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Teleiofilia; cuando en la niñez y adolescencia se siente atracción por las personas adultas

Muchos son los casos de chicos y chicas muy jóvenes que se sienten emocionalmente atraídos por personas adultas. Generalmente se trata de estudiantes que se enamoran de sus profesores e incluso de aquellos que estando en la niñez o adolescencia idealizan a alguien que les recuerda a alguno de sus progenitores.

Teleiofilia; cuando en la adolescencia se siente atracción por las personas adultas

Esto se conoce como ‘teleiofilia’ y no está recogida en el diccionario de parafilias sexuales, debido a que no es considerada como tal, pues en la inmensa mayoría de los casos se trata de un sentimiento y atracción (lo comúnmente llamado ‘amor platónico) pero no existe ningún deseo sexual.

El término proviene del griego, donde el vocablo teleio quiere decir ‘adulto’. También podemos encontrar nombrada esta conducta como ‘adultophilia’.

Cabe destacar que cuando la persona joven  ya es mayor de edad y siente atracción por una adulta (e incluso hacia alguien ya anciana), el término utilizado para este caso no debe ser teleiofilia sino ‘cronofilia’ o ‘gerontofilia’ y, muy posiblemente, sí exista algún tipo de deseo sexual en ese comportamiento, por lo que en este caso ya suele ser considerada como un tipo de parafilia.

 

 

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Fuente de la imagen: needpix

¿De dónde surge llamar ‘chalado’ a alguien que no anda bien de la cabeza?

A través del perfil en Instagram de este blog (@yaestaellistoquetodolosabe2) me llega la consulta sobre el origen de llamar ‘chalado’ a alguien que no anda bien de la cabeza.

¿De dónde surge llamar ‘chalado’ a alguien que no anda bien de la cabeza?

El término chalado es habitual utilizarlo, de un modo más desenfadado que formal, para indicar que alguien no anda bien de la cabeza o está falto de juicio.

Su procedencia la encontramos en el idioma caló (la lengua hablada por el pueblo gitano) en la que el vocablo ‘chalar’ significa literalmente ‘ir’ (en referencia a la acción de desplazarse de un lugar a otro). Y fue a raíz de ese significado que comenzó a utilizarse para referirse a aquellas personas que estaban perdidamente (locamente) enamoradas de alguien, ya que a estas se les solía ‘ir la cabeza’ por culpa del amor pasional que sentían (‘estar ido‘).

No tardó en utilizarse en el castellano como uno más de lo muchos sinónimos del término ‘loco’ y fue incorporado al Diccionario de la RAE en 1884 con la acepción: ‘Alelado, falto de seso o juicio’ (la misma que hoy en día sigue teniendo).

De ahí surgieron otras variantes al uso del término, como ‘chaladura’,  la cual es habitual utilizar como clara referencia a un enamoramiento (recogida de ese modo por la RAE, a partir de 1983, además de significar ‘extravagancia’, ‘locura’ y ‘manía’).

 

 

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Fuente de la imagen: pxhere

¿Cuál es el origen de la ‘tórtola’ como símbolo del amor?

¿Cuál es el origen de la ‘tórtola’ como símbolo del amor?

Es muy común referirse a una pareja de enamorados como ‘tortolitos’ o decir que se quieren como dos ‘tórtolas’. Muchas son las ilustraciones dedicadas a los enamorados (por ejemplo en el Día de San Valentín) en el que se representa a estas aves junto a un corazón.

Según explican los expertos, la tórtola es un ave que destaca por la fidelidad que hay entre los dos miembros de la pareja. Conocido es el arrullo constante que el macho tórtolo hace a la hembra o cómo se acarician entre si con el pico. Cuando una de las dos tórtolas fallece no vuelven a juntarse con otro animal de su especie y numerosas son las referencias a este animal en las que se le atribuye la imagen de ‘viuda fiel’.

Y es que múltiple y variada es la obra literaria en la que, a lo largo de la Historia, ha habido alguna referencia a esta ave como claro signo de amor verdadero (el propio William Shakespeare escribió un poema titulado ‘El Fénix y la tórtola’ que fue publicado en 1601).

Pero mucho antes ya aparece referenciada la tórtola en uno de los libros que componen la Biblia: ‘Cantar de los Cantares’ (de fecha imprecisa, pero que se le data alrededor del siglo IV a.C.). Concretamente en el versículo 12 del capítulo 2 se hace una referencia al arrullo de la tórtola.

