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Media docena de curiosos términos que hacen referencia a tonalidades de colores (I)

Muchos son los colores que conocemos y las diferentes tonalidades que presentan. A menudo nos referimos a estos por alguno de sus rasgos, colocándole tras el nombre genérico alguna coletilla (por ejemplo: azul claro, verde oscuro, amarillo brillante, gris apagado, rosa chillón…). En realidad la mayoría de ellos tienen una palabra concreta con la que referirse al mismo, motivo por el que en este post te traigo una primera (de varias entradas) con media docena de curiosos términos que hacen referencia a tonalidades de colores.

Media docena de curiosos términos que hacen referencia a tonalidades de colores (I)

Albahío: Blanco amarillento. Término que proviene del árabe andalusí ‘albahí’, cuyo significado era ‘resplandeciente’.

Albugíneo: Enteramente blanco. Del latín ‘albūgo’ que significaba ‘mancha blanca’.

Cerúleo: Azul claro, semejante al del cielo despejado o el de la alta mar (comúnmente conocido como ‘azul cielo‘ o ‘azul mar‘). Etimológicamente procede del latín ‘caeruleus’, de exacto significado y este derivaba de ‘caelum’ (cielo).

Coccíneo: Púrpura. Del latín ‘coccineus’ y éste de ‘coccĭnum’, el cual hacía referencia a ‘grana’ (rojo tirando a morado).

Flavo: De color entre amarillo y rojo, como el de la miel o el del oro. Del adjetivo latino ‘flavus’ que significaba ‘brillar’.

Leucofeo: De color gris o ceniciento. Llegó al castellano desde el latín ‘leucophaeus’ (de exacto significado) y este lo tomó del griego ‘leukóphaios’, formado por ‘leukós’ (blanco) y ‘phaiós’ (oscuro)

 

 

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Fuente de la imagen: piqsels

¿Sabes qué es un ‘celícola’?

En la antigüedad se tenía el convencimiento que los reyes, emperadores y todas aquellas personas con un don especial provenían directamente del cielo (eran enviados de los dioses, como era el caso de los ángeles), por lo que se acuñó un término  para hacer referencia a estos.

¿Sabes qué es un ‘celícola’?

Se trata del vocablo ‘celícola’, forma que a los autores clásicos les gustaba utilizar para referirse de una manera poética a aquel que provenía del cielo o era celestial.

Su origen es el término latino ‘caelicola’, que se traduce como ‘habitante del cielo’ y etimológicamente proviene de la unión de ‘caelum’ (cielo) y el sufijo ‘-cŏla’ (utilizado para hacer referencia a un habitante o procedencia de éste).

Cabe destacar que la creencia sobre la procedencia celestial de reyes y emperadores también fue lo que originó el mito de que estos tenían la sangre azul, tal y como ya expliqué en otro post hace unos años: Destripando mitos: La ‘sangre azul’ de los reyes no proviene del color de las venas sino de una referencia al cielo.

 

 

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Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [6]

Sexta entrega de esta serie de post dedicados a traeros un buen puñado (de docena en docena) de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban en realidad o que conocías con otro nombre muy distinto.

Espero que la selección de palabras que he hecho en esta ocasión sea de vuestro agrado, al igual que ocurrió con las veces anteriores.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Pedrada

 

Pedrada: Una pedrada no solo es la acción de arrojar con impulso una piedra, sino que también es el término con el que se conocía al típico lazo que se ponían algunas mujeres como adorno a un lado de la cabeza

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Mentira

Mentira: Al igual que el término anterior, esta también es una palabra polisémica (que tiene varios significados). En este caso el vocablo no se refiere a algo que no es verdad (aunque tiene cierta relación) sino que es el modo con el que se conoce a las típicas manchitas de color blanco que aparecen en la uña. Se llama de este modo ya que antiguamente se tenía la creencia de que salían cuando alguien decía algún embuste. Ojo, no confundir estas manchitas con las medias lunas que aparecen en las uñas, esas se llaman ‘lúnulas’.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Filandón

 

 

Filandón: Se trata de la típica reunión en la que varias mujeres se sientan en corrillo o una junto a otra frente a la puerta de sus casas y van comentando asuntos vecinales mientras cosen.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Cerúleo

