Carlos Bardem: “La historia del esclavismo español se oculta porque en él está el origen de muchas fortunas e instituciones del país”

Carlos Bardem (GTRES)

Más allá del poder su apellido, Carlos Bardem se ha marcado una de las novelas históricas del 2019. Historiador y novelista, además de actor y guionista, ha firmado este año Mongo Blanco (Plaza&Janés, 2019) donde el artista madrileño novela la terrible existencia de uno de los grandes esclavistas de la historia, el malagueño Pedro Blanco.

Lo hace con visión literaria, con una mirada al género de aventuras e histórico tremendamente actual y moderna. Mongo Blanco cuenta su propia historia, ya viejo y enloquecido, a su psiquiatra, y no se sabe si hay parte de fingimiento, de exageración o realidad. El Pedro Blanco de Bardem se describe así mismo, en un momento dado y con toda la intención: “Soy como Sherezade, pero con bigote y barba”.

Y con su relato nos adentra en un brutal siglo XIX, en el criminal negocio de la esclavitud, en una historia de violencia, sexo, muerte y poder, y también, por qué no, de una forma retorcida y feroz, de amor y familia. Es el reverso tenebroso de las grandes historias de aventuras de aquella época que ya triunfa en los lectores, pues va por su quinta edición y prepara su salto a televisión.

Aprovecho que su paso por el Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda nos puso en contacto para poder charlar con él sobre esta novela.

Pedro Blanco, su Mongo, fue el comerciante de esclavos “más grande del mundo”, según Hugh Hugh Thomas, pero aquí en España la mayoría sigue pensando que la esclavitud, en aquellos tiempos, tiene que ver solo con EE UU… ¿Cómo descubrió Carlos Bardem a Pedro Blanco?

Soy licenciado en historia, mi especialidad es la historia moderna y contemporánea de España. Leo mucho ensayo histórico porque creo que las mejores historias y personajes están en la historia con H mayúscula. Cualquier cosa que un novelista pueda imaginar, casi con total seguridad ya la vivió alguien de forma más bella o atroz. A Pedro Blanco me lo encontré como una nota a pie de página, me enganchó ver negrero y malagueño en la misma frase. Como dices, la mayor parte de nosotros asociamos esclavitud, negros esclavos, con los estados sudistas, con el algodón. Y eso es porque hay un interés en no divulgar ciertas partes de nuestra historia. Tan grandes como las plantaciones de algodón, con tantos o más esclavos e igualmente tratados fueron los cañaverales de Cuba y Puerto Rico, propiedad todos de esclavistas españoles y surtidos por negreros españoles. La explicación de esta ocultación es muy sencilla: la trata de esclavos era el gran negocio de la época y en él está el origen de muchas fortunas e instituciones de este país. En la sangre de los esclavos.

La historia de Pedro Blanco, el ejercicio de locura y recuerdo al que le somete en la novela, ¿es una metáfora de lo que hacen los países y las sociedades con su memoria colectiva? Al final, incluso las historias más terribles, se pueden adornar y blanquear…

Interesante. Se puede ver así. Yo creo que las etiquetas son simples herramientas de marketing. ¿Mongo Blanco es una novela histórica? Sí, y muy bien documentada. ¿De aventuras? También lo es, y feroz. Pero Mongo Blanco es un libro complejo, buena narrativa y, por tanto, trasciende etiquetas y géneros para tratar temas de la gran literatura. La locura, la creación y uso de la memoria individual y colectiva, el Mal- con mayúsculas- como consecuencia del mal uso del poder y la desigualdad máxima posible, la que existe entre amos y esclavos… Desde esta visión no creo que se pueda adornar o blanquear la intensa participación de españoles en la trata de esclavos, simplemente se oculta. Se cala que la mayor propietaria de esclavos de España fue la reina regente María Cristina de Borbón, dueña del ingenio de azúcar Santa Susana, con la la mayor dotación de esclavos de la isla de Cuba e inversora en expediciones de Pedro Blanco. Otro fue el arzobispo de Toledo. Muchísimas diputaciones provinciales, nobleza y oligarquía financiera. El dinero siempre busca la máxima rentabilidad y esa, a inicios del XIX, estaba en el esclavismo.

