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El despiste de Alfonso XII que convirtió a la villa de Cáceres en ‘ciudad’ [Anécdota]

El despiste de Alfonso XII que convirtió a la villa de Cáceres en ‘ciudad’ [Anécdota]El 8 de octubre de 1881, durante la inauguración de la línea férrea que unía las capitales de Madrid y Lisboa, con paso por Cáceres, el rey Alfonso XII tuvo un despiste a la hora de pronunciar unas palabras, en las que vitoreó a la ciudad de Cáceres.

Rápidamente fue advertido de su error, ya que no era ciudad sino villa, a lo que el monarca muy digno contestó:

«Pues desde hoy es ciudad»

Y así fue, ya que pocos meses después, el 9 de febrero de 1882, Alfonso XII ratifico sus palabras y nombró oficialmente ciudad a la hasta entonces villa de Cáceres.

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

Diez curiosas anécdotas del mundo militar

Nueva entrega de la serie de curiosas anécdotas protagonizadas por diferentes colectivos. Hasta el momento publicado sobre filósofos, matemáticos, pintores , físicos, monarcas,  políticos 1 y 2 y escritores 1 y 2.

En la entrada de hoy os traigo anécdotas relacionadas con el mundo militar. Espero que sean de vuestro agrado y tenga la misma acogida que los posts anteriores.

 

El General Patton y las trincheras

El General George S. Patton nunca se dejó estremecerse por los bombardeos. Era un militar firme y odiaba a los soldados cobardes, molestándole de manera exagerada que sus hombres al mando se refugiaran y/o pusieran a cubierto, incluso en un fuerte bombardeo.

Cierto día, durante la Segunda Guerra Mundial, se encontró con el Mayor General Terry Allen que estaba al cargo de un campo de batalla plagado de trincheras.

«Allen ¿usted tiene una trinchera también?» pregunto Patton.

«Sí, señor» respondió Allen, señalando «Justo ahí»

Sin mediar palabra alguna, Patton se acercó a la trinchera, bajó sus pantalones y orinó en ella.

 

El toque de queda del Virrey

El Virrey de Perú Ambrosio O’Higgins, de origen irlandés pero al servicio de la Corona española, dispuso de un toque de queda a partir de las 10 de la noche con tal de erradicar los escándalos nocturnos. Todo aquel que circulase por la calle a partir de esa hora tendría que ser arrestado y llevado al calabozo. Para ello se formó cinco guardias con un Capitán al mando de cada una.

Las órdenes del Virrey eran muy claras:

«Quiero que la justicia sea igual para todos. Ténganlo bien presente. Después de las diez de la noche… ¡A la cárcel todo ser viviente!»

La primera noche quiso comprobar la efectividad del servicio y salió a pasear. Se cruzó con cuatro guardias que tras reconocer al Virrey lo dejaban continuar con su paseo pero al toparse con la quinta fue parado y arrestado.

Al día siguiente se le preguntó al Capitán al mando de la guardia que condujo al Virrey hasta el calabozo del porqué no lo dejó marchar como hicieron sus compañeros y él contestó:

«La ley es la ley y yo cumplía órdenes. El Virrey dijo que a la cárcel todo ser viviente que anduviese por la calle a partir de las diez»

Los cuatro capitanes que por respeto no lo habían arrestado quedaron destituidos. La quinta ronda obtuvo un reconocimiento por su meritoria labor.

 

Puros en buena compañía

El conde Gottlieb Graf Von Haeseler, general del ejército prusiano, era un gran fumador de puros olorosos. En cierta ocasión, se encontraba en la sala de espera del tren fumándose uno de sus cigarros puros cuando entró en la habitación otro pasajero.

Molesto por el fuerte olor del tabaco del conde, sacó uno de sus cigarros y se lo ofreció diciéndole:

«No hay nada mejor que fumarse uno de estos en buena compañía»

Von Haeseler lo cogió, se lo guardó en su pitillera y siguió con su puro.

