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¿Cuál es el origen del término ‘epitafio?

Se conoce como ‘epitafio’ a la inscripción que suele figurar en la lápida de una tumba o nicho y que suele ser una frase descriptiva sobre la vida u obra de la persona cuyos restos reposan allí.

¿Cuál es el origen del término ‘epitafio?

Normalmente el epitafio suele ser dictado por el finado antes de fallecer, como una de sus últimas voluntades y no solo aparece en inscrito en la losa fúnebre sino también publicada en la esquela del periódico.

Pero, originalmente, en las civilizaciones antiguas lo que se consideraba como epitafio era en realidad una inscripción en la que figuraba una oración dedicada alguna deidad (cada cultura tenía la suya) con el fin de que protegiera al fallecido en el otro mundo.

Con el paso del tiempo y la extensión del catolicismo y otras religiones, ese epitafio era mucho más concreto, siendo destinado a un Dios concreto.

El origen de los epitafios, tal y como los que hoy en día los conocemos (frases alusivas a la personalidad del fallecido), debemos encontrarlo a partir de la Era de la Ilustración (siglo XVIII) en el que una nueva corriente de pensamiento más intelectual y menos religiosa cambió el sentido, convirtiéndolos en epigramas (frase breve e ingeniosa, frecuentemente satírica) como los utilizados durante las antiguas Grecia y Roma.

Etimológicamente el término epitafio proviene del latín tardío ‘epitaphĭum’ (oración fúnebre) y éste del griego ‘epitáphios’ (sobre una tumba).

 

 

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¿Cuál es el origen del término ‘notario’?

Conocemos como ‘notario’ a aquel profesional cuyo cometido es dar fe (mediante su presencia, rúbrica y correspondiente sello) en la firma y cierre de contratos y acuerdos (además de testamentos, compra-ventas, testimoniar actos jurídicos o extrajudiciales…).

¿Cuál es el origen del término ‘notario’?

En su origen, esta profesión le era encomendada a un súbdito quien iba tomando notas de todo lo que decía su señor para que quedasen registrados para la posteridad.

Ese es el motivo por el que el término notario proviene del latín ‘notarius’ cuyo significado literal es ‘el que toma notas’.

Personas que se han dedicado a tomar notas y dar fe de lo que otros han dicho o hecho ha habido muchísimos a lo largo de la historia, pero el personaje que podríamos decir que fue designado como el ‘primer notario’ se trata de Marco Tulio Tirón (en el siglo I a.C.), quien a lo largo de gran parte de su vida fue esclavo del famoso político y orador romano ‘Cicerón’ (aunque posteriormente le concedió la libertad –acto conocido como ‘manumisión’- y lo contrató como secretario y escribano).

Gracias a los escritos de Marco Tulio Tirón quedaron registrados los discursos y obra de Ciceron, los cuales han pasado a la posteridad.

Cabe destacar que, debido a la rapidez en la oratoria de Cicerón, Tirón tuvo que desarrollar una gran habilidad para escribir/recoger todo cuanto decía y hacía su amo de una forma veloz, por lo que acabó inventando un eficiente sistema de escritura (que con el paso del tiempo serviría para dar paso a la taquigrafía) con la que a través de un millar de signos podía transcribirlo todo.

Este curioso sistema fue bautizado como ‘Notæ tironianæ’ (Notas  Tironianas) y esto ha dado pie a que algunas personas, de forma errónea, crean que el término ‘notario’ proviene de mezclar ambos vocablos.

 

 

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