El Pelayo ‘kronen’ y sin Don de José Ángel Mañas

Detalle del cuadro Don Pelayo, rey de Asturias, de Luis de Madrazo.

La figura de Pelayo tiene miga. El presunto noble godo, que cabalga entre la caída del reino visigodo de Toledo hasta la batalla de Covadonga y el germen de lo que será el reino de Asturias y lo que se ha venido a denominar, no sin polémica, Reconquista, es un personaje abierto al debate y a la reflexión. Es difícil de historiar y ha resultado muy fácil de manipular y utilizar políticamente. Por todo ello y por su indudable calado en la historia y el imaginario parece algo goloso para la ficción, aunque, hasta la fecha, solo un goteo de autores se han atrevido a acercarse a tan complejo y apetecible personaje. Algunos dicen que es algo así como “nuestro rey Arturo”, pero los escritores anglosajones han tenido menos reparos en novelar a su legendario monarca.

El último unirse a la fiesta ha sido José Ángel Mañas con ¡Pelayo! (Esfera de los Libros, 2021). El autor, muy conocido desde que quedara finalista del premio Nadal con Historias del Kronen en 1994, lleva ya unos años siendo un habitual del género histórico desde que debutara con El secreto del oráculo (2007), pero sobre todo en los últimos años, cuando ha ido sumando obras como Conquistadores de lo imposible (de la que ya os hablé en su momento), El hispano o los Episodios Republicanos.

Mañas llega a Pelayo con ganas de fiesta y se le nota desde ese título entre exclamaciones y sin don. Viene a dar su visión, basada en las crónicas de la época y el trabajo documental, pero donde reina su mirada, irónica y pop. Que respeta gran parte de las convenciones del género, pero también desafía bastantes otras de lo que se hace en España.

Mañas relata toda la caída del reino de Toledo y el 711, la llegada de los musulmanes y el proceso que desemboca en la batalla de Covadonga, que reconstruye, basándose en las crónicas de la época (la Mozárabe, las musulmanes etc) y lo que dicen los historiadores (hay citas en la novela de Saavedra y Soto Chica, entre otros), pero desde el punto de vista de la hermana de Pelayo, Adosinda. Será ella quien reconstruya al mítico personaje a ojos del lector, a veces rememorando eventos de los que fue testigo, otras contando lo que otros dijeron. Es, por dar la primera clave, la primera y juguetona clave de las exclamaciones del título, que quizá no significan lo que uno cree cuando arranca la lectura. Los dos hermanos componen un juego de espejos, donde la ambición, el cariño, la lealtad y la traición son fundamentales.

Ese Pelayo ‘mañasiano’ respeta lo que se sabe, pero se construye sobre una mirada irónica y pop. Irónica porque, aunque a priori, este Pelayo es el héroe de la leyenda que cumple con sus tareas históricas, es un personaje desconcertante, un héroe improbable que no está por convicción y que podrá despistar a unos y otros. Porque sí, Pelayo es valeroso, pero también alguien que nunca quiso ser, primero guerrero, ni luego líder, y que solo acabó siéndolo por fuerza del destino. Porque sí, Pelayo es beato, creyente y luchador contra el islam, pero también hombre presa de sus pasiones que cae en la tentación con una mujer musulmana. Mañas construye a este personaje con una mirada pop y contemporánea a la figura del héroe, imperfecta, cuestionable, que se resume cuando el propio autor, en entrevistas y charlas, compara a su Pelayo con el Michael Corleone de El Padrino. Y la comparación funciona.

José Ángel Mañas (FOTO: ASIS AYERBE / CEDIDA POR LA ESFERA)

Con ese personaje el autor madrileño nos lleva a la corte de Toledo de Rodrigo, a la batalla de Guadalete, a la Mérida sitiada, a la Asturias sometida… Logra Mañas incluso sorprender en una historia donde casi todos conocemos casi todo. El final del rey Rodrigo, moribundo y enloquecido por las heridas de Guadalete, es brillante, al igual que resulta interesante el paralelismo que traza sutilmente entre el último rey de los godos y Pelayo.

¡Pelayo! es una novela breve y directa que cuenta una historia interesante, entre la leyenda y la historia. Donde no sabremos si existió Pelayo o no, si Covadonga fue así, de otra manera o no existió, pero en la que logra establecer un diálogo interesante entre el lector y el pasado. Tiene sus batallas, sus intrigas y sus pasiones, pero sobre todo se apoya en una mirada juguetona al pasado y en la fuerte relación, hábilmente urdida, entre narradora y protagonista.

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