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¿Por qué NO es una buena idea poner un cascabel a un gato?

¿Por qué no es una buena idea poner un cascabel a un gato?

A raíz del post que publiqué días atrás en el que explicaba el origen de la expresión ‘poner el cascabel al gato’, mi hermana Maribel (activista y gran defensora de los animales), en vista de la cantidad de lectores que tiene este blog y su repercusión, me propuso que escribiera y publicase un post sobre la inconveniencia de poner un cascabel a los gatos.

La de poner un cascabel a un gato es una de esas costumbres que se han convertido en cotidianas y que muchas personas realizan sin tener verdadero conocimiento del daño que ello puede comportar a su mascota.

Es un viejo hábito que se realiza desde hace centenares de años (cuando nuestros antepasados todavía no tenían conocimientos suficientes sobre la morfología de los felinos).  Antiguamente no se tenían como animal de compañía (evidentemente con algunas excepciones de culturas, como la egipcia), sino como un eficaz cazador de roedores y otros pequeños animales que solían colarse en los hogares, almacenes… pero también había quien los tenía como mascotas (y no como cazadores) a sabiendas de que podían correr peligro los pájaros que hubiesen en aquel hogar, así que para poder advertir en qué lugar de la estancia andaba el gato, y así advertir a las pequeñas aves, se le colocaba un cascabel.

Con el paso del tiempo el gato pasó a ser un animal doméstico y de compañía, pero se heredó aquella vieja costumbre de colocarle algún tipo de esquila con la que advertir de su presencia, que se convirtió más en un objeto de decoración dentro del propio felino y porque a mucha gente le gustaba escuchar el sonido del tintineo cuando el animal se movía por la casa.

Pero tal y como indico en el título e inicio de este post, no es una buena idea poner un cascabel a un gato, sobre todo por su propia salud auditiva.

Morfológicamente los gatos están dotados de una especial agudeza auditiva que hace que puedan percibir numerosos sonidos, incluso estando lejos de ellos y distinguirlos entre otros muchos ruidos ambiente. El grado de intensidad con el que advierte muchos de los sonidos puede llegar a ser el de varias veces el de cualquier ser humano.

El hecho de llevar colgado al cuello una campanita que cada vez que camina o se mueve empieza a tintinear es algo que entorpece poder percibir otros sonidos (además de escucharlo amplificado debido a la mencionada agudeza auditiva) y por tanto no poder estar atento de la llegada de un posible peligro.

Llevarlo puesto continuamente y desde que son pequeños acaba atrofiándoles el oído y provocándoles que, con el tiempo, pierdan una de sus principales virtudes.

Pero no solo le afecta a su percepción acústica, sino que también puede llegar a estresarlo. El escuchar continuamente el soniquete del cascabel provocará ansiedad en el animal, debido a que con el más ligero de sus movimientos sonará, algo que deberá soportar escuchar durante todo el día.

Por su naturaleza son animales que están acostumbrados a moverse con sigilo y el cascabel entorpece esa función.

Si la pretensión del propietario del gato es poder tener al animal controlado y así saber dónde se encuentra en cada momento, la mejor opción (y más recomendada) es colocarles un chip y a modo decorativo, se le puede colgar un cascabel siempre y cuando dentro de éste no lleve el ‘escrupulillo’ (bolita que hay dentro para que suene).

Eso sí, en los ratos de juego del gato se le puede dar pelotas u otros juguetes que hagan ruido o lleven cascabeles dentro, porque durante un rato estarán la mar de entretenidos, pero en el momento que dejen de jugar ya no sonará y, por tanto, no será una molestia continua para ellos.

A continuación adjunto una imagen que se está compartiendo por las redes sociales (me la hizo llegar mi hermana Maribel) y la cual os invito a compartir (al igual que este post).

¿Por qué no es una buena idea poner un cascabel a un gato?

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Fuente de la imagen de cabecera: Jacinta Lluch (Flickr)

La verdadera historia del fiel y leal compañero llamado Hachiko

La verdadera historia del fiel y leal compañero llamado Hachiko Muchos han sido los perros que a lo largo de la Historia se han hecho sumamente populares: estrellas de la televisión como Lassie o Rin tin tin, Milú (el inseparable compañero de Tintín) o la cosmonauta Laika por poner tan solo unos pocos ejemplos. Pero si la lista fuese más extensa no podríamos olvidarnos de Hachiko, uno de los canes más conocidos en Japón y cuya historia emociona a todo aquel que la conoce.

Hachiko pertenecía a la raza akita y nació el 10 de noviembre de 1923 en Odate (Japón). Siendo un cachorro fue regalado a Eisaburō Ueno, profesor de ingeniería agrónoma de la Universidad de Tokio con quien, desde el primer momento, desarrolló una estrecha relación con su amo. Diariamente iba a buscar al profesor Ueno a la estación de Shibuya, donde lo esperaba impaciente. Ya podía llover, nevar o hacer un frío intenso… el fiel Hachiko estaba cada día ahí.

Pero a pesar de la inesperada muerte del profesor el 21 de mayo de 1925, a causa de un derrame cerebral mientras impartía una clase, la mascota siguió yendo a esperar día tras día a su dueño a la estación convirtiéndose en uno de los mayores ejemplos de lealtad de un animal hacia su amo.

Cuando su historia fue conocida públicamente muchos fueron los tokiotas que se apresuraron a cuidar del perro, a alimentarle y a atenderle en sus largas esperas en la estación. Permaneció allí a lo largo de nueve años más, hasta que falleció el 8 de marzo de 1935.

