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Reseña del libro: ‘Mecagüen’ (palabrotas, insultos y blasfemias) de Sergio Parra

Todos sabemos soltar una palabrota o decir un insulto dirigido a alguien, pero no siempre se consigue el efecto deseado, ya que no todas las personas tenemos el don de saberlo hacer correctamente. Podemos proferir una palabra malsonante hacia alguien y ver que éste ni se inmuta y, sin embargo, hay individuos que, por su forma de hablar, intencionalidad e impostar la voz, con un vocablo aparentemente inofensivo pueden llegar a herir el amor propio de cualquiera.

Reseña del libro: ‘Mecagüen’ (palabrotas, insultos y blasfemias) de Sergio ParraY es que hasta para saber insultar o soltar un improperio hay que tener cierto talento y gracia. Quien sabe mucho sobre palabrotas, insultos y blasfemias es mi amigo Sergio Parra, uno de los divulgadores más versátiles y prolíficos de los últimos años, quien acaba de publicar un nuevo libro titulado ‘Mecagüen’ y fantásticamente editado por Vox (ojo, la famosa e importantísima editorial perteneciente al grupo Larousse y que tan maravillosos diccionarios y libros de consulta lleva publicando desde 1944).

El libro está magníficamente ilustrado por José Rubio ‘Malagón’, uno de los ilustradores y humoristas gráficos más conocidos del momento y al que también me une una sincera amistad.

‘Mecagüen’ (palabrotas, insultos y blasfemias) de Sergio Parra (ilustración Malagón)

Ilustraciones realizadas por Malagón pra el libro ‘Mecagüen’ (palabrotas, insultos y blasfemias) de Sergio Parra (Editorial Vox)

Mecagüen es mucho más que un simple libro donde se recopilan centenares de palabras malsonantes; es un cuidadísimo ensayo en el que el autor nos habla del insulto, el acto de blasfemar o las palabrotas desde diferentes variantes: desde la sociológica, la cultural, por grupo de personas, géneros, países, épocas…

Sergio Parra es uno de esos divulgadores que saben explicar casi cualquier concepto y tema, por muy complejo que sea, de una manera fácil y entendible. Además, he de añadir que, con este libro lleno de improperios y palabras malsonantes, consigue que nadie se sienta molesto a la hora de leerlo (evidentemente, sin tener en cuenta a los ‘ofendiditos profesionales o de carrera’, que ya llevan, en su ADN, eso de mosquearse por cualquier cosa).

Como tipo curioso que soy (en todos los sentidos), siempre que leo algún nuevo trabajo de Sergio Parra aprendo un buen número de datos, desconocidos para mí, los cual me proporciona abundante material y, sobre todo, me inspira para futuros posts. Estoy seguro que a vosotros también os sorprenderá el descubrir todo lo que se esconde detrás de todos esos vocablos, sus orígenes y usos.

Tal y como apunta Sergio, el soltar en un momento dado un exabrupto puede llegar a ser incluso hasta terapéutico. Liberamos a través de la palabrota la tensión acumulada (al igual que nos ayuda el llorar de emoción, tanto cuando estamos tristes como eufóricos). También hay que destacar que, a veces, podemos decir una palabra normal y llegarla a convertir en un hiriente insulto, según nuestro tono o intención (por ejemplo, decirle a alguien que es un crack o un genio cuando ha hecho un mal trabajo, tiene toda la mala intención del mundo). Eso sí, para que el insulto sea efectivo, el receptor debe ser consciente de que lo estamos intentando agraviar verbalmente. También hay términos qué según cómo se digan y si se les añade un artículo y, según el contexto, pueden convertirse en injuriantes y humillantes: ‘el gordo’, ‘el enano’, ‘el negro’, ‘el bizco’…

El libro nos adentra en la Historia, explicándonos los orígenes de aquellos términos considerados como ‘tabú’ y que la religión se encargó en estigmatizar haciendo que se convirtieran en palabras injuriosas hacia Dios o la Iglesia (la blasfemia) e incluso con aquellas relacionadas con todo lo relacionado con el sexo.

A destacar el capítulo dedicado a la corrección política de los últimos tiempos, en los que se está tratando de sobreproteger a grupos o minorías sociales, raciales, de diversidad sexual, etc, ha provocado que muchas de las expresiones que se han estado utilizando durante toda la Historia hoy en día se consideren como desafortunadas e hirientes para éstos. Un tema muy delicado pero interesantísimo.