Cerúleo: Es el modo con el que antiguamente se referían a alguna cosa que tenía el color del cielo, ya que de este término proviene su etimología. Aunque originalmente no se utilizaba para el color azul (ya que abarcaba todas las tonalidades de colores que podía observarse en el cielo) con el tiempo ha acabado usándose para referirse a una tonalidad concreta.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Rebaba

 

Rebaba: La rebaba es aquella porción de elementos que sobresalen por los bordes: por ejemplo de un bocadillo o el cemento que queda saliente entre dos ladrillos.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Trechear

 

 

Trechear: Se trata de la acción de trasportar/llevar algo normalmente pesado (una caja, las bolsas de la compra…) e ir parando cada pocos metros para descansar (hacerlo de trecho en trecho).

 

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Bigornia

 

 

Bigornia: Es el típico yunque con una punta en cada lado y sobre la que trabaja un herrero.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Garabato

 

Garabato: De nuevo otra palabra polisémica. Conocemos como garabato a ese dibujo o escrito hecho rápidamente o de cualquier manera. Pero el garabato al que me refiero en este post es al gancho (comúnmente con forma de ese) que se utiliza para colgar algo (por ejemplo las piezas de carne).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Pihuela

 

 

Pihuela: Conjunto de cadenas o grilletes con los que se sujeta a un prisionero. También es el nombre de la correan con la que se sujeta las patas de algunas aves en la cetrería (por ejemplo un halcón).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Cascarria

 

Cascarria: También escrito ‘cazcarria’, se trata del barro seco que queda en los bajos de los pantalones tras pisar un charco de fango.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Trasijado

 

 

Trasijado: Persona que está excesivamente flaca. Que está en los huesos.

 

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Zarcillo

 

Zarcillo: Un zarcillo, además de ser un pendiente de los que se ponen en las orejas, también es el tallo que sale de ciertas plantas y que le sirve para sujetar y trepar por alguna superficie

 

 

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¿Cuántas estrellas se ven a simple vista al mirar el cielo?

¿Cuántas estrellas se ven a simple vista al mirar el cielo?

Cualquier estrella que veamos a simple vista pertenece al vecindario que ocupamos en nuestra galaxia, la Vía Láctea.
Nuestra galaxia tiene unas 200.000 millones de estrellas, pero la fracción que podemos ver es mínima dada la pobre sensibilidad de nuestra vista.
Son muchos los factores que influyen en el número de estrellas que podemos ver a simple vista.
Por enumerar algunos:
La sensibilidad de nuestros ojos, la contaminación lumínica, la climatología, la parte del cielo que podemos ver en cada momento, si hay Luna y lo brillante que ésta sea, etc. De manera ideal (digamos un astronauta flotando en el espacio), el número de estrellas que podría ver dependerá sólo de la sensibilidad de su vista. A medida que vamos a estrellas más débiles, el número aumenta exponencialmente. Si podemos llegar a ver estrellas de magnitud 5, el número aproximado
será de unas 1.800 estrellas, mientras que si nuestra vista es magnífica y podemos ver hasta magnitud 7, podríamos alcanzar a ver unas 16.000 estrellas. Normalmente podemos llegar a ver hasta magnitud 6, lo que representa unas 5.000 estrellas en todo el cielo. Pero ¡ojo!, desde tierra sólo podemos ver la mitad que está sobre el horizonte, alrededor de 2.500. Además, la extinción atmosférica ocultará las estrellas más débiles a medida que nos acercamos al horizonte.
Por tanto, en un lugar privilegiado como puede ser el Observatorio del
Roque de los Muchachos, en la isla de la Palma – a 2.400 metros de altitud, donde existe una Ley de Protección del Cielo desde hace 20 años y la contaminación lumínica es mínima, con tiempo despejado y sin Luna- es posible que podamos ver alrededor de 1.500 estrellas.
Si nos vamos a un pueblo, puede que tan sólo podamos ver unas 300 equivalente a magnitud límite 4), y desde una ciudad muy iluminada, el número de estrellas puede ser entre ninguna (…eso que parece una estrella brillante es un planeta) y un par de docenas. Por ejemplo, hasta magnitud 3, existen una 100 visibles; y hasta magnitud 2, unas 30.

 

 

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Agradecimientos al Dr. Alfred Rosenberg González, profesor del Instituto de Astrofísica de Canarias por su amable colaboración para la realización de este post.

Fuente de la imagen: chandl3r (Flickr)