Cómo escribir una novela histórica (II): los personajes

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Por José Manuel Aparicio | Escritor, autor de Banderizos, premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda 2015 y fundador de Mundopalabras | @Escritor_JMA | Artículo del taller de novela histórica de XX Siglos que José Manuel está haciendo en este blog con carácter mensual y que hoy se centra en los personajes.

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Definamos qué es una novela.

novela.

(Del it. novella, noticia, relato novelesco).

1. f. Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.

La mejor manera de entender lo que es una novela es compararla con el relato. No obstante, en la definición encontramos unas características en las que hemos de fijarnos: “descripción”, “pintura de sucesos”, “caracteres, pasiones y costumbre”. La diferencia fundamental entre novela y relato es la extensión, pero no se debe a que tengamos un número de páginas que marca cuándo acaba el relato y cuando la novela. Lo que ocurre es que la novela se extiende precisamente porque describe, porque pinta sucesos, costumbres, etc. En novela histórica, esto implica un valor aún más profundo, pues detallamos sucesos que han tenido lugar en un tiempo nítidamente anterior al nuestro, lo que obliga, en mayor o menor medida, a estructurar un decorado temporal que puede condicionar la extensión de la obra.

En mi opinión, escribir páginas de más para recrear con detalle otra época es como poco, desde un punto de vista netamente narrativo, un bache que el lector ha de superar. Encuentro razonable que una novela histórica se prolongue algo más que una obra de otro género, pero hemos de procurar no pasarnos. He conocido muchos  grandes lectores que aseguran saltarse las partes más lentas y descriptivas porque no aportan a la acción dramática, que es lo verdaderamente relevante, y se aburren. ¿Qué sentido pues tienen esas páginas de más?

El relato se centra en un acontecimiento único, preciso, delimitado y exacto. La novela va y viene, admite diversos planteamientos, divaga, varía el foco de atención y son los personajes los que en realidad establecen esta diferencia. El escritor de ciencia-ficción Philip K. Dick, autor de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Blade Runner), dijo que un relato se centra únicamente en el crimen, mientras que una novela sigue al criminal. Esta frase nos resume bien una diferencia fundamental entre lo que es concebir un cuento o desarrollar una novela, y viene a significar que la novela sigue a los personajes e incluye sus acciones, reflexiones, relaciones…; mientras que el relato se centra en una acción o hecho puntual. Un relato está al servicio de una sola idea, de un acontecimiento preciso, y los personajes se limitan a trabajar para ese acontecimiento, son meros trabajadores al servicio de esa idea, de los que no nos interesa lo que piensan ni lo que sienten, ni su pasado ni su futuro; sus vidas narrativas se reducen a ese hecho. En la novela no, en la novela son los personajes los que han de construir la línea argumental que se ha definido, hasta el punto de que en ocasiones la pueden alterar. Los personajes viven, reflexionan, poseen un pasado y por inercia buscan un futuro más allá de la historia en la que les damos existencia. En el cuento los personajes están al servicio de la idea, que ya está construida. En la novela la idea se pone en manos de los personajes, son ellos los que la han de construir.

La novela histórica no es diferente del resto en cuanto a este patrón técnico, pero sí lo es en cuanto a la tentación de expandir las situaciones que atraviesan los personajes para definir diversos hechos y decorados históricos. Deseo insistir en este punto: es fundamental que la extensión adicional que puede sufrir una novela histórica juegue a favor de la narración, de lo que se cuenta, de los hechos y de la tensión entre los personajes. Si extendemos por extender, si describimos por describir, coartaremos la emoción de los acontecimientos, que es la condición indispensable para que nuestra historia funcione. Será como un buen menú (la novela) que arruinaremos si a los platos (los hechos y las relaciones entre personajes), les vertemos más sal de la debida. La escritura profesional de novelas consiste precisamente en eso: saber emplear los ingredientes adecuados y aplicarles el tiempo de cocinado preciso. Ni más, ni menos.

Importante: La idea en la novela la construyen los personajes. De su credibilidad depende el desarrollo de los acontecimientos. Es fundamental el tratamiento de personajes y sus relaciones. 

Los artículos del taller:

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