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¿Sabías que decimos incorrectamente la expresión ‘quedar en aguas de borrajas’?

¿Sabías que decimos incorrectamente la expresión ‘quedar en aguas de borrajas’?

Quién no ha escuchado o dicho en alguna ocasión una frase del tipo: ‘Estaba esperanzado en conseguirlo pero al final todo ha quedado en agua de borrajas’. Estas expresiones suelen utilizarse para referirse a aquello que finalmente no ha salido como uno esperaba y a un desenlace que ha resultado ser decepcionante (cuando las expectativas eran buenas).

Se dice que su significado se debe a lo insípida que resulta la infusión de la planta de la borraja, la cual se utilizaba desde la antigüedad como remedio para hacer sudar (sudorífica). También se tenía la vieja creencia (y superstición) de que si se una mujer pisaba una hoja de borraja quedaría embarazada.

Pero en realidad, por muchas veces y tiempo que llevemos escuchando la frase ‘quedar en aguas de borrajas’, ésta no es del todo correcta y con los años ha variado de como realmente se decía en sus orígenes.

Inicialmente  la hierba utilizada para esta expresión era la ‘cerraja’, una planta semejante a una lechuga silvestre (así la definía el Diccionario de Autoridades de 1729) cuyas propiedades de las hojas, flores o jugo lechoso se aplicaba como estimulante del apetito, el tratamiento de la ascitis o para trastornos hepáticos (entre otros). Pero sin embargo su agua infusionada resultaba insulsa y sin propiedades, de ahí que, originalmente, la expresión fuese ‘quedar en agua de cerrajas’: esta agua en comparación a los atributos del resto de la planta se quedaba en nada.

Sebastián de Covarrubias en su ‘Tesoro de la lengua castellana o española’, de 1611, ya menciona el ‘agua de cerrajas’ como sinónimo de algo que no llega a buen término.

Muchos son los lexicógrafos que culpan a una corrupción de la expresión cuando ésta pasó de ser utilizada en los ambientes rurales a las poblaciones más grandes e importantes, siendo prácticamente desconocida la cerraja y mucho más común la borraja, por lo que se adoptó este término para aplicárselo a la frase. El propio José María Iribarren en ‘El porqué de los dichos’ alude al provincialismo a la hora de haber modificado el modismo para que les resultase mucho más fácil fonéticamente a la hora de decir y recordar.

Para finalizar, cabe destacar que la propia web del Diccionario de la Rae redirige a ‘agua de cerrajas’ cuando se realiza la búsqueda ‘agua de borrajas’.

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

Fuentes de consulta: Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias / ‘El porqué de los dichos de José María Iribarren / Diccionario de Autoridades de 1729 / cvc.cervantes / Diccionario de la Rae
Fuente de la imagen: Wikimedia commons

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [2]

Días atrás publicaba el post ‘Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban’ el cual alcanzó un gran éxito de lectura y muchos fueron quienes lo compartieron en sus redes sociales.

Haciendo caso a varias peticiones que he recibido a través de los diferentes medios de contacto, en el post de hoy os traigo una segunda entrega con otra docena de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban, el cual espero sea de vuestro agrado, al igual que ocurrió la vez anterior:

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Chicote

 

Chicote:

A muchos os vendrá a la cabeza el popular chef y presentador de televisión Alberto Chicote, pero, en este caso, un chicote es el nombre que se le da a la colilla de un cigarro puro

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Zorongo

 

Zorongo:

Nombre que recibe el característico pañuelo doblado (en forma de venda) que llevan en la cabeza en los baturros (aragoneses rústicos, como los define el Diccionario de la RAE)

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Guedeja

 

Guedeja:

Es la melena del león. También se le llama así a las melenas muy largas en general

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Baceta

 

Baceta:

Son aquellas cartas (naipes) que se quedan en un montón y sin repartir (también llamada baza)

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Dilúculo

 

Dilúculo:

La última parte en la que se divide la noche. Es justo el momento anterior al que va a asomar el primer rayo de Sol.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Boquerel

 

Boquerel:

Es la pieza que se encuentra en la manguera de un surtidor de gasolina la cual agarramos y  apretamos el gatillo para que salga el combustible

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Sicote

 

Sicote:

