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¿Por qué no escuchamos los latidos de nuestro propio corazón?

¿Por qué no escuchamos los latidos de nuestro propio corazón?

Salvo contadas excepciones o algunos momentos muy puntuales, no escuchamos los latidos producidos por nuestro propio corazón, cuando por norma general con solo acercar nuestro oído al pecho de otra persona somos capaces de oír el suyo con nitidez ¿por qué el que está en otro cuerpo sí y sin embargo el nuestro no lo oímos?

Pues por una sencillísima razón: para que nuestro cerebro no se vuelva loco ante el sonido continuo de dichos latidos, que se producen continuamente a lo largo de las 24 horas del día (evidentemente en unos momentos acelerado y en otros más pausado).

Un corazón sano late aproximadamente unas cien mil veces al día (cogiendo como media 70 latidos por minuto). Para evitar ese continuo pum-pum del músculo cardiaco el cerebro se encarga de enviar una señal a nuestro sistema auditivo para que quede bloqueado dicho sonido.

Con ello se pretende no padecer la continua molestia de oír todo el rato el latido además de facilitarnos que escuchemos, sin que nada nos interfiera, los sonidos que provienen de nuestro exterior, en muchos casos vitales para nuestra supervivencia.

Tal y como indico al inicio del post, hay momentos puntuales o contadas ocasiones en las que una persona pueda escuchar los latidos de su propio corazón, estos pueden ser en el momento de acostarse y apoyar la cabeza en la almohada (que desaparece, normalmente, al cambiar de postura), en momentos de tensión e incluso de sobreesfuerzo (debido a que nuestro cerebro al detectar los latidos acelerados sospecha que estamos viviendo un momento fuera de lo normal y quita el bloqueo auditivo) o porque se padece algún tipo de acúfeno (sensación auditiva no provocada por un sonido exterior) llamado en este caso ‘tinnitus pulsátil’.

 

 

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Fuente de la imagen: clanlife (Flickr)

6 comentarios

  1. Dice ser Alberto

    Porque no nos llega la oreja al pecho 🙂

    29 marzo 2017 | 13:11

  2. Dice ser gorrión

    “el cerebro se encarga de enviar una señal a nuestro sistema auditivo para que quede bloqueado dicho sonido.”

    Entonces cuando acercamos el oído al pecho de otra persona, los latidos de esta persona que coincidan con los nuestros en el tiempo, no deberían oírse. O los latidos típicos del cine de miedo tampoco deberíamos poder oirlos si coincidiese con esa señal del cerebro. No se, será cierta pero no me cuadra esa explicación.

    Yo creo que las vísceras amortiguan el sonido.

    29 marzo 2017 | 13:50

  3. Dice ser david

    las visceras? pero tu sabes donde tenemos el corazon?

    29 marzo 2017 | 18:22

  4. Dice ser Nestor Trejo

    Es un buen articulo, pero se me ocurre una teoría, el cerebro es una unidad muy compleja, que se encarga de percibir toda la información de lo que pasa en el cuerpo, y claro, dentro de esas funciones se encuentra la de escuchar permanentemente los latidos del corazón, solo que nosotros no lo percibimos en estado consciente, pero sabemos que existen impulsos que llegan a las neuronas, así que en resumen el cerebro si escucha los latidos, pero al mismo tiempo lo bloquea para que los sentidos trabajen sin tener que captar dicho sonido.

    30 marzo 2017 | 4:16

  5. Dice ser PEPITO PEREZ

    por que no tenemos orejas en el pecho???

    30 marzo 2017 | 8:51

  6. Dice ser Moroder

    Dentro de una cámara anecoica podemos escuchar nuestros latidos, todos los que han estado dentro de una han explicado lo mismo, y han relatado que la sensación te hace enloquecer al poco rato. Por tanto no se trata de un bloqueo intencionado de nuestro cerebro. Pese a que si, nuestro cerebro es capaz de evitar la atención a todo aquello que ya le resulta familiar y es consciente al mismo tiempo de que no representa un peligro para nosotros, ya que si prestase atención al 100% de los sonidos y las sensaciones que recibe, no seríamos capaces de procesarlos todos y nos saturaríamos con facilidad. Está demostrado que ciertas sustancias, como el LSD, anulan en parte esta función del cerebro y le permiten, por ejemplo, escuchar una gota de agua que cae de un grifo en la otra punta de la casa, un sonido que nuestro cerebro anularía en situaciones normales.

    30 marzo 2017 | 10:36

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