Y no quiero destripar más sobre este fantástico libro, el cual os recomiendo que compréis y leáis, porque además de aprender muchísimas cosas que quizá desconocías disfrutaréis enormemente de él (como ha sido mi caso).

Esta no es la primera vez que publico una reseña o recomendación en este blog sobre alguno de los libros de Sergio Parra (si no me falla la memoria, con este son siete los libros de los que he escrito). Aparte de la gran amistad que nos une debo destacar la gran admiración que siento por él y estoy deseando que llegue el día en el que podamos realizar alguna colaboración conjunta. También debo agradecerle a Sergio el haberme incluido y citado como fuente de consulta.

 

 

‘Mecagüen’ (palabrotas, insultos y blasfemias) de Sergio Parra
Editorial: VOX
ISBN: 9788499743172
https://www.vox.es/libro/mecaguen-palabrotas-insultos-y-blasfemias/

 

 

Podéis leer otras reseñas y recomendaciones de los libros de Sergio Parra, que he publicado en este blog, en el siguiente enlace: http://bit.ly/2JpVWs6

¿De dónde proviene el término ‘insultar’ para referirse al agravio verbal que se realiza contra alguien?

Se conoce como ‘insultar’ a la acción de agraviar a una persona utilizando palabras hirientes y descalificaciones, con el objetivo de dañar tanto su reputación como anímica y personalmente.

¿De dónde proviene el término ‘insultar’ para referirse al agravio verbal que se realiza contra alguien?

 

Etimológicamente proviene del latín ‘insultāre’ de igual significado y que nacía de la unión del prefijo ‘in-‘ (hacia adentro) y el vocablo ‘saltus’ (saltar) teniendo originalmente el significado literal de ‘asaltar’ o ‘saltar sobre alguien’.

Pero este salto o asalto no se refería a la acción física de dar un brinco, sino al gesto que se realiza de echar el cuerpo hacia adelante cuando, en una discusión, se gritan improperios, injurias u ofensas contra un oponente. Ese característico gesto que hace pensar que durante una disputa uno va a saltar sobre el otro mientras le suelta lindezas de todo tipo es lo que originó el uso del término latino insultāre y que llegó al castellano como insultar (insulte en francés; to insult en inglés).

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

‘Argumento ad hominem’: recurrir a la descalificación cuando no se está de acuerdo con alguien

'Argumento ad hominem' recurrir a la descalificación cuando no se está de acuerdo con alguien (Mercedes Milá y JM Mulet)

Numerosos son los ejemplos que, casi a diario, podemos ver en cualquier medio de comunicación o red social en el que, en el trascurso de un debate o discusión, una de las partes ataca al contrario (o a un tercero) utilizando argumentos con los que intenta desacreditarlo, ya sea por su aspecto personal, género, rasgo físico, opción sexual, nacionalidad, cultura o religión.

Esto es conocido como ‘Argumento ad hominem’ que, traducido del latín, significa ‘Argumento contra el hombre’ (la persona) y se trata de una de las falacias más famosas y utilizadas en múltiples discusiones cuando una de las partes en lugar de rebatir lo que la parte contraria dice y argumentar su postura con algo demostrable que le dé la razón lo que hace es ofender al contrincante.

No solo es utilizado en discusiones, sino que en cualquier conversación entre dos personas conocidas una de ellas en un momento dado no esté de acuerdo con algo de lo que expresa la otra y traté de tener razón con ese tipo de falacia.

Algunos ejemplos prácticos:
Los niños pequeños quitan mucha libertad / Tú que sabrás si no tienes hijos
Deberías tomar algo para la alopecia / Y me lo dice uno que parece una bola de billar
Pues a mí me parece una chica monísima / Pero si tú eres homosexual, qué vas a saber de mujeres

Uno de los casos de ‘Argumento ad hominem’ que más ha dado que hablar en los últimos días es el que tuvo lugar la noche del pasado domingo 5 de marzo en el programa Chester in love que presenta Risto Mejide en el canal Cuatro.

El programa de ese día llevaba por título ‘Life’ y la primera invitada (entrevistada) fue Mercedes Milá, gran defensora desde hace unos años de ‘La enzima prodigiosa’ del japonés Hiromi Shinya, un libro sobre una supuesta ‘dieta milagro’ que ha vendido más de dos millones de ejemplares pero ha sido muy criticado por la mayor parte del colectivo científico.