La mugre que se acumula en el cuerpo (sobre todo en los pies) por la falta de higiene y limpieza

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Bazucar

 

Bazucar:

Lo que hacemos con un vaso o cualquier otro recipiente que contiene un líquido y movemos dando giros con la muñeca con el fin de removerlo (por ejemplo el azúcar de un café cuando no tenemos cucharilla)

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Bomborombillos

 

Bomborombillos:

Es el acto de llevar a alguien montado sobre los hombros (muy típico hacérselo a toreros, deportistas o a los niños pequeños)

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Chisguete

 

Chisguete:

Se llama así al chorrito de un líquido que sale disparado con fuerza (por ejemplo el de una pistola de agua) Pero un chisguete también es pedir que te sirvan un culín de vino (un trago corto)

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Zupia

 

Zupia:

Y hablando de vino, la zupia es el poso o residuo que queda al fondo de la botella o copa

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Jareta

 

Jareta:

Es el dobladillo que llevan muchas piezas de ropa por el que se coloca y/o asoma un cordón, goma o cinta que sirve para ajustar la prenda (pantalones, sudaderas…)

 

 

 

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Fuentes de las imágenes: KS Peartree (Flickr) / medicablogs / badeendjuh (morguefile) / clipartbest / João Carlos Beneton (panoramio) / pixabay / kurtito (Flickr) / public-domain-image / vladimirteran (Flickr) / pixabay / descorchevinos Wikimedia commons

 

¿Por qué llamamos a nuestro planeta ‘Tierra’ si ¾ partes de su superficie es agua?

¿Por qué llamamos a nuestro planeta 'Tierra' si ¾ partes de su superficie es agua?En relación al post “¿Por qué al planeta Tierra también se le llama ‘mundo’?” que publiqué semanas atrás, Aarón Bautista (a través de Facebook) y Félix J Gómez (a través apartado de contacto) me consultan sobre el porqué se le llama a nuestro planeta ‘Tierra’ si ¾ partes de su superficie es agua

El término ‘Tierra’ procede del latín ‘Terra’ y éste de ‘Gea’ la Diosa, en la mitología griega, considerada la ‘madre universal’. De ahí que utilicemos esta palabra para referirnos a nuestro planeta y se lo apliquemos a otras cosas, entre ellas a la materia inorgánica de la que se compone el suelo.

Y es esta materia inorgánica la que nos viene a la mente cuando pensamos en la tierra como algo más que un planeta, teniendo el concepto de ésta como algo seco y desmenuzable.

En cuanto a la pregunta de los lectores en la que apuntan que el planeta está compuesto por ¾ partes de agua y por lo tanto sería más obvio buscar un nombre afín a algo húmedo y no a un término que nos recuerda a algo seco, cabe destacar que toda esa agua cubre aproximadamente el 75% de la “superficie” del globo terráqueo y si os fijáis bien he entrecomillado la palabra superficie, ya que hay que destacar que el mundo no es hueco, por lo que debajo del agua y dentro de él hay más parte de elementos sólidos y secos que líquido, por lo que no es ninguna incongruencia darle al planeta el nombre de Tierra en lugar de llamarlo, por ejemplo, Agua.

Por hacer una analogía con un ejemplo práctico, suponeos que separamos todo el agua que hay en el planeta y lo metemos en un recipiente y hacemos lo mismo con el resto (toda la parte sólida) colocándolo en otro recipiente. Si lo pusiésemos a una escala menor para poder compararlo, la tierra (sólido) estaría en un cubo mientras que el agua cabría en un vaso de chupito.

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿De dónde proviene gritar ‘¡agua!’ para avisar de la presencia de la policía?

¿De dónde proviene gritar ‘¡agua!’ para avisar de la presencia de la policía?

Es común ver en algunas plazas, calles o parques de cualquier población grupos de personas que realizan alguna actividad no legal o permitida por las ordenanzas municipales (top mantas, trileros, vendedores ambulantes sin licencia…) y en el momento de hacer acto de presencia la policía son advertidos por algún miembro que les chilla un ‘¡agua!’, desapareciendo todas esas personas de inmediato y a gran velocidad. También es frecuentemente utilizado este término por algunos delincuentes a la hora de entrar a robar en algún sitio, dejando a un miembro de la banda apostado en algún punto en el que puede divisar si se acerca cualquier persona (sea policía o no) que pueda desbaratar el plan y pillarlos in fraganti.

