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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Pedro Santamaría: “No hay descripción que supere la de Flavio Josefo sobre el apocalíptico asedio de Jerusalén”

El escritor Pedro Santamaría.

Como hormiga laboriosa, el santanderino Pedro Santamaría sigue a su ritmo de novela histórica. Lo complicado no es (o no sólo es) seguir ese ritmo de escritura, sino lograr que cada novela suponga un paso adelante, equilibrar la continuidad de su universo ficcional y el ofrecer algo nuevo. Él lo logra. Si en 2017 Godos nos gustó, en 2018 , con Al servicio del imperio, ha logrado la que, no tengo muchas dudas, es su mejor novela: la más ambiciosa, la más redonda. Su visión de la revuelta judía desde el punto de vista de unos legionarios auxiliares cántabros logra levantarse como una novela épica, llena de aventuras y batallas, una historia de gran calado emocional, pero también una obra que nos traslada a la Antigüedad y nos ofrece un ramillete de reflexiones válidas hoy. Hace poco, os la recomendaba como una de las novelas históricas para este verano.

¿Cómo nace Al servicio del imperio?

Al igual que Okela y Peña Amaya, Al Servicio del Imperio tiene su origen en el libro Cantabria Antigua, de Joaquín González Echegaray, insigne historiador y arqueólogo cántabro. No sé cuántas veces leí ese libro que recorrió en mi mochila miles de kilómetros cuando era un chaval. En él leí por primera vez aquella cita de Estrabón que decía que los espartanos habían conquistado parte de Cantabria, en él leí también sobre la toma de Peña Amaya por parte de los visigodos y, cómo no, sobre aquellas dos cohortes cántabras que habían estado al servicio del imperio. Esta novela marca, hasta cierto punto, un fin de ciclo, el pago de una deuda contraída con la imaginación del adolescente que fui.

Aunque hay varios puntos de vista en la novela, contar el mundo militar romano desde los ojos de los auxiliares no romanos le da muchas oportunidades narrativas…

Sin duda. Sin conflicto no hay novela, y con un grupo de muchachos que se alistan sin tener ni idea de lo que están haciendo, las líneas de conflicto son infinitas. El conflicto bélico en sí, esto es la revuelta judía, el conflicto interno de servir a un imperio al que detestas teniendo que poner orden en un lugar que no comprendes y que es completamente diferente a todo lo que has conocido, enfrentándote a gentes cuya lucha contra el poder establecido no te es ajena. Luego está el conflicto entre los propios auxiliares, cada uno de ellos con sus propios objetivos y razones, el conflicto con los oficiales, la exposición al latín, al arameo… Hubo momentos en los que estuve tentado a escarbar mucho más en todos estos aspectos, pero las tramas secundarias se hubieran multiplicado.

Hay varias batallas y asedios en la novela, pero dedica la parte final al asedio sobre Jerusalén que llevó a cabo Tito… ¿Cómo se documentó para esta parte y cómo lo enfocó a la hora de ficcionarlo? Estoy casi seguro de que ahí ha escrito los pasajes más duros y salvajes de toda su obra. Hay varias partes que ponen los pelos de punta…

No hay descripción que pueda superar la que hace Flavio Josefo sobre el apocalíptico, claustrofóbico y desesperante asedio de Jerusalén. Sin embargo, antes de escribir me lancé también a una sesión de lectura sobre los grandes asedios de la historia, entre ellos el de Alesia, el de Constantinopla y el de Malta, asedios que ya conocía pero que conviene refrescar de vez en cuando. Puede que, como dices, sean los pasajes más duros de mi obra, pero lo cierto es que me he cortado muchísimo en mis descripciones. Por duras que puedan parecer no dejan de ser esbozos extremadamente resumidos de la desesperación que supone un asedio llevado a sus últimas consecuencias.

Más allá de lo histórico, lo bélico y las aventuras de todos los personajes, uno de los temas transversales de la novela es el choque de religiones y el fanatismo. En la nota final, habla usted de la negativa importancia de los fanáticos, aunque sean minoría ¿Es un mensaje necesario a día de hoy?

