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"El deseado bien último se alcanza mejor mediante el libre comercio de ideas".(1919) Juez O. Wendell Holmes del Tribunal Supremo de EE UU

Visita a Ceuta y Melilla

Los presidentes de gobierno (y el jefe del estado) no visitan Ceuta y Melilla desde hace más de un cuarto de siglo; lo hicieron en alguna campaña electoral, bajo la condición de jefes de partido, pero sin el aparato del Estado a cuestas. Decían que era por un acuerdo tácito con Marruecos, un disimulo para no molestar al inevitable vecino del sur. Zapatero va esta semana, martes y miércoles, a ambas ciudades españolas del norte de África en visita oficial. Los gobiernos con mayoría popular en ambas ciudades no serán óbice para que la visita discurra por cauces eficaces.

Ceuta (75.000 habitantes censados) y Melilla (65.000) son ciudades de frontera, conflictivas y complejas. Sobre las economías de ambas se ciernen amenazas de futuro, especialmente si se materializa el deseable desarme arancelario con Marruecos que propiciará un espectacular aumento de los intercambios, paralelo al derrumbe del contrabando que hoy sustenta buena parte de la actividad comercial en ambas ciudades. Imaginar el futuro de las nuevas generaciones que nacen y viven en Ceuta y Melilla es tarea que corresponde a ambas sociedades, pero también al gobierno español que no puede dejarlas a su suerte y fortuna.

Ambos enclaves (lo son en sentido estricto) merecen mucha más atención que la prestada hasta ahora por los gobiernos. No pueden ser un mero espacio militar, el acuartelamiento que han sido durante décadas, y para convertirse en centro comercial y financiero con posibilidades, algo a lo que pueden aspirar, necesitan de ventajas comparativas sobre las que asentar especialización y capacidad. Una de las mayores ventajas comparativas sería un impecable funcionamiento institucional, la eficacia del Estado plenamente desplegada. ¿Lo está?

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