«¿Por qué no lo enciende?» le preguntó extrañado

«Esperaré, como usted bien dice, a encontrarme en buena compañía»

 

La suegra de Foch

El mariscal francés Ferdinand Foch, Comandante en jefe de los ejércitos Aliados durante la Primera Guerra Mundial, visitaba el Gran Cañón del Colorado junto a un coronel norteamericano que actuaba de guía y acompañante.

Se pararon al borde del abismo y, cuando todos esperaban unas palabras memorables, el mariscal respiró hondo y sentenció:

«¡Ah, espléndido lugar para despeñar a la suegra de uno!»

 

Klemens Von Metternich y las bayonetas

Estaba el estadista austriaco, Klemens Von Metternich, debatiendo sobre estratagemas de guerra con Napoleón Bonaparte cuando éste le gritó:

«¡Con bayonetas puede hacerse de todo!»

A lo que Metternich respondió con frialdad:

«Todo señor, menos sentarse encima»

 

Con la autoridad de George Washington

En plena Guerra de la Independencia, George Washington envió a sus oficiales a requisar los caballos de los terratenientes locales. Llegaron a una vieja mansión y cuando salió su anciana dueña le dijeron:

«Señora, venimos a pedirle sus caballos en nombre del Gobierno»

«¿Con qué autoridad?» replicó la mujer

«Con la del General George Washington, comandante en jefe del ejército americano»

La anciana sonrió y zanjó el tema:

«Váyanse y díganle al general Washington que su madre dice que no puede darle sus caballos»

 

Balas como Moscas

La Guerra de los Siete Años fue una serie de conflictos internacionales desarrollados entre 1756 y 1763, para establecer el control sobre Silesia y por la supremacía colonial en América del Norte e India. Tomaron parte por un lado Prusia, Hannover y Gran Bretaña, junto a sus colonias americanas y su aliado Portugal tiempo más tarde; y por otra parte Sajonia, Austria, Francia, Rusia, Suecia y España, esta última a partir de 1761.

Un día, los austriacos lanzaron un terrible ataque que desbarató por completo las filas lideradas por Federico el Grande.

Las balas silbaban con tanta insistencia en torno al rey de Prusia que uno de sus generales, Serbelloni, intentó calmarlo diciéndole:

«Tranquilo señor, ¡solo son moscas!»

Pero el monarca le matizó:

«Sí, pero éstas son de las que pican»

 

Canas por culpa de un susto

En cierta ocasión estaba el rey Alfonso XII departiendo con un grupo de militares cuando se fijo que entre el grupo había un coronel de aspecto juvenil pero que sin embargo tenía todo su cabello de color blanco.

Este le explicó al monarca que el motivo de su prematuro pelo blanco fue a consecuencia de un susto que se llevó  durante la campaña de Joló en Filipinas, donde fue atacado por un caimán mientras cruzaba un rio y, aunque pudo salir ileso, el shock le provocó que se le tiñese el cabello de ese color.

Años después, durante un desfile militar el rey volvió a encontrarse con el joven militar, que esta vez lucia un frondoso cabello de color caoba, a lo que Alfonso XII le preguntó:

«Coronel… ¿le ha vuelto a morder un caimán?»

 

Reparto de condecoraciones sin ton ni son

Se quejaban algunos militares  a Otto Von Bismark de la ligereza con la que se estaba concediendo la condecoración de la ‘Cruz de Hierro’ a cualquier persona, durante la guerra franco-prusiana de 1870. Entre ellos se encontraba un príncipe germano que era uno de los que más protestaban, a lo que el estadista se le acercó y le dijo:

«Excelencia, tendrán que ser condecorados aunque sólo sea por motivos decorativos o de protocolo. Piense que, después de todo, tanto usted como yo ya la tenemos»

 

Los verdaderos motivos de la guerra

Robert Surcouf, corsario francés al servicio de Napoleón I, se encontraba debatiendo con un oficial británico de la Royal Navy sobre el papel de cada país en un conflicto armado.

En un momento de máxima excitación durante la discusión el inglés espetó:

«En el fondo, lo que nos distingue es que nosotros nos batimos por el honor y vosotros por el dinero…»

«Pues sí. Cada uno lucha por lo que le hace falta» contestó el francés.

