El Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda publica un valiente manifiesto y se abre a Hispanoamérica

El director del Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda, Pablo Lozano.

A punto de celebrar este otoño su décimo cumpleaños, el Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda ha publicado un manifiesto, “tras una larga reflexión”, para “sentar algunas posiciones en relación a lo que creen el papel que puede y debe jugar la novela histórica en cuanto a obra literaria y a la difusión de acontecimientos y hechos históricos, el tipo de actividades a seguir apoyando más allá de los premios, y a la necesidad de crear espacios compartidos con los escritores de novela histórica de los países hispanoamericanos con los que se comparte una lengua común y con los que se quiere caminar en una relación abierta, fraterna y enriquecedora”.

La Comisión encargada de este texto ha estado compuesta por Pablo Lozano Antonelli (director de la cita), Jesús Maeso de la Torre, Salvador Compán, Luis Foronda, Pedro Pablo Uceda (al que podéis escuchar en el podcast del Certamen), Alberto Sanfrutos y Sebastián Lozano Mudarra. En ella podemos leer lo siguiente:  “Nos adscribimos a una concepción de este género de novela como un relato que no se aparte de la verdad histórica y consiga integrarla en su desarrollo con la máxima objetividad y respeto por los hechos y personas reales que constituyen la materia de la novela”. 

“La novela entendida como una consecuencia de la realidad histórica, y no como una herramienta para la invención o idealización del pasado. Esta concepción implica un tratamiento de la materia histórica como un campo de exploración que no admite hipótesis previas o ideologías preconcebidas, ni mucho menos la manipulación de la historia para hacerla significar lo que interesa, y confirme los presuntos valores que de antemano interesaba de ella obtener”, aseguran.

Somos contrarios a subordinar el estudio de la historia en general y la novela histórica en particular en interés de recuperar una serie de valores totalmente trasnochados cuyo objetivo no es otro que reivindicar esa idea orgullosa y arrogante de una perdida grandeza imperial, portadora de unas rancias ideas religiosas, intolerancia y decadencia que no consiguieron sino distanciar a España de una Europa secularizada, del estudio de las ciencias y de la promoción de la técnica, de la democracia y de la liberalización política y social. Y también abominamos de la manipulación interesada de los textos, puesta al servicio de espurios intereses nacionalistas que sistemáticamente tergiversan la realidad histórica”, disparan los organizadores de la cita en su manifiesto.

Además avanzan que el Certamen creará en sus actividades “un lugar específico para los autores americanos de habla hispana que posibilite el conocimiento mutuo y contribuya a que ambas orillas del Atlántico estén cada vez más próximas”. Me aseguran que en breve darán más información y novedades sobre este asunto.

Me parece valiente y preciso que, tras diez años de andadura, una cita como esta perfile su mirada del género. Y me convence su apuesta, comprometida y valiente, que diga con firmeza que, frente a concepciones anticuadas, la novela histórica tienen utilidad literaria, social y divulgativa. Me puede provocar algo de recelo algunas frases que, sobre el papel, apunten a una llamada a hacer una “historia novelada”, donde el teórico rigor histórico prime sobre la reflexión y la apuesta literaria, pero tras diez años conociendo el certamen y a sus programadores sé que no es así en absoluto.

Os dejo aquí el manifiesto completo para que lo valoréis vosotros.

MANIFIESTO COMPLETO

Cuando vamos a celebrar nuestra décima edición, las personas que formamos parte del equipo organizador de este certamen de novela histórica sentimos la obligación de detenernos por un instante y tomar aliento para reflexionar sobre lo que somos y lo que queremos ser de aquí en adelante, como artífices de un acontecimiento literario que en este corto espacio de tiempo ha logrado convertirse en toda una referencia en el panorama literario español.

Desde su nacimiento, al Certamen de Úbeda lo mueven el amor a la literatura y a la historia, la de España y la del mundo; el conocimiento más exacto posible de los acontecimientos históricos y su correcta interpretación. El Certamen quiere contribuir al prestigio y difusión de una modalidad narrativa, la novela histórica que, en sus mejores concreciones, la juzgamos no solo como una fuente de placer estético sino también como un acercamiento emotivo a la historia y un medio de indagación del pasado.

Nos adscribimos a una concepción de este género de novela como un relato que no se aparte de la verdad histórica y consiga integrarla en su desarrollo con la máxima objetividad y respeto por los hechos y personas reales que constituyen la materia de la novela.

Este principio de verdad histórica, que tantas veces los propios historiadores no pueden corroborar por falta de datos, debería de traducirse en los aspectos ficcionales de la novela en un principio de verosimilitud, esto es, en la congruencia, en la causalidad y en la contextualización histórica de las acciones.

La novela de este género debería no solo perseguir la emoción estética sino facilitar el conocimiento de la historia.

