Cómo escribir novela histórica (IV): el método

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Por José Manuel Aparicio | Escritor, autor de Banderizos, premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda 2015 y fundador de Mundopalabras | @Escritor_JMA | Artículo del taller de novela histórica de XX Siglos que José Manuel está haciendo en este blog con carácter mensual y que hoy se centra en el método y recursos útiles para construir la novela histórica.

Entregas anteriores: la idea | los personajes | la actitud

Incluso la novela más extensa y compleja nace de una primera idea, que es única y simple: “la Primera Guerra Mundial”, “una biografía”, “las ruinas de un castillo”, “una noticia de un periódico”, “un amor imposible en la Edad Media…”. Otra cuestión será la extensión de esa idea inicial; pero en un principio es como un germen diminuto, apenas imperceptible, que es el que nos mueve a escribir una novela o que, sin pretenderlo, acaba siéndolo.

El mejor método de trabajo para desarrollar una novela es aquel en el que uno se sienta más cómodo. Algunos escritores, por ejemplo, escriben primero un borrador sin fijarse en la forma, avanzan a partir de una idea y estructura inicial y les interesa plasmar casi como en una escritura automática. Normalmente escriben más páginas de las que luego tendrá la novela definitiva. En una segunda etapa se dedican a pulir y corregir. Otros escritores avanzan muy poco cada día, pero el resultado ya es cuidado, casi final o ya definitivo. Ninguno de esos métodos es mejor ni peor, sino que lo importante es elegir el que más nos permite avanzar y hacerlo de manera que no nos genere ansiedad y nos sintamos a gusto. Si nos ceñimos a la novela histórica, el método se verá condicionado por la fase de documentación. Esta conviene desarrollarla al mismo tiempo que el trabajo de estructura previo a la escritura de la obra, si se decanta uno por trabajar con un “mapa” en el que conoce las acciones que tendrán lugar. Los hechos históricos afectan a la estructura en cuanto en tanto pretendamos ser lo más fieles posible a ellos. Una problemática habitual en el método de redacción de una novela histórica es la obtención de un nuevo hecho histórico que desmienta aquel con el que ya estabas trabajando. Me explico. Supongamos que narras el asedio a una fortificación. Según los documentos que has estudiado, el cerco fue llevado a cabo por un ejército de tres mil hombres y comenzó en una determinada zona. Planteas tu novela en base a ese dato, hasta que un nuevo estudio desvela que, en verdad, aquel asedio no tuvo lugar, o bien no fue desarrollado en el momento o modo en el que se creía. Este tipo de descubrimientos a posteriori afectarán a tu novela, pues te obligarán a hacer cambios, a veces sustanciales. No obstante, tal y como he dicho en anteriores entregas de este cursillo, hablamos de ficción histórica, y en la ficción histórica tenemos permiso y derecho a alterar algunas cuestiones, siempre que lo hagamos con prudencia. Además, cuentas con una herramienta fundamental en el oficio de escritor: la imaginación. Cuando te veas en una situación como esta, no desesperes. Piensa y analiza la información que tienes. Imagina cómo puedes jugar con ella de manera ocurrente para que el descubrimiento que ha trastocado tu estructura juegue a favor de la narración y la acción dramática incluyendo nuevos personajes, un plan de asedio diferente… Siempre hay solución. Solo necesitas tiempo y paciencia. Lo que suponía un problema puede incluso permitirte esbozar una nueva hipótesis histórica. ¿Por qué no? La verdad está sobrevalorada y, con frecuencia, no es tan verdad como muchos historiadores y escuelas nos hacen creer.

Para los escritores que comienzan, lo recomendable es la primera opción, la de avanzar sin fijarnos en principio en la forma; porque existe la tendencia a querer que el escrito tenga un buen estilo, y vuelven a repasar y corregir continuamente. El problema en este caso es que no se avanza, o se avanza con una lentitud exasperante. Si en un mes no han pasado de las diez páginas, porque continuamente han vuelto sobre lo ya escrito, el efecto es de cansancio y desesperación. Por eso es mejor avanzar sin importarnos la forma, porque el hecho de ver 30 páginas en ese mismo mes nos anima. Es tiempo ganado, aunque después se deba repasar lo escrito. Un escritor con “oficio” conoce sus tiempos y equilibra la dedicación con el resultado, no se agobia por llevar poco avanzado ni pretende acelerar más de lo debido. Eso lo da la experiencia.

Hemos de pensar también que el trabajo de forma puede dar lugar a reestructurar la línea argumental. Ese es otro problema de los escritores que comienzan; y es que si no han pensado mucho, si no han madurado la idea y no la han estructurado bien, a medida que avanzan se encuentran con imprevistos. En novela histórica son demasiado los elementos que se deben tener en cuenta y no podemos permitirnos el lujo de correr. Un escritor que comienza necesita ver “páginas” escritas para tener la sensación de que avanza. Un escritor con “oficio” piensa mucho la historia antes de ponerse a estructurarla, y va a dedicar el tiempo necesario a que esa estructura sea lo más detallada y completa posible. Por eso después la forma avanza sin contratiempos, ya que prácticamente tiene previsto y controlado lo que va a escribir. Los escritores experimentados también dedican mucho tiempo a crear a sus personajes, con fichas extensas y detalladas de sus vidas y todos los aspectos que puedan imaginar, más aún cuando tratamos con personajes que vivieron en otro tiempo, con unas creencias diferentes. Eso repercute no solo en el tiempo empleado, sino en la calidad final, ya que son los personajes lo que crean la novela; cuanto más veraces, más consistente será la historia que narramos.

Importante: Una vez que decidimos escribir la novela, todo, absolutamente todo, está al servicio de la historia que creamos.

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