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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Adrian Shubert: “Nadie reclama la tradición de los muchos españoles que lucharon por la libertad en el siglo XIX”

Adrian Shubert (foto cedida por Galaxia Gutenberg)

El hispanista Adrian Shubert (Mánchester, 1953), catedrático de Historia en la Universidad de York (Canadá), se adentra en una figura importante y olvidada de la historia de España en Espartero, el pacificador (traducción de Eva Rodríguez Halffter, Galaxia Gutenberg, 2018). Y lo hace de manera minuciosa, compleja, en una obra que pretende convertirse  en una referencia canónica sobre el personaje, un Baldomero Espartero (1793-1879), general,  político, jefe del Estado, personaje clave de nuestra historia, y en palabras de este historiador “polémico” y “huérfano” en España. En algún momento del libro, por comparación, lo equipara al estadounidense Ulysses S. Grant. En verdad, la memoria de uno y de otro en sus países respectivos no admite mucha comparación.

Este olvido hacia la figura de Espartero, ¿prueba la complicada relación de los españoles con su historia?

Sí, sobre todo con el XIX. Espartero está más o menos olvidado, aunque su nombre suene a mucha gente. Eso pasa con casi todo el siglo XIX: está muy abandonado y sobre todo en la memoria pública. Salvo alguna cosa como el la Constitución de Cádiz y alguna cosa más.

Y eso que todas las tensiones del siglo XX en este país nacen de allí…

Es un siglo de grandes cambios, no solo en España. Es el siglo que crea el mundo contemporáneo que tenemos. Y en España tanto como en cualquier otro país. Es muy importante y complicado. Y quizá sea por eso por lo que se olvida, porque es tan complicado que da un poco de miedo. A mi me ha dado miedo, a veces (ríe).

El debate público sobre la historia en España se circunscribe casi en exclusiva al siglo XX…

Sí, y por siglo XX se entiende del 31 al 75, que es un 40% del siglo XX. Es el centro de debate y se entiende, porque es más reciente y hay más asignaturas pendientes. El XIX está más lejano. Pero eso no le quita importancia.

¿Por qué los españoles debemos recuperar la memoria del siglo XIX?

Si uno está preocupado por lo la dinámica que forman República, Guerra Civil, Franquismo, Transición y democracia, eso no empieza ex novo en el 31 o en el 23 con Primo de Rivera. Es la respuesta del historiador: hay que conocer los antecedentes históricos. También, desde otra perspectiva, es un siglo con muchos problemas, pero una centuria donde España cambia mucho y también tiene avances y logros, a pesar de todos los problemas, que son los que más quedan. España tiene un liberalismo muy precoz que es llamativo y quizá problemático por esa precocidad. En el siglo XIX, según mis cálculos, España tuvo más años de Gobierno constitucional que cualquier otro país del continente europeo, pero eso no se suele decir aquí en España. Es un hecho, que se puede interpretar, pero es importante. Pero no se comenta, no se discute… La guerra carlista, la primera, fue en término relativos más letal o igual que la Guerra Civil, que duró siete años y no tres y pico. Fue una guerra internacionalizada, fue importante, para la historia europea. Y hay estudios, pero pocos, pero no se lo he dado mucha importancia.

Y este fenómeno, ¿no ocurre en otros países?

En Inglaterra todo el mundo tiene cierta idea de la guerra civil del siglo XVII y Cromwell. Como historiador, mi oficio y responsabilidad es intentar reconstruir y explicar el pasado con los restos que quedan, no me toca sacar lecciones para los españoles, pero creo que sí podrían sacar algunas. No en clave triunfalista, pero sí reconociendo que en el siglo XIX había muchos españoles que lucharon por la libertad, tal como se entendía entonces, y tuvieron sus triunfos, también derrotas. Me llama la atención que esa tradición no la reclama nadie en España. Pero ya digo que a mí no me toca hacer la memoria pública española, pero si me tocara, diría que hay cosas para recordar. Me considero progresista y sé que el liberalismo decimonónico no era la democracia como la entendemos nosotros, pero era el progresismo de la época y trajo cosas mejores.

Detalle del retrato de Espartero del pintor Antonio María Esquivel (WIKIPEDIA)

De Espartero llega a decir que a él nadie le reclama porque no estaba muy definido políticamente…

Hablando en memoria, es que no encaja hoy en día, ni parece que encajó nunca después de su vida. No encajaba ni en la Restauración porque Cánovas no quería a militares intervencionistas; en la República, tampoco; Franco no quería un militar liberal; la democracia tampoco quería militares; ni en Euskadi y Cataluña querían centralistas. Y eso no le pasa solo a Espartero. No encaja automáticamente en el imaginario de los regímenes posteriores.

