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Cada vez creo en menos cosas Un foro para pensar en lo divino y en lo humano

Un regalo envenenado

Hay gente que invierte media vida en intentar obtener, como sea, un premio. Se sabe que José María Aznar, por ejemplo, dedica buena parte de su maquinaria mediática y política a conseguir cuanto doctorado honoris causa se encuentre de rebajas, sea en España, sea en Latinoamérica.

Con nuestro dinero financió becas millonarias en la universidad católica de Georgetown para después obtener de ella el premio de ser nombrado profesor emérito. Y por fortuna destapamos a tiempo que pensaba comprar la medalla del Congreso USA también a costa de los Presupuestos Generales del Estado.

Pero ahora ha logrado superarse a sí mismo con el descubrimiento de una obviedad: que los premios enaltecen tanto al que los da como al que los recibe. Así que, ni corto (es un decir) ni perezoso decidió concederle el premio FAES, la fundación de “pensamiento” a su servicio, al mismísimo Rey Juan Carlos.

De esta manera el hombrecillo insufrible se premia a sí mismo, prestigiando (es otro decir) su fundación al conseguir que el rey acepte el premio. ¿No es diabólico?

Por cierto, ¿que hace el rey aceptando semejante regalo envenenado, un rey que, se supone, es de todos los españoles?

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