José Soto Chica: “El rey visigodo Leovigildo no tendría nada que envidiar al mítico Arturo”

Conversión de Recaredo I del arrianismo al catolicismo, por el pintor Muñoz Degrain. (WIKIPEDIA)

Una Hispania visigoda luminosa e influyente, frente a las manipulaciones y los mitos que llevan décadas hablando de una época oscura y bárbara. Un faro para la Europa de la época, comparable con Constantinopla y con reyes poetas y cultos, los verdaderos defensores del legado de Roma en Occidente. Esa es la imagen de aquella época que defiende el antiguo militar y hoy doctor en Historia Medieval, José Soto Chica, en su último libro Los visigodos. Hijos de un dios furioso (Desperta Ferro, 2020).

Un brillante repaso desde sus lejanos orígenes en Escandinavia, pasando por sus periplos por Europa del Este, su oscilante y tensa relación con el Imperio romano y la creación, primero de un grupo, y después un reino. La síntesis que realiza Soto Chica aleja viejos ideas y nos habla de un pueblo mestizo y flexible, de un reino poderoso y lleno de brillo cultural, que sufrió una acelerada y sorprendente caída en el 711. Aún así su legado se dejó sentir tanto en el norte cristiano como en Ál Ándalus. Un viaje revelador a una época fundamental en nuestra historia, pero que, con demasiada frecuencia, queda en el olvido.

Los visigodos suelen usarse como arma arrojadiza sobre la existencia de España desde antaño o no. Usted se lo quita de medio en la introducción y sigue a otra cosa…

Si yo hablo de la Francia merovingia, o de la Inglaterra anglosajona nadie se escandaliza, pero aquí tenemos una serie de complejos comprensibles por nuestra propia historia. Los visigodos siempre han sido utilizados desde el primer momento: desde el reino de Asturias, que los sienten como fuente de legitimación; luego por los castellanos; también por los musulmanes…  España es un país extraño ideológicamente, donde siempre tienes que estar cargado de ideología y a mí eso me aburre soberanamente. Hablo de Historia y desgraciadamente hay gente que usa la Historia para otras cosas. Y quería dejarlo claro desde el principio: la Hispania visigoda no tiene nada que ver con la España del siglo XXI, aunque sea el soporte de las diferentes Hispanias o Españas posteriores. El reino visigodo no es sino la continuación de un sujeto político anterior, los reyes godos eran reyes de los pueblos de España; Gregorio de Tours, un cronista franco, hablaba de Leovigildo como rey de España. Ellos parecían no tener problemas en decirlo; lo otro es un problema que los españoles del siglo XXI hemos creado.

Siguiendo los ejemplos que menciona, en Inglaterra, el ciclo artúrico, Alfredo el Grande o Athelstan están muy presentes en el imaginario del país; en Francia, Carlomagno… pero aquí, parece que los visigodos no pasaron de la dichosa lista que recitaban padres y abuelos hace ya bastante décadas…

Es así y Leovigildo no tienen nada que envidiar al mítico Arturo. Una cita de Gregorio de Tours dice de él que no dejó con vida a ningún enemigo capaz de orinar contra la pared. Era un rey poderoso, belicoso, fundador de ciudades, imitador de Constantinopla. Sisebuto era un rey astrónomo en pleno siglo VII. Cuando los reyes francos no sabían ni firmar, y en Inglaterra ni te cuento, aquí teníamos reyes astrónomos y poetas. Ese mundo fascinante fue el verdadero transmisor del legado de Roma, como prueban las Etimologías de san Isidoro  que es una enciclopedia que recoge el saber antiguo y lo adaptaba para el hombre medieval. Es un texto que educó a Europa. Fue escrita 1.200 años antes de la Enciclopedia francesa y, sin ella, gran parte del saber de los antiguos se habría perdido. Es una pena que todo esto haya caído en el más absoluto olvido.