Es decir: la ficción nunca debería contradecir los hechos históricos que utiliza sino, más bien, intentar esclarecerlos. En todo caso, nunca obviar o manipular los hechos históricos a mayor interés de la ficción.

La novela entendida como una consecuencia de la realidad histórica, y no como una herramienta para la invención o idealización del pasado. Esta concepción implica un tratamiento de la materia histórica como un campo de exploración que no admite hipótesis previas o ideologías preconcebidas, ni mucho menos la manipulación de la historia para hacerla significar lo que interesa, y confirme los presuntos valores que de antemano interesaba de ella obtener.

Durante este tiempo se ha programado siempre buscando dar voz a puntos de vista y perspectivas diversas -a veces contrapuestas- que ayuden a formar ciudadanos críticos, aportando diferentes facetas del mismo hecho histórico, huyendo de la subjetividad y evitando dar cancha a aquellos que utilizan la novela histórica de manera espuria con el objetivo último de favorecer la propagación de una ideología o una visión parcial, sesgada o interesada de un determinado acontecimiento histórico.

Somos contrarios a subordinar el estudio de la historia en general y la novela histórica en particular en interés de recuperar una serie de valores totalmente trasnochados cuyo objetivo no es otro que reivindicar esa idea orgullosa y arrogante de una perdida grandeza imperial, portadora de unas rancias ideas religiosas, intolerancia y decadencia que no consiguieron sino distanciar a España de una Europa secularizada, del estudio de las ciencias y de la promoción de la técnica, de la democracia y de la liberalización política y social. Y también abominamos de la manipulación interesada de los textos, puesta al servicio de espurios intereses nacionalistas que sistemáticamente tergiversan la realidad histórica.

Nuestra referencia son esos valores, ya universales (Libertad, Igualdad, Fraternidad) que afloraron con La Ilustración, que implantó la Revolución Francesa y que en España terminaron fracasando, alejándonos de una  relación muy distinta y más fructífera con nuestros países hermanos de América. Son valores propios de una actitud ante la vida, presidida por la razón y la creencia en el progreso, que quedaron truncados, primero al enterrarse la Constitución de 1812, y después en el siglo XX con el fatal fracaso de la II República, que pretendió recuperarlos y arraigarlos en España, y que terminamos pagando muy caro con una Guerra Civil, el consiguiente menoscabo de nuestra imagen como país democrático y nuestra relación con los países hermanos de América.

Desenterrar fragmentos oscuros del pasado pudiera ser doloroso, pero el conocimiento exacto de nuestra historia, de aquella que forjaron personas comprometidas con los valores democráticos, y que se nos ha pretendido  ocultar, nos ayudará a conocernos mejor y a sanar definitivamente las cicatrices que aún permanecen abiertas en nuestra sociedad.

Además de los premios que otorgamos a novelas inéditas y a novelas publicadas, y movidos por un afán divulgador de la historia, durante todo el año la venimos acercando a las nuevas generaciones mediante charlas y recreaciones históricas en centros educativos e, igualmente, a la población en general con ocasión de la semana de la novela histórica. Con el mismo objetivo venimos apoyando y alentando en nuestra provincia los clubes de lectura, aportando a sus miembros ejemplares de novelas históricas y organizando encuentros con sus autores. Desde el primer día, el Certamen de Novela Histórica Ciudad de Úbeda ha abierto sus puertas a la presentación de obras de autores españoles consagrados y noveles, así como a las de prestigiosos autores europeos.

Por todo ello, y prestos a preparar la décima edición, consideramos que ha llegado la hora de pararnos para meditar y decidir cuál es el camino por el queremos seguir transitando. Y esta senda no es otra que la que apuesta clara y decididamente por el fomento de la literatura y el conocimiento de la historia desde la diversidad, y la que contribuye a coser las costuras internas de España y su papel en la unidad política europea basada en la libertad, la igualdad y la fraternidad. También es nuestro propósito intentar, desde la modestia y en un plano de igualdad, establecer un espacio cultural común y compartido con nuestros países hermanos hispanoamericanos.

Seguiremos, pues, acercando la historia y la literatura a los jóvenes y a la población en general, utilizando el certamen y las actividades que desarrollamos en paralelo como plataforma ideal que dé a conocer a los autores noveles españoles y se convierta en altavoz para los consagrados. También, y como novedad, crearemos un lugar específico para los autores americanos de habla hispana que posibilite el conocimiento mutuo y contribuya a que ambas orillas del Atlántico estén cada vez más próximas.

Como escribe Ruta Sepetys, “Todos los países tienen cicatrices y una historia dolorosa. Todas las familias tienen cicatrices y una historia dolorosa. Pero cuando se lee y se habla de relatos sobre conflictos históricos, tenemos una oportunidad para pasar de la reacción a la reflexión. De repente, nos juntamos en el relato, el estudio y el recuerdo. En ese sentido, los libros nos unen no solo como comunidad global de lectores, sino también como comunidad humana global que anhela aprender del pasado.”

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