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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Pilar Tejera: “Resulta curioso que la reina Victoria, la mujer más poderosa del siglo XIX, hiciera tan poco por mejorar la vida de sus coetáneas”

Fotograma de la película ‘Pasaje a la India’.

Pilar Tejera (Madrid, 1958), historiadora y periodista de viajes y creadora de la web Mujeresviajeras.com, ha dedicado su último libro, Casadas con el Imperio (Esfera de los Libros, 2018) a un grupo de fascinantes mujeres victorianas que habitaron o visitaron la India británica. Un marco histórico exótico y apasionante, y unas historias de unas mujeres realmente atractivas. Por sus páginas desfilan Eliza Fay, Maria Graham, Ruth Coopland, Charlotte Canning, Flora Annie Steel, Edith Lytton, Violet Jacob, Mary Curzon o Edwina Mountbatten, la última virreina de la gran colonia británica.

¿Fueron esas mujeres adelantadas a su época o mujeres que supieron amoldar los corsés de su tiempo a sus deseos?

Aquella fue una época fascinante. Cientos, miles de mujeres, fundamentalmente inglesas, abandonaron la comodidad de sus hogares, y salieron propulsadas a destinos muy lejanos y distintos a lo que conocían, como la India. Hubo de todo. Pero el denominador común a todas ellas fue la fortaleza, el tesón, la capacidad de adaptación. Para empezar, las travesías en barco, eran experiencias terribles y larguísimas, donde el hambre acechaba cada día. Luego el destino en sí, el calor, la humedad, los olores, la falta de comodidades, la soledad, el miedo, el acecho de las fieras, de las serpientes, lidiar con gente que habla un idioma distinto, mudarse de casa cada dos por tres en muchos casos… La inseguridad, el azar, la fatalidad, eran, en aquel entonces, sinónimos de un gran viaje. Hay una cosa clara, y es que rompieron con los clichés victorianos de que la mujer era un ser indefenso e inútil. En ese sentido abrieron camino, lograron cambios en la percepción social de la mujer. Para bien o para mal, la India se instala en sus cerebros. Echa por tierra sus ideas preconcebidas, su educación, las lecciones aprendidas… Las que se quedan allí, tienen que aprender persa, hindostaní, urdu..

La India supone un desafío, pero si quieren sobrevivir, saben que adaptarse a aquello es una de las mejores opciones. Al principio, bajo su perspectiva británica, las barriadas nativas, la gente semi desnuda, los tullidos, los pedigüeños, los brahmanes y santones, la gente apañada, el sofocante calor, la severidad de los olores, las viudas auto inmolándose en las piras, casi pueden con ellas. No es como ahora, que uno ha visto documentales, películas sobre un destino que no conoce. En aquel entonces, se descubrían sobre la marcha. En tales experiencias, por regla general, no había placer sino pura supervivencia. Y gracias a sus diarios y obras, conocemos aspectos de aquella época, que los hombres obviaban en sus libros. Lo que resulta más fascinante al leer sus escritos, es la humanidad, la agudeza, la serenidad, la inteligencia, con la que están narradas sus experiencias…

Este año hemos vivido una jornada feminista con una movilización histórica y el debate sobre el feminismo está en efervescencia, ¿es síntoma de que esta generación necesita volver a contar la historia destacando y marcando su lado femenino?

Yo creo que con los años, y con perspectiva, se contemplarán las cosas de otra forma y se verá que las mujeres siguen caminando por una senda que abrieron sus tatarabuelas, a finales del siglo XIX. Sigue habiendo necesidad de cambiar cosas. No habría que pedirlo en pleno siglo XXI. Pero es lo que hay. Los años pasan, y las siguientes generaciones siguen luchando a base de tesón. La historia se escribe cada día. No hay un antes y un después, y eso lo vemos muy bien en el libro que empieza con el palanquín, y concluye con la última virreina subida en una avioneta y participando en las reuniones políticas con los principales líderes indios. Es un retrato de la evolución de la mujer victoriana, a la mujer moderna, de los cambios, las concesiones, los avances que permiten su protagonismo en algunas situaciones, y las rescata de las bambalinas.