Comienza su viaje hacia el mundo visigodo en su probable origen en Escandinavia y en su periplo por Europa del Este, el Imperio Romano y hasta Hispania. Y ahí nos descubre, que lejos de ser un pueblo único, fue un grupo mestizo y flexible…

Es algo que me gusta de ellos. Tenemos una visión de la historia forjada en el nacionalismo del siglo XIX: un pueblo, una lengua, un estado. Y eso no existía entonces: los visigodos eran un pueblo profundamente mestizo. Tenían una lengua originalmente germana, de la minoría dominante, pero en torno a ellos había grupos protoeslavos, indoiranios, provinciales romanos desesperados que se les sumaban… En última instancia, los visigodos no eran otro cosa que los seguidores de un rey, que no era otra cosa que un señor de guerra, que iban buscando seguridad y prosperidad en un mundo tan violento como el del fin del imperio romano. Eso se lograba siguiendo a un caudillo poderoso como era Alarico, que fue el creador de los visigodos. Una cosa son los godos, que eran un pueblo, y los visigodos, que son la creación de un hombre, Alarico.

No solo fueron mestizos étnicamente, sino también culturalmente, como indica su romanización…

Si Roma tuvo herederos en Occidente, fueron los godos: en Italia los ostrogodos y en Hispania, los visigodos. Culturalmente, cuando llegan a Hispania están muy romanizados y en el siglo VI, cuando de verdad se constituye el reino, encontrar algo de germánico más allá de los nombres es casi imposible. Sus antiguas religión, cultura y lengua habían casi desaparecido y ellos eran, ante todo, continuadores de Roma. Como buena casta dominante mantuvieron los nombres y el papel militar. Ten en cuenta que, según mis cálculos y tirando por lo alto, entraron en Hispania unos 100.000 godos en una población que superaba los cinco millones de habitantes. Eran una gotita étnica, y eso sabiendo que ya entraron muy mezclados. No fue aquella sangre germánica pura que llegaba a limpiar el Occidente decadente como se leía en algunos libros del siglo XIX. No, fueron una minoría muy pequeña que justificó su domino sobre la mayoría en su pasado germánico y en el arrianismo, un cristianismo diferente al de la mayoría.

¿Qué podríamos destacar de ese reino de Toledo que los visigodos fundaron en la Península?

Para mí tres hechos fundamentales. El primero es que, a partir de Leovigildo y Recaredo, se constituyen, militarmente, culturalmente y políticamente como el principal reino de occidente. Después, el brillo cultural: no hay nada parecido a la Hispania visigoda del siglo VII en Europa, hay que mirar a Constantinopla para encontrar una sociedad tan culta, donde no solo los monjes y los obispos, sino los nobles y las clases que podríamos llamar medias sabían leer y escribir y tenían gusto por la cultura. Y en tercer lugar, que formaron la mentalidad medieval tanto en Al Ándalus como en los futuros reinos cristianos del norte: el gusto por la ley, la visión de que hasta el rey está sujeto a la leyes, algo muy hispanovisigodo, y que en cierta manera condicionó nuestra Edad Media.

Por tanto, los mitos sobre una edad bárbara u oscura son totalmente falsos…

Tenemos esa imagen de unos señores vestidos con pieles y con barbas que lo iban destrozando todo, pero la realidad estaba más cerca de Sisebuto, un rey que componía poemas en perfecto latín, que conocía que la tierra era redonda y era capaz de calcular eclipses. Esa fue la realidad, pero nos ha quedado el mito.

Decía que la España del siglo XXI no tiene nada que ver con la Hispania de los siglos VII y VIII y es cierto, pero leyendo la última parte del libro, donde trata la caída del reino de Toledo y la conquista islámica podemos encontrar poderosos paralelismos: cambio climático, pandemias, división interna…

Es para para ponerse nervioso, ¿verdad? Para eso sirve la Historia. Me encanta esa frase que dice que la Historia sirve para leer el periódico. La Historia no es que se repita, como también se dice, pero sí nos enseña que en determinados momentos las situaciones se pueden ir de las manos. Si le hubiésemos dicho a un visigodo del año 700 que su reino iba a desaparecer en poco más de una década, nos habría tomado por locos. Lo que nos enseña la Historia es que los sistemas políticos, económicos y sociales son frágiles y, por lo tanto, no deberíamos jugar excesivamente con ellos, no deberíamos ponerlos a prueba por puro derroche. Pero en el caso del 711 no se puede discutir: hubo un cambio climático rápido, al contrario que el nuestro, un enfriamiento, además de una sequía que destrozó la economía; hay una división política brutal en la que cada partido no miraba por el reino sino por su propio interés; y tienes una pandemia brutal, que en este caso fue un rebrote de la peste bubónica. Si a eso le sumas un enemigo tan poderoso como el califato Omeya de Damasco todo pintaba mal.

