La última resistencia templaria: la caída de Acre, según Roger Crowley

El maestre Hospitalario Mathie de Clermont defendiendo las murallas de Acre (Dominique Papety – Collections de Versailles / Wikipedia)

28 de mayo de 1291. Diez días después de que el ejército mameluco tomara a sangre y fuego la ciudad de Acre, la fortaleza de los caballeros templarios, empotrada contra el mar, resiste sin esperanza. Minada y sitiada por miles de enemigos, sin suministros y llena de civiles supervivientes, la fortaleza de la todopoderosa orden del Temple se defiende esperando un final inevitable. Ese día Dios o el destino habían escrito su final. Según una fuente cristiana, tras rezar y confesarse, los caballeros realizan una última carga suicida contra el enemigo: matarán a muchos antes de ser exterminados. Fuera así o no, se rindieran o lucharan, los resistentes son muertos o capturados. La estructura, dañada por las minas y el asedio, cede ese mismo día y se derrumba: las crónicas islámicas dicen que cayó sobre un grupo que miraba y los que saqueaban el castillo matándolos a todos; otra fuente cristiana dice que aplastó a más de dos mil turcos. Sea como fuere, ese derrumbe marca el final de dos siglos de presencia cruzada en Tierra Santa.

Ese hecho es el, casi, final de la última obra del historiador y divulgador inglés Roger Crowley aparecida en España, La torre maldita. La última batalla de los cruzados por Tierra Santa (traducción de Joan Eloi Roca, Ático de los Libros, 2020). Ensayo que es la recomendación de este viernes en XX Siglos: divulgación de calidad, que ya destaqué entre lo mejor del año pasado.

Porque mucho se publica de las cruzadas de la Edad Media, pero poco se escribe sobre el ocaso de aquella locura. Y ese final tiene nombre y apellidos: San Juan de Acre. La última gran ciudad controlada por los cristianos en Tierra Santa, la ciudad que había conquistado Ricardo Corazón de León y compañía cien años antes y que se convirtió en el final de una época.

Pocos mejores para contar esa historia que el inglés Roger Crowley, divulgador de mirada directa y estilo narrativo vibrante, que ya había contado otro asedio mítico anteriormente, el de Constantinopla. Frente a la moda de los tochos y ladrillos de Historia, Crowley no necesita más de 282 páginas para narrar aquella derrota estruendosa, aquel asedio brillante, aquella historia de sangre y destrucción.

No quiere decir que esa brevedad haga que la obra no tenga profundidad y detalle. Los tiene, además de estar apoyada en fuentes de la época, con las que el escritor británico nos guía con mano firme por los hechos que llevaron a aquellos dramáticos días, a aquel ‘El Álamo’ templario, que al contrario que el texano no serviría para nada, sino para firmar el final de la orden pocos años después. El Temple, los míticos monjes-guerreros, desaparecerían sin una Tierra Santa cristiana.

Vista aérea de Acre en la actualidad. Las ruinas semisumergidas que se ven en primer plano corresponden al castillo del Temple. (israeltourism )

Crowley nos describe esa Acre cristiana, pero, en realidad, más mestiza que otra cosa. Llena de órdenes militares, de cruzados llegados en diferentes y fracasadas expediciones y pendiente de las rivalidades de las comunidades de las distintas potencias de la península itálica divididas y enfrentadas. Es ese florecimiento comercial mestizo el que, según fuentes de la época, provocaría el final de la ciudad: “Acre estaba destinada a ser asediada por ejércitos reclutados gracias a su propio puerto”, afirma Crowley tras explicar como los comerciantes de la ciudad obviaban los mandatos del Papa y vendían esclavos militares y material bélico a los sultanes de El Cairo.

El relato de La torre maldita nos lleva después al ascenso de la dinastía mameluca y cómo, éxito tras éxito, acabarán poniendo su mirada en Acre comandados por el sultán Jalil. Cómo reclutarán un poderoso ejército, cómo se especializarán en asedios y cómo se desplegarían ante las murallas de la ciudad en abril. Crowley no deja detalle a la hora de describir el potencial de maquinaría de guerra de los mamelucos. Provoca escalofríos pensar lo que debieron pensar los habitantes al ver semejante despliegue.

Después llega el relato de una ciudad dividida y desesperada. De salidas y contraataques desesperados. De una ingenua espera a la llegada de refuerzos. De una población desesperada que trata de huir desde un puerto pequeño y de aguas picadas. De resistencia y bombardeo brutal a las murallas. De picaresca y rapiña -ahí el conocido Roger de Flor, presente en aquellos hechos tiene un pequeño papel no demasiado brillante– y finalmente de muerte y desesperación.

Apoyado en una precisa documentación, Crowley es capaz de recrear poderosas imágenes en el lector, fuertes sensaciones de aquel asedio desesperado. Escribe con fuerza y brío, pero sin renunciar al necesario rigor de toda obra de ensayo. No es para menos, es el final de un mundo mestizo y único. Nominalmente cristiano, de moneda islámica y de una composición lingüística y étnica que podía representar a gran parte de Europa, el Mediterráneo y parte de Asia. Una ciudad híbrida, nacida de la guerra y el fanatismo, sostenida por el interés, y condenada por un fanatismo parecido al que la conquistó. Su descripción de ese mundo cruzado recuerda al que hacía Peter Frankopan en su estupenda El corazón del mundo: aunque nos imaginemos años de guerra y fanatismo, el comercio y el mestizaje eran el día a día.

La historia es fascinante y sus testigos también y cronistas -ese Templario de Tiro, por favor-, también. Novelistas del mundo, aquí tenéis material y personajes para buenas novelas. El reto que tenéis es contarlo mejor que Crowley. No será fácil.

¡Buenas lecturas!

Puedes seguirme en FacebookTwitter y Goodreads.

Si te ha gustado esta entrada, quizá te interese…

1 comentario

  1. Dice ser Lector digital

    Lástima que se trata de una editorial que ignora a los que leemos en soporte digital.

    26 febrero 2021 | 16:30

Los comentarios están cerrados.