‘El último duelo’ | Disección de un Juicio de Dios: poder, violación y combate

Miniatura de una justa, sacada del Romance de Jean de Saintré (British Library / WIKIMEDIA)

El 29 de diciembre de 1386, cuatro días después de Navidad, en el campo para justas del monasterio Saint-Martin-des-Champs de París se enfrentaron a muerte dos hombres, el caballero Jean de Carrouges y el escudero Jacques Le Gris. Luchaban por una cuita judicial por violación y con una figura ya en desuso y que, ellos no lo sabrían, sería la última vez que se celebrase en Francia: el Juicio de Dios. Dios, a través de sus armas, decidiría quién tenía la razón de su parte. Aquel combate, que contaba, entre el público, con el rey de Francia, casi toda la corte y centenares de curiosos, se había hecho famoso en todo el país. Y daba un paso, por su violencia y crueldad, hacia una posteridad que en 2021 le otorga El último duelo, de Eric Jager (traducción de Joan Eloi Roca, Ático de los Libros, 2021), que está adaptando al cine Ridley Scott con Matt Damon y Adam Driver.

“Puede que la caballería siguiera viva y activa en torneos y justas, e incluso en las ceremonias preliminares de un duelo judicial, pero, una vez que empezaba un combate, la caballería estaba muerta”, escribe el profesor de Literatura Medievalde la Universidad de California Eric Jager, en El último duelo.  Y las fuentes de la época con las que reconstruye el contencioso entre Carrouges y Le Gris parece darle la razón. Poco tiene que ver este Juicio de Dios con el que relatara virtuosamente Walter Scott cuando Ivanhoe, en la novela homónima, se enfrenta con su antagonista Bois-Guilbert.

Aunque quizá sí tienen algo en común ambos combates: en los dos, además de la vida de los campeones que se enfrentaban, estaba en juego la vida de una mujer. En el caso de la literatura, Rebecca de York, la muchacha judía acusada de brujería. En el caso real, más terrenal, Marguerite, esposa de Carrouges y presunta víctima de una brutal violación por parte de Le Gris. Si éste último vencía, la mujer sería ejecutada por acusación falsa.

Porque en su apasionante relato de aquel proceso, Jager nos muestra mucho más que un mero combate. Nos muestra la vida y dura competencia de los pequeños nobles de la Francia feudal de la Guerra de los Cien Años, como muestran las existencias de Carrouges y Le Gris, dos hombres que comienzan siendo amigos y que su rivalidad por ascender en la corte los acabará convirtiendo en enemigos letales. Nos desvela cómo era la guerra, la Justicia y el papel de la mujer en la sociedad de la época. Porque Marguerite, eje de todo el caso, principal testigo y víctima, mujer y noble, violada y embarazada, y posible condenada a muerte se convierte en un mero peón de luchas de poder y violencia.

Y, quizá no esperen este giro de guión, a quien la posteridad -desde la Enciclopedia de los ilustrados hasta autores posteriores- no dio demasiado crédito. Para muchos Marguerite lanzó una falsa acusación, ya fuera por error o dirigida por su marido.

Fuera como fuera, el 29 de diciembre de aquel año aquellos dos hombres se enfrentaron a muerte en París. Jager hace un relato detallado y minucioso de la liza. Y, como anunciaba el mismo autor, la caballería había muerto, si alguna vez existió realmente. Carrouges y Le Gris comenzaron cruzando sus lanzas a caballo, como todos podemos imaginar una justa medieval, pero acabaron rebozados en el suelo, heridos y jadeantes, tras pelear con lanza, hacha, espada y daga. Uno encima del otro; el de arriba tratando de buscar un resquicio de la armadura para hincar su arma; el de abajo pateando desesperado. La épica y la caballerosidad quedaron fuera del campo. Venció Carrouges, el acusador, el marido, y el que menos apoyos de la corte tenía.

La realidad es que nunca podremos saber qué ocurrió o quién tuvo razón o no en aquel juicio. ¿Le Gris violó a Marguerite por celos y para humillar a Carrouges como defendía éste? ¿Fue todo un error de identificación? ¿O una trama cuidadosamente diseñada por el acusador, como venganza y para quitarse a un rival en la corte normanda? Jager da la palabra al abogado Jean Le Coq, a través de su diario personal, cuando a pesar de representar a una parte, asegura que “en realidad, nadie sabe qué sucedió de verdad en este asunto”. Y más de 600 años después, menos.

Justicia medieval

Jager narra con detalle y minuciosidad cómo fue el proceso legal que llevó al combate. Utilizando fuentes de la época, incluyendo el interesante diario del abogado antes mencionado, el autor nos lleva a los alegatos que realizaron ante el Parlamento de París, el órgano que debía aceptar que el contencioso se resolviera en la arena, o las opciones legales que tuvieron cada uno. De hecho, uno de los misterios de esta historia es que Le Gris tuvo opción, y se lo recomendó su abogado, de mostrar su posición de eclesiástico para evitar llegar al combate y no usó ese derecho.

También cuenta historias espeluznantes sobre la justicia de la época al explicarnos la vida en el monasterio parisino donde se celebró el juicio. Sede de Justicia del burgo que lo rodeaba, en aquel siglo el convento emitió sentencias tales como enterrar viva a una mujer por un hurto mayor o quemar vivo a un cerdo que desfiguró la cara a un niño.

En 2021, el Juicio de Dios llegará al cine

La historia de El último duelo llegará a los cines previsiblemente a finales de este año, Covid-19 mediante. Ridley Scott será el encargado de dirigir la cinta y contará en sus papeles principales a Matt Damon (como Carrouges), Adam Driver (como Le Gris), Jodie Comer (como Marguerite) y Ben Affleck (como el rey Carlos IV de Francia).

Con semejante reparto y director las expectativas están altas. Scott tiene mano con el cine histórico como ha demostrado con cintas como Los duelistas o Gladiator. Habrá que ver si El último duelo está más cerca de estas o de otras películas menos brillantes como El reino de los cielos. Jager, en su libro, le ha dado un gran material no solo para hacer un buen espectáculo histórico, sino también para crear un gran thriller judicial.

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