Alfred López junto al monumento a Hachiko en TokioLa fidelidad de Hachiko tuvo tal impacto en la sociedad nipona que ha sido ampliamente homenajeada y reconocida lo largo de los años. Frente a la estación se colocó una estatua en bronce del can (que tuve la oportunidad de visitar y tomarme una foto), y un mural en el lugar donde solía esperar a su dueño. Además, su cuerpo fue disecado y está expuesto en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Su historia ha sido llevada al cine en dos ocasiones, en la película americana protagonizada por Richard Gere, Siempre a tu lado (Hachiko) en la que la historia está algo desvirtuada de la real, (aunque no deja de ser un film muy emotivo y ampliamente recomendable) y en la cinta japonesa Hachikō Monogatari de Seijirô Kôyama.

Tan emotiva historia ha encontrado sin embargo su contrapunto en una teoría que explica que la lealtad de Hachiko hacia su amo no era puramente desinteresada, sino que lo que ocurría es que era adicto a los yakitoris (un popular pincho japonés de pollo) con los que el profesor Ueno le obsequiaba cuando iba a buscarlo. Evidentemente, dicha teoría no deja de ser una suposición y con la cual no estoy de acuerdo (algo que no excluye que sea mencionado en este post).

 

 

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Fuentes de las imágenes: Wikimedia commons / Alfred López @yelqtls

Cuando a Lord Byron se le ocurrió llevar un oso como mascota a la universidad

Cuando a Lord Byron se le ocurrió llevar un oso como mascota a la universidadA lo largo de su corta vida (falleció a los 36 años de edad) el poeta George Gordon Byron, mundialmente conocido como ‘Lord Byron’, se comportó de una manera inconformista, excéntrica, polémica, licenciosa y, sobre todo, muy poco convencional.

Su complejo carácter iba acompañado de una singular genialidad que lo dotaba de una destacable personalidad allá donde se encontraba. Era tal su ingenio que consiguió convertir una evidente cojera, que padecía desde su nacimiento, en una característica forma de caminar que le proporcionaba cierto aire distinguido.

Amó las juergas, las mujeres, la buena vida y la controversia, pero si hay algo por lo que sintió amor por encima de todo fue por los animales. Durante toda su vida se rodeó de todo tipo de animales que iba adoptando como mascotas, entre ellos gatos, monos, loros, zorros, un águila, halcón, cuervo, tejón, perros y un oso.

A pesar de que a la mascota que más quiso fue un perro al que llamó ‘Boatswain’ y al que lloró lo impensable cuando el animal falleció (pidió ser enterrado junto a su fiel amigo), una de las anécdotas más sorprendentes de Lord Byron tuvo lugar durante sus años de juventud, concretamente cuando en 1805 ingresó como estudiante en el prestigioso Trinity College de Cambridge.

Allí se encontró con que las estrictas normas de la institución indicaban que no se le permitía llevar como mascota a su querido perro, algo que le enfureció pero que al mismo tiempo despertó su ingenio: se le ocurrió adquirir un oso amaestrado a un circo ambulante y presentarse con el plantígrado a la facultad.

Los responsables del centro educativo se opusieron a que Byron fuese acompañado por tal animal, pero el joven les ganó la partida al demostrar que en ninguno de los puntos del estatuto del college indicaba que estuviese prohibido llevar como animal de compañía a un oso, por lo que no les quedó más remedio que aceptar que se pasease por los jardines llevándolo atado con una cadena al cuello.

 

 

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Fuentes de consulta: cambridgehistorian / historyextra / Trinity College Cambridge
Fuente de la imagen: Alaska S. Kellum (con expresa autorización de la ilustradora)

Cuando Dalí puso de moda entre la alta sociedad parisina tener un oso hormiguero como mascota

Cuando Dalí puso de moda entre la alta sociedad parisina tener un oso hormiguero como mascotaA lo largo de la historia el ser humano ha utilizado todo tipo de animales como mascotas, pero en el post de hoy quiero referirme al momento en el que, a finales de la década de los años 60 y principios de los 70, se puso de moda entre los miembros de la alta sociedad parisina el tener un ‘oso hormiguero’ como animal de compañía.

Esta costumbre la puso de moda Salvador Dalí, famoso por sus excentricidades y objeto de devoción e imitación por parte de multitud de personas que veían en él a uno de los más grandes genios que ha dado el siglo XX.

La famosa fotografía tomada por Patrice Habans y publicada por la prestigiosa revista Paris Match (nº1055 del 26 de julio de 1969) en la que aparecía Salvador Dalí, saliendo de una estación de metro de París paseando a un oso hormiguero dio la vuelta al mundo, popularizando el poseer uno de estos animales entre los miembros más snobs de la sociedad francesa.

 

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Fuente de la imagen: imgur vía reddit

¿Sabías que el término mascota con el que nos referimos a los animales de compañía significa amuleto?

¿Sabías que el término ‘mascota’ con el que nos referimos a los animales de compañía significa ‘amuleto’?Como bien es sabido una mascota es un animal de compañía, pero también llamamos de ese modo a aquella persona, animal o cosa que sirve como talismán y/o trae buena suerte (por ejemplo, ‘la mascota del equipo’).

Este término llegó hasta nosotros desde el francés ‘mascotte’ cuyo significado es amuleto y se hizo muy popular a raíz de una opereta estrenada en 1880 (inspirada en una historia publicada una década antes por Henri Chivot y Alfred Duru) titulada ‘La mascotte’ (El amuleto), la cual obtuvo un enorme éxito mundial.

La creencia popular sobre los animales de compañía y que éstos aportaban buena suerte a aquellos que los poseían hizo que se les comenzase a conocer como ‘mascotas’.

 

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Fuentes de consulta: capsuladelengua / RAE / etimologias.dechile
Fuente de la imagen: elemenoperica (morguefile)