La India británica -y en general el siglo XIX- tiene un halo romántico que se ha afianzado a través de la literatura y el cine. ¿Es difícil sacarse esos clichés cuando una se pone a escribir un libro como este? ¿O son esos clichés, de Kipling, de Lean, de Huston, de Conrad, herramientas de las que pueden servir de gancho para el lector?

Bueno, muchos de esos clichés, son producto de una realidad. Aquella era una época de claro dominio masculino y dependencia femenina. Una época en la que ellos actuaban, ellas reaccionaban. La feminidad estaba asociada a la debilidad. Cuanto más débil fuera una mujer, más atractiva resultaba. En palabras del capitán William Alexander, el héroe de los motines cipayos (las revueltas de los indios contra la dominación inglesa que se produjeron en 1857): “la mujer debe entregarse a una vida sedentaria, a una dieta de abstinencia, debe evitar el aire fresco ya que su debilidad física es fuente de los más finos y delicados sentimientos por los que tanto la admiramos y valoramos”.

Para la mentalidad y la ley victoriana, la mujer era educada desde su niñez para ser madre y esposa, era programada para ser pasiva, como mucho receptiva, intuitiva. Punto. Una dama debía ser protegida porque no podía protegerse a si misma. No podía tener propiedades a su nombre o disponer de su dinero. Su belleza radicaba en su fragilidad. Las mujeres no tomaban decisiones. No bebían alcohol. No fumaban. No pensaban. No opinaban. No desempeñaban puestos en el servicio público, ni cargos de responsabilidad. No tenían acceso a determinados clubs. A determinadas universidades. No practicaban ciertos deportes. Todas ellas eran criaturas sin entendimiento para la política. Eran seres impulsivos. Sensibleros. Impredecibles. En una época en la que ninguna inglesa respetable osaba caminar sola por Picadilly, Regent Street, o Leicester Square, pues de hacerlo se arriesgaba a ser amonestada, acosada, o peor aún, considerada una mujer de “vida licenciosa”, resultaba impensable que la mujer pudiera desempeñar un trabajo remunerado, votar, o viajar en solitario. En el caso de destinos como la India, podía permitirse el lujo de pasar tiempo languideciendo en las habitaciones oscuras protegiéndose de los rayos de sol con las persianas bajadas, permaneciendo largas horas postradas como inválidas. La inactividad y el letargo era privilegio suyo.

Resulta curioso que la reina Victoria, la mujer más poderosa del planeta en el siglo XIX hiciera tan poco por mejorar la calidad de vida de sus coetáneas, por otorgarles mayores derechos, por garantizarles una mayor consideración a ojos de los hombres y de la sociedad en general.

La India colonial era un sistema injusto por definición… pero ¿quizá el proceso descolonizador, siendo de justicia, no dejó un panorama mucho más idílico?

Lo cierto es que no debió resultar fácil para ninguna de las partes. Después de 300 años de dominio, para los ingleses fue una experiencia dolorosa y difícil, para los habitantes de la India, y más aun teniendo en cuenta que el país se desgajaba en dos, (India y Pakistán), fue una prueba casi imposible de superar durante los primeros años. Un país tan inmenso, con una población enorme, (400 millones en aquel entonces), con distintas religiones, idiomas, credos, razas, que de pronto tiene que empezar a caminar solo. El Imperio era sinónimo de maldición para la India, pero el precio de la libertad fue muy alto también. Todo el país se encaminó a un lugar desconocido. La mayor parte del trayecto lo hizo a tientas, sin mandos, sin frenos, sin faro, sin guía. Tan sólo a fuerza de voluntad. Es encomiable que lo lograran.

¿Cómo valoraría el papel que tuvo en él una de sus protagonistas, Edwina Mountbatten?

Edwina fue la artista apropiada para el papel que le tocó representar. Tanto ella como su esposo, poseían la inteligencia, la sangre fría, la elegancia, la educación, la humanidad, precisa para aquel proceso. Lo que se les encomendó, se trataba de una “misión suicida”. Ambos formaron un binomio explosivo, un binomio que interpretó el último vals imperial de la India con la pasión que caracterizó a ambos.