¿Qué supone meterse en las calzas de un personaje tan monstruoso, pero a veces, al menos en la novela, tan fascinante? ¿En algún momento describir tanto horror afecta al escritor?

Mongo Blanco tiene una originalidad. Hay mucho contado desde el sufrimiento del esclavo. Y eso por supuesto está también en la novela, y con detalle. Pero aquí el protagonista, el que nos guía y el que se explica es el negrero. Me interesaba meterme, como dices, en la cabeza del monstruo. Pedro Blanco, el personaje histórico real, ya es fascinante y novelarlo lo fue aún más. El ser humano tiene una sorprendente capacidad de auto justificación, siempre encontramos razones para todo, incluso para la sinrazón o la atrocidad. Quería entender cómo era el mundo, el sistema, que necesitó crear monstruos como Pedro Blanco. Comprenderle, escucharle, que nunca es justificarle. Eso juicio final lo hacen los lectores, por supuesto. Y al escucharlo y no escribirlo como un malvado sin fisuras, o imbécil, al dotarlo de inteligencia, cultura y cinismo lo humanizas, lo haces interesante para el lector. Y esto no es casual. Mi intención es poner un espejo ante quién lee la vida del Mongo Blanco y avisarle de que esté alerta, porque en otro tiempo y lugar quién sabe si no hubiera visto normal ser también un negrero. Alertar de que todos llevamos el mal dentro y que la sociedad, a veces, lo jalea, lo justifica, y debemos sofocarlo, no ejercerlo, optar por lo bueno y empático. Mongo Blanco es una feroz travesía. Lo fue al escribirlo lo es al leerlo, pero creo que la recompensa final es grande para el lector.

Carlos Bardem, con su novela ‘Mongo Blanco’ (GTRES)

Recordar el comercio de esclavos, esa barbarie que trataba peor que al ganado a seres humanos… Barbarie, que sin embargo, al lector hoy tampoco le va a resultar tan lejana…

Bien, parafraseando a Lavoisier. “La esclavitud ni desaparece ni se destruye, solo se transforma”.

Nos lo decía antes, esta novela tira con bala: en el negocio de los esclavos estaban metidos todos los poderes…

Sí, el sistema esclavista condicionaba cualquier relación económica y social de le época. Ya he mencionado grandes nombres, de la reina para abajo, todos. Pero quizás sea interesante comentar otra cosa. Un fuente, de inspiración de Mongo Blanco es Eichmann en Jerusalén, el libro de Hannah Arendt donde acuñó el concepto de la banalidad del mal, del ejercicio del mal por personas “normales”. No todo el mundo en la Cuba del XIX era un monstruo excepcional como Pedro Blanco y para ejecutar una atrocidad sostenida en el tiempo contra millones de personas hace falta la participación de millones de personas “normales”. Lo explico con un ejemplo: las expediciones negreras a por esclavos a África se financiaban con la venta de participaciones. Por supuesto que había grandes esclavistas, como Joaquín Gómez o el Marqués de Comillas, que sufragaban por si solos los costes de una. Pero casi la mitad de esas expediciones se financiaron con los ahorrillos de la gente más común: artesanos, tenderos… Gente que buscaba la mayor rentabilidad a los pocos pesos ahorrados y esta estaba en los esclavos. Gente que vivía en un sistema que les hacia ver que la esclavitud era algo de sentido común y por qué no beneficiarse de ella.

¿Por qué la esclavitud y su comercio en España han quedado en el olvido? ¿Es otro ejemplo, de los problemas de “memoria” de este país?

Lo he contestado en parte antes pero yo diría que los problemas de memoria en este país vienen de que el origen de muchas grandes fortunas, poderes, dinastías e incluso instituciones está en dos grandes cataclismos históricos y morales: la trata de esclavos y el franquismo. Yo no pude estudiar la Guerra Civil hasta la universidad, en el bachillerato nunca llegábamos.

Ahora, hay un debate bastante mediático sobre la Leyenda Negra en España… Como historiador, ¿cómo lo ve?

