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¿Sabías que originalmente el término ‘verdugo’ no se usaba para referirse a un ejecutor sino a la vara con la que fustigaba?

Conocemos como ‘verdugo’ al funcionario público encargado de ejecutar un tormento (castigo) o una pena de muerte. A lo largo de la Historia varios son los personajes que se han hecho inmensamente populares o que han sido referenciados en la literatura o crónicas de su época.

¿Sabías que originalmente el término ‘verdugo’ no se usaba para referirse a un ejecutor sino a la vara con la que fustigaba?

Pero así como tenemos tan asociado el término con el que nos referimos a estos individuos cabe destacar que, originalmente, ese no era el nombre que recibían (antiguamente eran conocidos como ‘sayón’ o ‘ajusticiador’).

El hecho de ser nombrados popularmente como verdugos proviene de la vara que era utilizada por estos ajusticiadores a la hora de azotar a un reo, la cual era denominada de ese modo debido a que solía ser confeccionada con una rama cortada aún verde (proviniendo del latín ‘virgutum’ y éste de ‘viridis’todavía verde, vigoroso-).

Con el tiempo y el uso de los verdugos (ramas) para azotar, también pasó a denominarse así a la herida o señal que quedaba en la piel, levantada, tras ser azotado.

Y de ahí ya pasó, con el transcurso del tiempo, a utilizarse el término para referirse también a la persona que utilizaba la mencionada fusta para azotar (es lo que comúnmente se denomina como ‘metonimia’: designar una cosa con el nombre de otra con la que existe una relación.

Esta metonimia también llegó a hacer que se denomine como verdugo al capuchón utilizado por los éstos para ocular su cara.

 

 

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Fuente de la imagen: pxhere

¿Por qué antiguamente durante las ejecuciones públicas los padres abofeteaban a sus hijos?

¿Por qué antiguamente durante las ejecuciones públicas los padres abofeteaban a sus hijos?Tiempo atrás, cuando las ejecuciones a los presos se realizaban públicamente en una plaza, para el disfrute y regocijo de los habitantes de la población, existía una curiosa práctica realizada por un gran número de padres hacia sus hijos.

Esta costumbre consistía en asestar una bofetada en la mejilla derecha del muchacho en el mismo instante en que el filo decapitaba la cabeza del condenado o el verdugo abría la trampilla de la horca.

A la sonora bofetada le seguía unas sabias palabras del progenitor (que muy posiblemente habría heredado de su padre décadas atrás, en una situación similar) y no eran otras que un recordatorio de esa ejecución para el resto de la vida del joven, indicándole que un mismo destino, como el que había tenido el desgraciado que se encontraba yaciendo muerto sobre el cadalso, podría ser el futuro que le esperase al muchacho en caso de meterse en problemas con la justicia y no llevar una vida recta y digna.

Ese ritual de iniciación venía a marcar la puesta de largo del joven (por llamarlo de algún modo) siendo a partir de ese momento cuando comenzarían a tratarlo como a un adulto más de la familia, debiendo incorporarse a la vida laboral y tener responsabilidades.

 

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