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¿Cómo sabe una ‘paloma mensajera’ dónde tiene que ir?

Muchas son las películas (sobre todo bélicas o de espionaje) en las que aparece una escena en la que se envía un mensaje a través de una paloma. Ésta recorre un largo camino para finalmente entregar a su destinatario el microfilm que será vital para el desenlace de la historia.

Pero claro, nos mostraban esa emocionante escena pero no nos explicaban cómo sabía la paloma cuál era el destino al que debía llevar el importante mensaje… muy sencillo: porque volvía a su ‘casa’.

De hecho, las palomas mensajeras no son lanzadas y enviadas a cualquier destino, sino que la técnica está en que han sido criadas en un palomar determinado y cuando las sueltan es desde otro punto y éstas lo que hacen es regresar al lugar donde han vivido y sido criadas.

Evidentemente esta es la respuesta sobre porqué saben dónde deben ir, pero la otra gran incógnita es cómo saben por dónde y cuál es el camino que deben tomar para llegar a un punto geográfico que se encuentra lejísimos.

El porqué de esa perfecta orientación, a pesar de tener que recorrer centenares de kilómetros, es un misterio no resuelto incluso para los expertos, aunque un gran número apuntan hacia la magnetita contenida en el pico de las palomas, que convierte a éste en una especie de brújula que percibe el campo magnético terrestre.

Algunas pruebas realizadas dan respuestas tan curiosas como que tapando el ojo izquierdo de la paloma está se orienta perfectamente, mientras que si el que se tapa es el derecho su orientación deja de ser exacta, pudiendo llegar a perderse en más de una ocasión.

La posición del sol y que haya un día de cielo despejado también es argumento fundamental para los expertos; aunque esto se contradice con algunos casos de palomas que han sabido encontrar perfectamente su destino durante la noche o en días totalmente nublados.

El reconocimiento del terreno por el que sobrevuelan (memoria topográfica), tal y como realizan las aves migratorias, también es de gran ayuda para que la paloma encuentre el punto exacto al que tiene que llegar.

 

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¿Por qué la aguja de una brújula apunta siempre al norte?

En el año 800 a.C., los griegos extraían un imán natural, calamita, en la provincia de Magnesia (hoy parte de Turquía), de donde proviene la palabra magneto. Los antiguos chinos usaban imanes hace 2.000 años. Griegos y chinos sabían que la calamita, un tipo de hierro conocido como magnetita, posee una fuerza notable, y que dos piezas que se acercan se juntan repentinamente, cambiando en ocasiones de posición para mantenerse unidas.

Los chinos descubrieron que un fragmento de calamita que se mueva dentro de un círculo, siempre apuntará en una dirección determinada. Es probable que hayan hecho la primera brújula en el siglo I d.C. al balancear un trozo de calamita sobre un tablero suave. Este instrumento no fue usado para la navegación sino para adivinar la suerte.

La muestra más antigua que se tiene de brújulas marinas procede de siglos posteriores. En 1180 el erudito inglés Alexander Neckam mencionó su uso. En 1269 un ingeniero militar francés, llamado Petrus Peregrinus, describió cómo podía imantarse un trozo de alambre de hierro al frotarlo con calamita. Cuando se colocaba en un trozo de madera flotante, siempre apuntaba nortesur.

Casi al mismo tiempo, los chinos imantaron láminas de hierro, las cortaron en forma de peces y las pusieron a flotar en agua. Los marinos se guiaban por burdas brújulas, poniendo una pieza de hierro imantado en un corcho flotante. No cabe duda que la brújula magnética ayudó a los grandes exploradores del siglo XV, aunque las brújulas flotantes no eran muy confiables, sobre todo en mar abierto. Los siguientes 200 años se logró la brújula seca, que tenía un disco montado en una aguja, y más tarde las brújulas se suspendieron de soportes que las mantenían en posición horizontal.

La aguja de una brújula, ya sea de calamita o de acero, es un imán que reacciona a las leyes de atracción y repulsión magnéticas. El polo norte de una barra imantada atrae el polo sur de otra: polos iguales se repelen, polos opuestos se atraen. Cuando la aguja de una brújula apunta al norte, reacciona al magnetismo de la Tierra, provocado por los movimientos del líquido exterior del núcleo del planeta. Ambos polos magnéticos de la Tierra tienen nombres erróneos.

De acuerdo con las leyes del magnetismo, el polo norte de una brújula apunta al polo magnético sur, no al norte, pero en la actualidad mucha gente está de acuerdo en que volver a darles nombres crearía confusión. Ésa es la razón por la que muchos científicos llaman a los extremos opuestos de la aguja de una brújula los polos de búsqueda del norte y del sur. Debido a que los polos geográficos y magnéticos de la Tierra están en distintos lugares, una brújula en realidad no apunta al verdadero norte, algo que los chinos ya conocían alrededor del año 1050.

El polo magnético norte, al noroeste de Canadá, se encuentra a 1.600 km del polo geográfico. En algunos lugares, este error, conocido como la variación magnética, no tiene gran importancia. Desde el ecuador, por ejemplo, ambos polos darían la impresión de estar demasiado juntos. En el Ártico o en la Antártida, sí reviste suma importancia, y los viajeros se extraviarían si hicieran caso omiso de la diferencia.

 

(Del libro “El mundo y sus porqués” de Selecciones Reader’s Digest ) En respuesta a una pregunta realizada vía e-mail por Marc Cram