Y cerraba una historia en círculo, que comienza con la migración de una pequeña élite guerrera que acaba dominado un territorio y acaba con otra élite guerrera que hace lo mismo trescientos años después…

Efectivamente, tenemos la confluencia de dos minorías militares, una que vino del norte y el este; y otra minoría, que fueron lo que en principio fueron los musulmanes, que vino del sur. Confluyeron dos corrientes en la Península Ibérica y condicionaron poderosamente su devenir histórico.

Hoy nos puede parecer un poco iconoclasta, pero los textos de la época nos hablan de que el islam no era tan fundamental para esos primeros conquistadores. El islam tiene su handicap, porque no se ha querido estudiar. Lo que les importaba en aquel momento era la etnia: los árabes del siglo VII se sentían primero árabes. En sus contingentes, al principio, había árabes cristianos, judíos, etc. Cuando llegan a la Península el grueso no eran árabes, la mayoría eran bereberes que todavía no estaban islamizados. La flota que les lleva por el Estrecho, por ejemplo, estaba tripulada por coptos, por egipcios cristianos. La religión nos parece que era muy determinante en la Edad Media, pero nos pasa un poco como con la imagen del bárbaro: una cosa es el estereotipo y otra, la realidad.

En el libro también habla de su proyecto para buscar el verdadero campo de batalla de la mal llamada batalla de Guadalete…

Esto surge de la identificación que hago del campo de batalla y se han ido sumando al proyecto maravillosos profesionales, como un geólogo de primer nivel, varios ambientalistas que van a tratar de reconstruir cómo era realmente el medio ambiente y el clima en la época, Francisco Jiménez, del CSIC; Eduardo Kavanagh, director de Desperta Ferro Antigua y Medieval y maravilloso arqueólogo,… Estamos intentando ponerlo en marcha, tener los permisos y fondos necesarios y, con un poquito de suerte, en verano podremos hacer la primera fase del proyecto. Tenemos muy buenas vibraciones, tenemos buenos indicios… Si diéramos con el campo de batalla sería una auténtica revolución, porque esa batalla condicionó nuestra Edad Media.

¿Qué cambiaría ese descubrimiento sobre el relato que tenemos del 711?

Conoceríamos mucho mejor qué pasó en aquella batalla porque el terreno te da mucha información, te permite entender cómo se disponían las tropas y nos permitiría entender cómo los visigodos fueron derrotados de una forma tan clara. Aquella derrota no tendría por qué haberse producido con los números en la mano. Podríamos entender por qué un ejército tan superior sobre el papel como el visigodo fue destrozado literalmente en un solo día. Por otro lado, a nivel arqueológico, si encontráramos testimonios directos conoceríamos mejor la equipación de ambos ejércitos y nos daría una pauta de lo qué pasó: por qué el islam se expandió tan rápido y por qué el visigodo no pudo detenerlos.

Igual también se podría encontrar pruebas sobre si fue real la traición de parte del ejército visigodo…

O, por qué no, algo sobre el rey Rodrigo… pero eso ya sería el premio gordo, dar con algún testimonio de los grandes personajes: Tarik, el propio Rodrigo… No quiero ni pensarlo.

A los visigodos siempre los relacionamos con los reinos del norte cristianos, pero también influyeron en el Al Ándalus, donde también se integraron…

Me gusta reivindicar eso. Los cristianos conscientemente, Asturias y luego Castilla, intentaron apropiarse del legado visigodo y lo reivindicaron. Los asturianos del siglo IX y X se consideraban herederos de Toledo y lo usaban como forma propagandística. Y me gusta reivindicar que Al Ándalus también se sentía continuador del reino visigodo. En el 712 no se levantaron de repente siendo musulmanes. Los musulmanes eran una pequeña minoría dominante, el proceso de transformación fue muy lento: un siglo más tarde la mayor parte de la población era mozárabe, de lengua romance y cristiana. Fue un proceso de mezcla y adaptación. El mundo de Ál Ándalus se vio influido por un texto como las Etimologías de san Isidoro. En el sur asistimos a una fusión cultural enriquecedora y de ahí surge Al Ándalus. Cuando ellos acuñan sus monedas lo hacen en letras latinas y árabes y ponen SPAN, Spania. Eran conscientes de dónde estaban. Todo es historia nuestra: si por algo deberíamos estar orgullosos en este país es por tener una historia tan diversa y tan rica, con tantas raíces diferentes. Es una pena que, en vez de disfrutar de eso, estemos siempre con nuestras pequeñas miserias y disputas.