 

 
Fuentes y más anécdotas

Algunas curiosidades sobre la vida de Isaac Albéniz

En 2010 se cumplió el 150 aniversario del nacimiento de Isaac Albéniz (1860-1909) uno de los más pródigos y celebres compositores españoles.

A pesar de su corta vida (49 años) su obra es extensa e internacionalmente conocida.

Nació en la gerundense población de Camprodón y aprendió a tocar el piano de muy pequeño gracias a las lecciones que le impartió su hermana.

A los cuatro años de edad dio su primer concierto en el Teatre Romea de Barcelona.

Su padre, funcionario de profesión, era trasladado con mucha asiduidad de localidad, recorriendo en muy pocos años gran parte de la península. La incursión en política de su progenitor hará que éste sea sancionado sin empleo en varias ocasiones.

En 1875 su padre es destinado a Puerto Rico donde es nombrado “Interventor general de correos”.

Isaac Albéniz comienza a dar sus recitales en el continente americano, hasta que un año después a su padre vuelven a sancionarlo y pierde de nuevo el empleo.

Regresan a Madrid y la fama como pianista de Albéniz ya ha llegado hasta la capital de España.

A los 16 años (1876), Alfonso XII le concede una beca y se marcha a estudiar al Conservatorio Real de Bruselas y allí se marcha Albéniz a perfeccionar sus estudios de piano y solfeo.

A partir de ahí, Isaac toma su propio camino al margen de su familia y empieza a codearse con lo más selecto del ámbito musical europeo.

Su carrera empezó a despuntar siendo un prolífico y admirado compositor.

El Modernismo le pilló de lleno y se dejó influenciar por esta corriente tan de moda en la Cataluña de finales del siglo XIX.

En 1893 decide trasladarse a vivir a París tras un periodo en el que había estado residiendo en Londres. En la capital francesa conoce a un rico banquero inglés (Francis Money-Coutts) que le hará una suculenta oferta económica para musicar unos poemas que éste mismo había escrito.

Albéniz aceptó el encargo y por ello recibió una buena suma que le permitiría vivir cómodamente, aunque el encargó no le resulto (musicalmente hablando) tan atractivo e inspirador como el compositor creía.

El estado de salud de Isaac Albéniz comenzaba a deteriorarse, sintiéndose cada vez más cansado y enfermo.

A pesar de su precario estado de salud seguía componiendo y reuniéndose con sus colegas y amigos.

Una de las últimas visitas que recibió fue la de su gran amigo Enric Granados, el día en que éste fue a dar la noticia de que habían conseguido que el gobierno francés le concediese a Isaac Albéniz la Gran Cruz de la Legión de Honor.

Poco después fallecería a causa de una Nefritis (inflamación del riñón) a la edad de 49 años.

Como curiosidad, Alberto Ruiz-Gallardón y Cécilia Sarkozy, primera esposa del ex-presidente de la República francesa Nicolas Sarkozy, son bisnietos de Albéniz.

 

Lee y disfruta de más anécdotas e historias curiosas como esta en el apartado Anecdotario de este blog

 

Fuentes y más información: Wikipedia / Gaudiallgaudi / macmcclure

La anécdota del republicano que se convirtió en ‘proveedor de la Casa Real’

Conocidas fueron las promiscuidades del rey Alfonso XII.

En cierta ocasión esas prácticas amatorias lo llevaron a tener un idilio con la joven y bella hija de un lechero de la capital. Como en esa época era habitual que las empresas que suministraban productos a la Casa Real recibiesen el distintivo de “Proveedor de la Casa Real”, el lechero no quiso ser una excepción, a pesar de no suministrarles precisamente leche.

El propietario de la vaquería consideró que había aportado bastante para lucir el distintivo identificador y lo colocó.

La paradoja es que el establecimiento en cuestión se llamaba “Vaquería del Republicano” y que, en consecuencia, el rotulo ponía:

Vaquería del Republicano
Proveedor de la Casa Real

Tomado y traducido del libro:
Els Borbons en pilotes
(Varios autores)
ISBN 978-84-9791-051-4
Cossetània Edicions