Así pues, debido a la idiosincrasia de las tórtolas como pareja, la fidelidad que se procesan y a su mención en un buen número de obras claves de la literatura, esta ave se convirtió en un icono y símbolo del amor eterno.

Como nota curiosa, cabe destacar que el Diccionario de la RAE recoge el término ‘tórtolo/a’, en su tercera acepción ‘pareja de enamorados’ y sin embargo si realizamos la búsqueda sobre el vocablo ‘tortolito’ la respuesta que nos da es ‘cándido y falto de experiencia’ (tras contactar y consultar directamente con esta institución no supieron darme una respuesta al porqué se le da esa acepción a tortolito).

 

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Día de San Valentín

¿Cuál es el origen de la expresión ‘Manos frías, corazón caliente’?

Aunque muchos se empeñen en utilizarlo como un termómetro que mide la intensidad del amor que siente una persona por otra, la verdad es que nada tiene que ver el dicho «manos frías, corazón caliente» (ni su variante, «manos frías, corazón ardiente») con los asuntos sentimentales.

¿Cuál es el origen de la expresión ‘Manos frías, corazón caliente’?

La respuesta al origen del porqué de relacionar la temperatura de manos y corazón está estrechamente relacionada con otra de las entradas de este blog ¿Por qué nos ponemos a tiritar cuando tenemos frío?

Nuestro organismo es homeotermo y, por lo tanto, se va autoregulando para que los órganos vitales de nuestro interior se mantengan a una temperatura constante alrededor de los 37 ºC.

Cuando hace frío exterior y la sangre que circula por nuestras venas lo nota, comienza un proceso que se conoce como vasoconstricción (contraer los vasos sanguíneos, o sea, las venas) que provoca que llegue menos sangre a nuestras extremidades (pies y manos), que son las primeras partes del cuerpo que se nos enfrían cuando bajan las temperaturas.

Gracias a que las manos estén frías, nuestro órgano más vital (el corazón) se puede mantener caliente, todo un fantástico proceso fisiológico que no se sabe cómo se trasladó al campo sentimental.

Fue a raíz de esta regulación homeotérmica de nuestro cuerpo lo que dio pie a que naciese la famosa expresión ‘manos frías, corazón caliente’ que con los años comenzó a ser utilizada como un termómetro sentimental cuando en realidad tenía que ver con  la ciencia y no con el amor.

 

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Fuente de la imagen: Barry.Lenard (Flickr)

¿Cuál es el origen de la expresión ‘beber los vientos’?

¿Cuál es el origen de la expresión ‘beber los vientos’?Es habitual escuchar expresiones del tipo: Fulano bebe los vientos por menganita’ para referirse a una persona que está perdidamente enamorada de otra e incluso para señalar cuando alguien quiere conseguir algo material con ansia (‘Zutano bebe los vientos por comprarse una moto’).

El origen de la expresión ‘beber los vientos’ lo encontramos varios siglos atrás (hay constancia escrita del siglo XVII en el ‘Vocabulario de refranes y frases proverbiales y otras formas comunes de la lengua castellana’ de Gonzalo Correas) como clara referencia a los perros de caza que se utilizan en las monterías (caza mayor) y también en la caza menor.

Estos canes, conocidos como perros venteadores, al olfatear el aire para saber dónde se encuentra la presa lo hacen como si se lo estuvieran bebiendo, entrando en un estado de excitación al detectarla y provocando en el animal un ansia por darle caza, de ahí la estrecha relación entre el gesto de parecer que está bebiéndose el viento y el deseo/empeño por conseguir algo o a alguien.

Cabe destacar que en el citado ‘Vocabulario de refranes y frases proverbiales y otras formas comunes de la lengua castellana’ de Gonzalo Correas la expresión aparece originalmente como ‘Beber los vientos y los elementos’ dándole la siguiente explicación:

“Dícese de un enamorado: «bebe los vientos por fulana», y del que anda en pretensión que mucho desea.”

 

Fuentes de consulta: ‘Vocabulario de refranes y frases proverbiales y otras formas comunes de la lengua castellana’ de Gonzalo Correas / Google books / tiempo.com
Fuente de la imagen: Wikimedia commons