¿Qué grandes cuestiones tienen que responder la historia sobre los visigodos?

Siguen quedando dudas importantes: su origen no lo tenemos cerrado al 100% y cómo se produjo esa migración desde lo que hoy es Suecia. A mí me sigue fascinando que un reino tan poderoso en el 680 se viniera abajo de una manera tan rápida. Creo que hay mucho que entender sobre todo de las élites y sus actitudes de desapego a la corona. Quizá nos dé alguna lección para hoy.

Y ¿qué opinión le merecen las teorías que siguen defendiendo que no hubo conquista islámica?

No tienen base alguna. Son las teorías de Olagüe, que no era historiador. Para que veas el nivel de esperpento de nuestro país: Olagüe era franquista y hoy es la bandera del andalucismo. Base científica, cero. Las conquistas siempre son violentas: la romana de Hispania fue violenta, la de España de América fue violenta y la musulmana también lo fue. De hecho, se reedita el texto una y otra vez porque se ha convertido en una biblia del andalucismo, pero es más un cuento que un libro de Historia.

¿Y sobre las últimas polémicas sobre la Reconquista? ¿Debemos usar ese término?

Es algo mucho más complejo de lo que a veces se quiere vender. El año pasado David Porrinas publicó un libro maravilloso sobre el Cid que lo mostraba muy bien. Esa visión lineal que tenemos de la historia no funciona, el Cid luchaba para señores musulmanes y se enfrentaba a cristianos. Y no por eso dejaba de ser un caballero castellano. Muchas veces queremos plantar en el pasado ideas que son nuestras. Los reinos cristianos de la época usaron la Historia a su favor: ellos querían sentirse respaldados para tratar de arrebatar territorio al califato o a las reinos de taifas. En ese contexto sí se puede hablar de Reconquista. Pero, de la misma manera, el emir o el califa se sentía legítimo heredero de los visigodos y señores de ese territorio. Todo es más poliédrico. ¿Se puede hablar de Reconquista? Sin ningún problema, es un término historiográfico que funciona en el sentido que antes te señalaba, el de una serie de reinos del norte que usan la legitimidad que les otorga considerarse herederos del reino visigodo para justificar sus conquistas. Ahora, esa idea de ellos y nosotros, no. Tan nosotros eran los musulmanes de Córdoba, como los asturianos de Oviedo.

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Curiosa

    Una entrevista muy interesante, que pena que nos guiemos por mantras que se repiten hasta la saciedad y calan hondo en una sociedad tan despegada como la nuestra.

    05 enero 2021 | 09:27

  2. Dice ser Blas

    Lástima que los romanos no reconquistarán toda la península a los godos..

    05 enero 2021 | 10:24

  3. Dice ser Josean

    Poco tienen que ver Arturo y Leogivildo. El mítico Arturo defendió los rescoldos dejados por los romanos de los bárbaros que acabarón con el Imperio. Los visigodos fueron los barbaros que contribuyeron a acabar con Roma. El propio Leogivildo, que encima era arriano, luchó contra los imperiales que pretendían restaurar el Imperio.

    05 enero 2021 | 10:34

  4. Dice ser Juan

    Blas Amigo, El imperio romano de bizancio terminó en manos árabes hasta hoy. Nosotros reconquistamos nuestra tierra para a continuación conquistar un imperio.Gracias a Soto Chica da gusto leerle. Más historiadores así hacen falta. Y Leovigilddo existió Arturo, no.

    05 enero 2021 | 18:55

  5. Dice ser hoka

    El mítico Arturo defendió los rescoldos dejados por los romanos de los bárbaros que acabarón con el Imperio. Los visigodos fueron los barbaros que contribuyeron a acabar con Roma. El propio Leogivildo

    07 enero 2021 | 10:33

  6. Dice ser Raimundo

    Muy revelador

    07 enero 2021 | 16:59

  7. Dice ser Juan

    sois unos pesados hoka. Arturo no defendió los rescoldos de nada porque no existió. Como os han lavado el cerebro desde Hollywood.

    08 enero 2021 | 17:52

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