Quizá, es el peligro de juzgar a una figura histórica con los valores del presente…

Sí, pero si hubiera más conciencia del siglo XIX, más interés y reconocimiento, reconocer que no todo fue un desastre y que se puede trazar los orígenes de la tradición democrática en la tradición liberal de entonces, esas figuras se podrían valorar de otra manera. No eran héroes inmaculados, a nuestro gusto, pero eran personas de su tiempo. Si se trata de crear una tradición, un relato, unos orígenes, como se hace en otros países, como Reino Unido que empiezan con la Carta Magna, son historias útiles. Lo hacen todos los estados, crean sus historia útiles. Pero es muy complicado, lo sé.

Ha trabajado con el archivo privado de Espartero, ¿qué claves le ha dado para meterse en la psicología del personaje?

He tenido la gran suerte de trabajar con el archivo privado de Espartero que los duques de la Victoria actuales me han dejado con mucha generosidad. Ahí, sobre todo, las cartas que escribió a su mujer durante la Guerra carlista, algo más de 600, y donde él se abre. No era en general muy dado a la autoreflexión, pero en algunas cartas a su mujer se ve algo más. En una cuenta que había participado en una acción bélica y le cuenta a su esposa que sentía las balas pasar y confiesa: “Me sentía tan vivo”. Es un hombre que, siendo general en jefe de un ejército de 200.000 hombres, se pone al mando de un puñado para participar en una pequeña escaramuza. Por lo demás, no habla mucho en ningún sitio de cómo se sentía. En una carta, su mujer a otra persona cuenta de que su marido “recorta los artículos ridículos de prensa”. Él no está mucho en Madrid, y cuando no estaba obligada a estar aquí se largaba a Logroño, donde estaba a gusto. En otra carta, su mujer se quejaba de su mal humor y deseaba que llegara el buen tiempo para que pudiera ir a su finca a plantar robles. Era un hombre muy sencillo.

¿Y poco ambicioso?

Sí, no tenía mucha ambición por el poder. Él tenía mucho dinero, no ambicionaba ‘la pasta’. Lo que sí le gustaba era la adulación, ser el héroe. Pero no tenía talante de político, no le gustaba ese trabajo, como a O´Donnell o Prim. No tenía ni ambición ni talento político. Se sentía obligado porque se creía, tras el abrazo de Vergara, que él entendía mejor nadie los deseos del pueblo español. Eso era de una arrogancia tremenda. Era un personaje tremendo.

Presta mucha atención a la figura e influencia de su esposa. Tras el año del #Metoo ¿es obligado rescatar a las figuras femeninas?

Llevamos muchos años con la historia de género o lo que antes se llamaba historia de la mujer. Ahora hay un interés reciente sobre el XIX en explorar un concepto más amplio del poder político, las influencias que pudieron ejercer y ejercieron entre bastidores las mujeres como la condesa de Mina, Concepción Arenal, figuras no tan conocidas pero que tuvieron un papel destacado… Y yo metería ahí a la mujer de Espartero, porque está claro que ella funcionó, sobre todo en los últimos años de la guerra carlista, como intermediaria entre él, que estaba en el norte y en Cataluña, con la Corte y el Gobierno. Él le decía “ve a ver a tal ministro”, o “dile a la madre de la reina otra cosa”. Durante la Regencia, uno de los temas era si iba a ver un tratado de comercio con Inglaterra, Espartero quería, pero era muy difícil, los catalanes no querían, los progresistas estaban divididos, los moderados sacaban propaganda diciendo que Espartero era un vendido. Pero él estaba intentando llevar el tema adelante, y si no estaba en Madrid se comunicaba con el embajador en Madrid a través de su mujer. No era un cargo público, pero tuvo un papel político.

Después de un trabajo tan monumental, ¿le queda algún misterio sobre la figura de Espartero a Adrian Shubert?

Si tuviera que elegir un momento concreto diría que me gustaría saber  qué hizo y por qué en los últimos días del Bienio Progresista, cuando O`Donnell se levanta contra él y desaparece. Un año después se publica una explicación, pero la escribió un antiguo exministro a petición de la mujer de Espartero. Para mí es su momento más bajo y me gustaría entenderlo. ¿En qué estaba pensando? ¿La explicación que se hizo pública fue la verdad?

