollywood se están peleando por llevar la historia a la gran pantalla. Una mujer misteriosa, una cabra, un esmalte rosa, un zoo de mascotas… la historia tiene todos los ingredientes para hacer un thriller de época. ¿A qué esperas, Ridley Scott?

Os dejo el vídeo del momento en el que la captora deposita a Billy de nuevo en su  redil:

Rescatan a una mujer enganchada a una mesa de billar

Sé que todos vosotros estáis esperando que este post empiece con el chascarrillo, tan poco usado, de “Érase una mujer a una mesa de billar pegada”, en clara referencia al soneto de Quevedo. Lamento defraudaros, pero ni sé quién es Quevedo (bueno, el Mami Quevedo sí), ni pienso empezar así una entrada. ¿No os parecería estúpido que desperdiciara este valioso espacio, este valioso párrafo, en una nimiedad como ésa?

Por eso empiezo diciendo que los bomberos de San Diego (Estados Unidos) tuvieron una aventura el otro día de esas que cuentas a lo largo de los años, en plan… “el otro día evitamos la amputación de un pene que estaba atrapado en un cilindro de acero“. Ya sabéis, al típica conversación que sale a las dos de la mañana después de la cuarta cerveza.

Resulta que el domingo, a las 1.45 horas de la madrugada, los bomberos recibieron una llamada del bar U-31 de San Diego informando de que había una muchacha de 22 años enganchada a una mesa de billar. Bueno, supongo que dirían directamente que se había “quedado pegada”, porque si yo fuera bombero y recibiera una llamada de un bar a las 2 de la mañana diciéndome que hay una chica enganchada a la mesa de billar… les diría que muy bien, que se vayan al futbolín, pero que la próxima vez no molesten a esas horas.

Al parecer, la chiquilla intentó coger una bola y no pudo sacar la mano (no sabemos si estaba intentando hacer trampas o no, pero creo que no procede). Según cuentan los bomberos a la prensa local, las pulseras que llevaba eran las responsables. Cualquier día le pasa lo mismo a mi compañera @mbac20, que le tengo dicho que tantas pulseritas no pueden traer nada bueno.

Finalmente no hubo sangre, aunque sé que muchos de vosotros estabáis afilando los colmillos. Bastó con desmontar la parte inferior de la mesa de billar para que la mano de la muchacha saliera sana y salva en un proceso que duró 15 minutos. Aunque lo que habría estado realmente bien es que llegaran los bomberos y le dijeran a la chica: “Suelta la bola” y entonces sacara la mano.

La joven no tuvo que ir al hospital y tiene para el recuerdo fotos como la que podéis ver en la que su cara de sufrimiento queda en un segundo plano ante la sonrisa de sus amigos. ¡Ah! Los Defensores de los Derechos de las Mesas de Billar (DDMB) podéis estar tranquilos, porque la mesa tampoco sufrió ningún daño y la gente juega con normalidad, como si nada hubiera pasado.

PD: Perdón por escribir “Quevedo” y “nimiedad” al comienzo. Ayer me llevé un golpe en la cabeza y ahora salen de mis teclas palabras y nombres que jamás antes había leído.

PD2: Por el resto del post también podría disculparme, pero tendría que hacerlo a diario y no terminaría nunca.

 

Luchó contra la ley… y perdió

A veces guardo cosas en mi escritorio y me cuesta recordar de dónde vienen. Una de ellas era la imagen que ilustra esta entrada, captada en San Diego (EE UU) hace algo menos de un mes. ¿De qué iba el post que tenía pensado hacer sobre esto?

Me pasa a menudo. Aparco un tema porque hay otros que me corren más prisa y a la hora de la verdad no recuerdo de dónde vienen… hasta que un chispazo me dice: San Diego, nadador, detenido… y Google me refresca la memoria.

La imagen de este muchacho podría servir para hacer un cartel que ponga: “Si luchas contra la ley, has de saber que tienes las de perder”. Este veinteañero estaba a finales de enero nadando desnudo en la Ocean Beach a las dos del mediodía.

La gente que paseaba por la zona consideró que no tenía por qué ver al muchacho como su madre lo trajo al mundo (ni ellos, ni sus hijos) así que llamaron a la Policía.

La Policía llegó, le pidió “por favor” (suponemos) que se vistiera, pero el chaval tenía uno de esos días en los que quería sentirse libre, así que se negó. Le volvieron a insistir y el muchacho dijo que no, que con él no contaran porque estaba bastante cómodo.

Según cuenta la prensa de San Diego, el muchacho se abalanzó sobre los agentes y éstos, amablamente, la acariciaron la cara y le explicaron por qué debía vestirse.

Le arrestaron por escándalo público y por consumo de drogas. Un final lógico para una historia surrealista.

PD: Lo dice un amigo mío… “es que hay mucho tonto suelto” (yo el primero, lo admito).

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