Pero, curiosamente, la costumbre de gritar agua para alertar sobre algo no tiene nada que ver en su origen con el aviso a personas que hacían alguna cosa al margen de la ley, sino para advertir que estaba a punto de ser lanzados (por la ventana o la puerta) los desechos orgánicos acumulados en el orinal o vasija (orines y heces, comúnmente llamadas ‘aguas sucias’). Evidentemente me refiero a la época en la que en la mayoría de los hogares todavía no se disponía de retretes o habitáculos donde realizar las necesidades fisiológicas y, si lo había, no se tenía canalización ni alcantarillado, por lo que lo habitual era lanzarlo a la calle al grito de ¡aguas! o ¡agua va!

Con el tiempo, este grito de ¡agua!, como advertencia, se convirtió en sinónimo de cualquier voz de aviso que se hacía para indicar la presencia de la policía, cualquier miembro de la autoridad o algún peligro.

 

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Portada del libro "Ya está el listo que todo lo sabe de SEXO" de Alfred López

 

 

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Fuente de la imagen: florestanbcn

En días de intenso calor ¿qué sacia mejor la sed, el agua fría o templada?

En días de intenso calor ¿qué sacia mejor la sed, el agua fría o templada?Aunque no lo parezca y siempre hayamos pensado todo lo contrario, efectivamente, el agua templada nos sacia mucho más la sed que si la tomamos fría.

Como bien es sabido, los días que hace calor perdemos una gran cantidad de líquidos a través de la sudoración. Esto es debido a que nuestro organismo es homeotérmico, lo cual hace que la temperatura de nuestro cuerpo se pueda regular y mantener constante (si hace frío tiritamos y si hace calor sudamos).

Cuando la temperatura es elevada y hace calor, la superficie de nuestra piel necesita refrigerarse continuamente, lo cual hace que transpiremos mucho más y, por lo tanto, se provoque un cambio térmico.

El hecho de expulsar más líquido a través del sudor provoca que necesitemos ingerir más cantidad de agua y así poder saciar la sed, apeteciéndonos mucho más tomarla bien fría, con el convencimiento de que ésta nos refrescará y saciará mucho más rápido.

El problema está en que el hecho de ingerir agua muy fría provoca que ésta sea absorbida prácticamente al instante en nuestro tubo digestivo y apenas da tiempo a que pueda llegar a la superficie de la piel y así refrigerarnos, por lo cual esa agua tan fría no nos sirve para recuperar el líquido perdido tras la sudoración, dándonos la sensación de seguir teniendo más sed.

Por este motivo, es aconsejable que, además de tomar de vez en cuando agua fría para ‘refrescarnos’, vayamos bebiéndola también a temperatura ambiente, la cual podrá ser absorbida mucho mejor por nuestro sistema y cumplirá su perfecta función de refrigeración.

 

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Fuente de consulta y más info: Quo / sedientosdesaber / saluddatos
Fuente de la imagen: victor_nuno (Flickr)

¿Cuánto tiempo puede sobrevivir una persona normal sin beber agua?

¿Cuánto tiempo puede sobrevivir una persona normal sin beber agua?

Un adulto en un entorno benigno puede sobrevivir durante una semana o más sin consumir nada de agua o cantidades muy reducidas. En cambio, en condiciones extremas, la muerte puede sobrevenir bastante deprisa. Por ejemplo, un niño abandonado en el interior de un coche muy recalentado o un atleta que entrene duro un día de mucho calor pueden deshidratarse, sobrecalentarse y morir en cuestión de pocas horas.

Para mantenernos saludables, las personas debemos conservar el equilibrio hídrico, lo que significa que la perdida de agua debe compensarse. Obtenemos el agua de los alimentos y la bebida, y la perdemos a través del sudor y la orina (una cantidad reducida también se va con las heces). Otra vía esencial de perdida de agua suele pasarse por alto: como exhalamos aire, que está saturado de agua, cada vez que espiramos perdemos agua. Los días de mucho frío esta agua se torna visible en el aire al condesarse (el vaho). Tanto la exposición a un ambiente muy caluroso como la práctica intensiva de ejercicio incrementan la temperatura corporal.