La diplomacia fue un instinto innato que les acompañó en todos sus actos, en sus palabras… Edwina, además, tenía una forma tan sutil de deslizarse por la vida, de lograr sus objetivos, que ni siquiera quienes la conocían, se percataban de aquella compleja trama que ella desplegaba sin ser consciente de ello. Poseía una voluntad de hierro, una presencia arrolladora, envolvente y sibilina. Nadie que la tratara pudo afirmar jamás que pasara inadvertida. En febrero de 1960, cuando Isabel, reina madre de Inglaterra, supo que los restos de Edwina Mountbatten habían sido arrojados al mar, lo primero que se le ocurrió decir fue: “A la querida Edwina siempre le gustó salpicar”. La frase, es lo suficientemente elocuente para definir el espíritu que caracterizó a la última virreina de India. Pero además, se involucró en ayudar al pueblo, no desfalleció en los campos de refugiados… y eso es algo que el pueblo indio no olvidó jamás…

En un mundo donde todo parece estar en un click de ratón o un golpe de dedo, ¿el viaje, el adentrarse en lo diferente, como hicieron estas mujeres sigue teniendo el mismo valor?

Son épocas diferentes, mentalidades distintas, pedimos otras cosas, partimos con la cabeza mueblada de forma diametralmente opuesta, viajamos de otra forma, el tiempo transcurre a otra velocidad… no es comparable. Ahora hay que armarse de paciencia para viajar. Antes había que armarse de valor. Se hacía testamento, una mujer embarcaba embarazada de 2 meses, y cuando llegaba a puerto su hijo había nacido y ya correteaba por la cubierta. Te enviaban a la India, y dejabas en Europa a tus hijos, para protegerles de los peligros de un destino como aquel. Tal vez no regresabas jamás a Inglaterra, y no volvías a verlos… Uff, fue una época durísima en muchos sentidos, pero también, romántica, intensa… Adentrarse en lo diferente siempre entraña algún riesgo pero hoy viajamos en avión, llevamos agua embotellada, seguro de repatriación, anti palúdicos, tarjeta de crédito… yo creo que no es comparable.

El lector y la lectora del siglo XXI, ¿por qué debería interesarse por estas viajeras del imperio británico?

Nos da perspectiva de nuestra época, de nuestra forma de viajar, nos adentra en un mundo fascinante, exótico, cargado de aventuras, de misterio, que se ha desvanecido. Nos enseña a valorar lo que tenemos. Las comodidades de las que disponemos. Se ha escrito muy poco en español sobre la India británica, se trata de un capítulo de la historia riquísimo en sucesos que nos sitúa en el siglo de las exploraciones, y nos traslada a una época marcada por el sonido del ferrocarril, el olor de las hogueras, el olor a especias, los barcos de vela.. una época, sin duda fascinante.

¡Buenas lecturas!

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3 comentarios

  1. Dice ser Cide Hamete

    No tengo ni idea que quién es esta señora, ni de su curriculum universitario. Pero decir que una reina inglesa del s. XIX no se preocuba de “mejorar la vida de sus coetáneas” es de una simpleza abisal. Y decirlo con sorpresa, cómo si fuera un descubrimiento de ahora mísmo, me deja anonadado

    No se si ha sido la adaptación del entevistador o un lapsus, o que. Pero en el s. XIX la mujer era poco más que un objeto usado para el cambalache. Recomiendo leer cualquier novela de Charles Dickens para ver “cómo” era el Imperio inglés. O en España, alguna del grandísimo don Benito Pérez Galdós. Prestando atención a los pequeños detalles de los personajes secundarios y a las descripciones de la vida diaria.

    Gracias a la suerte, hemos nacido y vivido a fines del s. XX y principios del XXI en uno de los pocos países avanzados del mundo.

    01 agosto 2018 | 10:33

  2. Dice ser Goiman

    Lo que parece curioso es que a estas alturas algunos iluminados como la tal Pilar se crean en situación de soltar semejantes majaderías como si fueran meditaciones de una inteligencia superior…….y es que solo alguien muy ignorante se pone a juzgar el pasado desde un punto de vista actual.

    01 agosto 2018 | 13:41

  3. Dice ser Lola

    Hola ¿Era la reina Victoria feminista?

    01 agosto 2018 | 15:29

Los comentarios están cerrados.