Risto Mejide, buen experto en proporcionar momentos de gran audiencia en los programas en los que trabaja, conociendo el carácter y talante de Mercedes Milá (a la que se le calienta la boca con facilidad, tal y como ha demostrado en otras entrevistas), llevó al plató a José Miguel Mulet (@jmmulet) profesor titular de biotecnología (área de bioquímica y biología molecular) en la Universidad Politécnica de Valencia (entre otras muchas cosas) además de amigo personal mío (de quién he recomendado varios de sus libros en este blog) y gran experto en el tema, quien argumentó, entre otras cosas:

‘No existen enzimas prodigiosas, no hay ninguna enzima madre que se vaya convirtiendo en otras enzimas y no hay alimentos que contengan enzimas’

La respuesta de Mercedes Milá fue un ataque directo a José Miguel Mulet utilizando la táctica del ‘Argumento ad hominem’:

‘Lo primero que te digo es que te leas el libro y adelgaces porque estás gordo’

Una respuesta que ha generado mucha polémica en las redes sociales y medios de comunicación y que quedará como uno de los argumentos ad hominem más famosos de los últimos años.

A continuación podéis visionar el vídeo con ese momento

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Este post, tres horas después de ser publicado, ha conseguido convertirse en la ‘noticia más viral en español’ en twitter

Fuente de la imagen: Captura vídeo Cuatro.com

¿De dónde surge el término ‘cuchichear’?

¿De dónde surge el término ‘cuchichear’?Al acto de hablar en voz baja o al oído a alguien y de modo que otras personas no se enteren de lo que se dice se le llama ‘cuchichear’. El origen etimológico del término lo encontramos en ‘cuchichí’ que es como se le conoce al canto que realiza una perdiz.

Tal y como señala el Diccionario de la RAE, cuchichí es una voz onomatopéyica, debido a que este ave parece repetir dichas sílabas en el momento que se comunica.

Y fue precisamente el modo en que tiene la perdiz para comunicarse, conocido como ‘chuchichiar’, lo que propició el término que utilizamos como referencia a aquel que hablar en voz baja, como si estuviera contando un secreto o un cotilleo. Una vez introducido este vocablo en el lenguaje popular perdió rápidamente la primera hache como forma mucho más sencilla en su pronunciación.

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia Commons

¿De dónde proviene la expresión ‘Calumnia, que algo queda’?

¿De dónde proviene la expresión ‘Calumnia, que algo queda’?

Hoy en día es sumamente fácil calumniar a alguien a través de la prensa amarilla o las redes sociales y crear toda una controversia alrededor de esa persona llegando a millones de internautas en un santiamén. El problema está cuando, tras haber hecho todas esas acusaciones falsas, al realizar una rectificación ésta ya no llega a toda esa gente a la que llegó la difamación, por lo que un rastro de duda sobre la honorabilidad del afectado queda pululando en el aire. Lamentablemente, la mayoría de ocasiones esos infundios se realizan de manera premeditada y con la intención de dañar la imagen de alguien.

A esta práctica se la conoce comúnmente como ‘Calumnia, que algo queda’. Como expresión llegó hasta nosotros a través del filósofo y escritor inglés Francis Bacon en su obra, de 1625, ‘De la dignidad y el crecimiento de la ciencia’ (De Dignitate et Argumentis Scientiarum) en la que aparece en la manera: ‘Calumniad con audacia; siempre quedará algo’.

Aunque en realidad, la expresión recogida por Bacon no era más que un antiquísimo dicho popular en latín: ‘Calumniare fortiter aliquid adhaerebit’ (La calumnia se adhieren fuertemente algo) que él había adaptado en su mencionado libro.

Posteriormente, en la obra de teatro ‘El barbero de Sevilla’ (también titulada ‘La precaución inútil’) que Pierre-Augustin de Beaumarchais escribió en 1775 aparecía en la forma ‘Calomniez, calomniez, il en reste toujours quelque chose’ (Calumnia, calumnia, siempre queda alguna cosa) y posteriormente, en 1810, la frase alcanzó el cenit de popularización tras ser incluida por el célebre compositor italiano Gioachino Rossini en su ópera ‘El barbero de Sevilla’ (basada en un libreto de Cesare Sterbini que a sus vez se basó en la obra de Beaumarchais) en la que la aria de la calumnia dice así:

La calunnia è un venticello,
un’auretta assai gentile
che insensibile, sottile,
leggermente, dolcemente
incomincia a sussurrar.

 

 

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Fuentes de consulta: Refranero Latino de Jesús Cantera Ortiz de Urbina / Diccionario de anécdotas, dichos, ilustraciones, locuciones y refranes de Rubén Gil / Del hecho al dicho de Gregorio Doval
Fuente de la imagen: densetsu-no-akira (deviantart)