El único mecanismo fisiológico con que cuentan los humanos para evitar el sobrecalentamiento consiste en sudar. La evaporación del sudor enfría la sangre que circula por las venas de la piel, lo que ayuda a enfriar todo el cuerpo. En condiciones extremas, una persona adulta puede perder entre 1 y 1,5 litros de sudor en una hora. Si el agua perdida no se repone, el volumen global de líquido corporal puede disminuir deprisa y lo que es más peligroso, el volumen sanguíneo puede desplomarse. Cuando sucede esto, surgen dos problemas que pueden poner en riesgo la propia vida: la sudoración se detiene y la temperatura corporal puede dispararse aún más, mientras que la presión sanguínea desciende debido al escaso volumen de la sangre. En estas circunstancias, la muerte sobreviene con rapidez.

Dada la extensa superficie de piel que poseen los niños en relación con su volumen, estos son especialmente vulnerables a un sobrecalentamiento y una deshidratación velocísimos.

 

 

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Traducido de: Scientific American (December 9, 2002) “How long can the average person survive without water?
Fuente de la imagen: pixabay

¿Por qué las cortinas de la ducha se pegan al cuerpo?

Si no corre el agua de la ducha, las cortinas normalmente cuelgan planas y en dirección al suelo. Pero tan pronto como sale el agua caliente por el grifo, las cosas cambian. El plástico es absorbido hacia dentro y “se pega” al cuerpo de quien se está duchando. El culpable de que esto ocurra es la diferencia de presión que aparece porque el aire es más ligero cuando está húmedo o caliente. Asciende como si estuviera en una chimenea. El aire más frio que existe al otro lado de la cortina es más pesado y se propaga allí donde el aire húmedo y ligero le ha dejado espacio. Por eso no tiene problemas en hacer presión sobre el plastico, que es ligero, moviéndolo en dirección al chorro de agua caliente. Cuanto más caliente sea el agua, mejor se observará este fenómeno en la cortina. Pero con el agua fría también ocurre, pues basta con la humedad para que el aire sea más ligero.

 

 

Del libro:
¿CUANTO PESA UNA NUBE?
de IRIS HAMMELMANN
Editorial: MA NON TROPPO
ISBN: 9788496222878

¿Por qué la espuma es blanca aunque el jabón sea de color?

La proporción de gel que hay en la espuma es pequeña, en comparación con el componente principal de la misma, que es el aire, y del otro componente básico, que es el agua líquida.

La espuma es un conglomerado de pequeñas esferas de agua rellenas de aire, y las múltiples reflexiones de la luz en las superficies transparentes de cada burbuja la dispersan por igual, independiente de la frecuencia de la luz. Por eso la vemos blanca.

El jabón actúa más para facilitar la formación de las burbujas que para dar color, aunque con algunas sustancias, y aumentando bastante la cantidad con respecto al agua, sí podemos llegar a tener espuma de colores.

 

 

 

(Extraído de una consulta publicada en la revista Quo )

¿Por qué cuando nos ponemos alcohol en la piel sentimos una sensación fría?

Víctor Juan Puig me envía una pregunta a través del correo electrónico en el que quiere saber:
¿Por qué cuando nos ponemos alcohol en la piel sentimos una sensación fría?

Si mojamos con agua el dorso de la mano, sentimos cómo se refresca la piel, y si soplamos sobre la mano mojada, aumenta la sensación de frío, con lo que deducimos que la evaporación del agua produce frío. La evaporación del sudor del cuerpo también produce frío. Esa es nuestra defensa ante el excesivo calor. El alcohol es muy volátil y se evapora rápidamente en el aire, a la temperatura ambiente, y este cambio de estado se produce tomando calor del medio ambiente.

Si se frota la piel de la mano con colonia, el líquido se evapora, apoderándose del calor de la piel, cuya temperatura desciende tanto más cuanto más rápida sea la evaporación.

 

 

Extraído del libro: Fisiquotidianía de Cayetano Gutiérrez Pérez (Licenciado en Ciencias Químicas y Catedrático de Física y Química) con expresa autorización del autor.