La historia no debe ser víctima del “presentismo”, ser retorcida y ahormada para justificar posturas políticas actuales. Ni imperiofilia ni imperiofobia. Cualquier exaltación de episodios históricos se hace para reforzar posturas nacionalistas y, por tanto, despreciables. Para decir que somos mejores que otros pueblos. Es el reverso de la Leyenda Negra. Ni mejores ni peores, en nuestra historia hay de todo como en la de cualquier país de nuestro entorno. Hay que alejar el estudio histórico de las pasiones y limitarse a documentar exhaustivamente cada episodio, con el mayor número de fuentes contrastadas. Fílicos y fóbicos suelen usar las fuentes que refuerzan sus tesis y obviar las otras.

Es historiador y esta, creo, es su primera novela con un tema histórico, ¿cómo se ha encontrado con esa dualidad entre Historia y ficción?

En realidad no es mi primera novela histórica. No del todo. Mi primera novela fue Muertes Ejemplares, que ganó una mención especial del jurado del Premio Nadal, y ficcionaba la vida de un soldado de los Tercios den el siglo XVII. La Historia es siempre un terreno fascinante y amigo para mí.

Ahora que estamos viendo a ver si sale por fin un Gobierno en España, como hombre de la cultura, ¿no le da un poco de pena lo poco que hablan de ella los políticos? Quizá ese desprecio temas culturales y humanísticos tenga algo que ver con los problemas sociales que tenemos…

Algo que ver, no. ¡Todo que ver! Y no creo que el desprecio por la cultura y por quienes trabajamos en ella sea casual. Es un designio consciente de los dueños de todo esto: la cultura ni puede no debe dar respuestas, pero si tiene la obligación de cuestionar, de sembrar preguntas y esto crea ciudadanos educados en el pensamiento crítico y, por tanto, menos pastoreables con banderas y soflamas pueriles. Nada es casual.

Mongo Blanco tiene también mucho de novelas de aventuras clásicas… De hecho, a veces me daba la sensación de que podía ser el reverso tenebroso y oscuro de las grandes novelas de ese género del siglo XIX.  O dicho de otra manera, Pedro Blanco podría haber sido un gran héroe de la literatura de aquellos tiempos…

Yo soy un amante de la novela clásica de aventuras, pero creo que pertenece a otro tiempo, que su idealización e, incluso, ingenuidad no funciona ya para nosotros. Somos la humanidad que ha visto Hirosima y Nagasaki, Auschwitz, Ruanda… Ya nada es igual. Los piratas galantes y buenos no cuelan ya ni en programas infantiles. También nos influye otra narrativa, la audiovisual. Somos ciudadanos de la era HBO, Netflix o Amazon. Es el llamado “efecto Tony Soprano”, con él llegó un nuevo tipo de protagonista: el antihéroe complejo, con aristas y zonas muy oscuras. Más humano. Mi Mongo Blanco es aventura clásica pero desde esta visión más actual.

Hay también una mirada literaria incómoda al pasado que me recuerda a una novela en la que usted participó en su adaptación televisiva, El hijo. Hay obvias diferencias, claro, pero esa mirada hacia el pasado que busca incomodar creo que está ahí en ambas…

Bueno, ¡gracias! The Son, antes que serie, es para mí la magnifica novela de Philipp Meyer. Un libro genial.

Esta novela, El hijo, El Cid, está encadenando una serie de trabajos históricos. ¿La ficción popular debe servir para agitar el interés por el pasado, por ofrecer nuevas miradas y a ser posible, más críticas?

La clave está en las palabras ficción televisiva. No son vehículos historiográficos serios, pueden estar mejor o peor documentados pero lo que buscan es entretener. Lo bueno es que llegan mucha gente y en algunos despiertan el interés por saber más, quizás por empezar a leer libros sobre esos asuntos ¡y eso es maravilloso!

Cuando lanzó la novela hace unos meses habló de que los derechos estaban vendidos para hacer una serie, ¿cómo va ese proyecto?

La nave va. Hasta aquí puedo leer…

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2 comentarios

  1. Dice ser Alex

    Como el clan Bardem, no? Que se aprovechó con su restaurante y se aprovechó de los ERES… xD que falta de coherencia!

    19 diciembre 2019 | 09:32

  2. Dice ser Barsawyer

    Geniales actores todos. Y la familia más hipócrita de España.

    19 diciembre 2019 | 10:14

Los comentarios están cerrados.