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3 comentarios

  1. Dice ser Sabu

    Bajo mi modesta opinión España perdió una ocasión de oro cuando Napoleon secuestró a la real familia borbónica, ahí tendríamos que habernos quedado quietos y dejar que Francia nos iluminara y gobernara para ponernos al nivel de Europa y del mundo ilustrado y moderno. Pero lamentablemente nos pusimos a defender a una familia de sinvergüenzas que lo único que han hecho es robar , empobrecer y dar las riendas del estado a sus pelotas curas y terratenientes medievales.

    31 octubre 2018 | 08:49

  2. Dice ser Fran

    El gran problema de España es que los estudiantes (que después van a conformar el pueblo de la nación) NO ESTUDIAN el siglo XIX en las escuelas. Yo tengo 48 años y en mi época de bachillerato, allá por 1984-1988, si en algún año se estudió historia contemporánea, el siglo XIX y la Edad Moderna pasaban completamente desapercibidos.

    Es como si después de la Guerra de Independencia contra Napoleón, se acabase la Historia española. Fíjate que ni siquiera se nos enseñan las guerras que mantuvimos en América en el proceso descolonizador. Es pasar de 1812 al desastre de 1898. Se nombra que los reyes fueron Fernando VII e Isabel II, se habla de la Ley Sálica que permitió a ésta reinar… pero se deja de lado la complejísima política del siglo XIX.

    Se nombra a Sagasta y a Serrano, a Prim y otros señores que solo te suenan porque tienen una calle. Verdaderamente los culpables de esto son la mala planificación del currículum educativo, que tiene esta parte al final de un año abarrotado de materias… y como los profesores siempre van retrasados, se da muy de pasada. Podría haber sido simplemente mi clase, pero pregunto y esto se perpetúa en el tiempo. ¿Lo mismo pasó en los 90 y en los 2000? Se enseña de pasada, rápido, y MAL.

    ¿Resultado? Pues que la población española en general, no conocemos nuestro siglo XIX. La politización absoluta de la sociedad y de los directores de cine como parte de ella, nos meten hasta en la sopa el socialismo, el franquismo, la guerra civil de 1936 (como si hubiese sido la única) y demás zarandajas del siglo XX, como si el siglo XIX no hubiera existido, y como bien apuntas tú en el artículo, algo que fue crucial en el devenir posterior, por qué los españoles somos ahora como somos, nuestros odios actuales. De aquellos barros vinieron estos lodos.

    31 octubre 2018 | 13:41

  3. Dice ser Caradoc

    Siento discrepar con Fran pero el siglo XIX español tiene una presencia destacadísima en el actual currículo escolar… al menos eso es lo que dice la ley, en lo que pasa en el día a día de cada colegio e instituto del Estado y como se enseña la asignatura no me meto. Como alguien que ha vivido esta realidad desde las dos “caras” (estudiante y docente) afirmo que el siglo XIX es una parte clave en el actual currículo, con un gran protagonismo. No hay más que ver la distribución de los estudios de Historia de ESO y Bachillerato, donde la Edad Contemporánea se “come” a las otras 4 Edades: en 1º de ESO dan los críos Prehistoria e Historia Antigua (medio curso para ambas, porque el otro medio está para Geografía), en 2º Edad Media y Moderna (es una salvajada meter estas dos edades tan complejas en un solo curso), en 3º nada porque la ley dice que sólo se da Geografía (aunque algunos centros hacen un poco de “trampa” y trasladan la Moderna a 3º, no se si es legal pero lo comprendo), y 4º y los dos Bachilleres se dedican a la Historia Contemporánea, es decir, Revolución Francesa, siglo XIX y siglo XX, tanto en su dimensión nacional como internacional. Luego 1º de Bachillerato tiene Historia Contemporánea del Mundo, y 2º se llama Historia de España pero en realidad en esta asignatura de nuevo vemos que la Edad Contemporánea se “come” a todo lo que va de la Prehistoria a la Moderna, que pasa a un segundo o tercer plano. El siglo XIX español actualmente no está olvidado ni desatendido, yo personalmente tuve que aprendermelo todo: Guerra de Independencia, Fernando VII, Isabel II, Mª Cristina, los carlistas, Espartero, los vaivenes de liberales y conservadores, 2ª República, Amadeo de Saboya, Cánovas, Sagasta, el Turno, Cuba… Tal vez falle el enfoque o la metodología pero lo cierto es que el s. XIX de nuestro país se estudia en dos cursos (4º ESO y 2º Bach), por lo tanto yo no diría que esta época está olvidada o desatendida, más bien son la Prehistoria, la Historia Antigua, la Medieval y la Moderna las que están olvidadas o relegadas respecto a la Historia Contemporánea.

    31 octubre 2018 | 17:52

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