¿Necesario? No lo sé. Si hablamos sobre la actualidad, se trate de neo-nazis o de islamistas radicales, siempre se repite el mantra de que “son una minoría”. Este mantra, que se supone debe servir para calmar los ánimos cuando los primeros matan a palizas a los inmigrantes o cuando los segundos entran a tiros en una revista satírica francesa, a mí me enerva. El fanatismo es minoritario por definición, pero se vuelve contagioso y se apodera poco a poco de sociedades enteras, aunque solo sea por el silencio de las mayorías. Las minorías importan y, muchas veces, son las que marcan el devenir de la historia. Es más, la mayoría suele ser irrelevante.

Para hablar de ese tema crea un personaje estupendo, un ateo de la Antigüedad. Habrá quien piense que es un personaje fuera de tiempo, pero no es así, ¿verdad?

Efectivamente. Yo diría que el ateísmo es tan antiguo como la religión. Al fin y al cabo, estoy convencido de que la primera vez que un hombre dijo “hay que hacer esto porque lo dice Dios”, hubo alguien que preguntó “¿Y tú cómo lo sabes?”. Como decía Christopher Hitchens, la religión es nuestro primer intento como especie de dar sentido a las cosas en un mundo aterrador y, para el ser humano, es mejor diseñar una teoría de la conspiración que no disponer de teoría alguna. La filosofía griega nace como reto a la religión, los filósofos pretendían explicar el mundo mediante la razón, los terremotos no los provocaba Poseidón, ni las tormentas Zeus, las erupciones volcánicas nada tenían que ver con el enojo de los dioses, ni los eclipses. El sol, según Anaxágoras, no era un dios, sino una bola incandescente más grande que el Peloponeso. Aristóteles concebía a dios, sencillamente, como una causa primera, completamente ajena al devenir de los acontecimientos mundanos. Teómaco, ese ateo de la antigüedad, hace uso de argumentos que se remontan a los atomistas, a Epicuro y a Lucrecio. Y, aunque parezcan muy actuales, forman parte de los cimientos mismos de nuestra civilización.

[ENTREVISTA CATHERINE NIXEY: “Los cristianos arrasaron el mundo pagano”]

Al servicio del imperio es una historia de amor y camaradería, de relaciones más allá de ideologías, frentes y contextos. ¿Al final, la vida, entonces y ahora, se reduce a eso?

Si pudiéramos reducir la vida a un puñado de frases, no harían falta novelas.

Desde que le conozco, siempre me dice que huye de cualquier presentismo, pero en sus novelas siempre encuentro ganchos ya sean emocionales o intelectuales con el lector de hoy. Ya sean buscados o inconscientes, la novela histórica tiene que buscar la empatía del lector contemporáneo para ofrecerle un verdadero viaje en el tiempo, ¿piensa así Pedro Santamaría?

Huyo de presentismos, sí, pero eso no quiere decir que no podamos vernos reflejados en tiempos pasados. Hay temas que son tan antiguos como el hombre mismo. Es cierto que, en algunas ocasiones, escribo influido por situaciones actuales que se parecen en extremo a situaciones pasadas, pero de ahí a caer en el presentismo hay un abismo. Ahora, por ejemplo, estoy planteando una novela sobre la Guerra del Peloponeso y estoy describiendo la liga de Delos sin apartarme de la historia. Salvando las distancias, la actitud de Atenas durante el conflicto, y para con sus aliados, me recuerda a la UE actual con Alemania a la cabeza. No puedo evitarlo. De hecho, siempre he puesto la liga de Delos como ejemplo cuando hablo de política europea. ¿Se puede hablar del presente mediante el pasado? Por supuesto, pero sin dejar de hablar del pasado y sin necesidad de recurrir a ideas y argumentarios actuales. La historia se basta sola para que el lector enlace paralelismos.

¿Qué es para Pedro Santamaría la novela histórica?

Una necesidad.

Tire de memoria, ¿cuáles son los primeros recuerdos que tiene sobre su gusto por la historia y la novela histórica?

Dice mi madre que la primera película que vi, con tres años, fue Los Diez Mandamientos. Quizá eso explique muchas cosas. Yo no me acuerdo de esa primera experiencia cinematográfica, aunque me han contado tantas veces la historia que creo que se me ha creado un recuerdo ficticio. Lo que sí recuerdo son unos pequeños libritos sobre mitología griega, una colección para niños en la que se contaban las aventuras de Ulises, de Hércules y de Jasón, la Guerra de Troya… me apasionaban. De hecho, aún conservo uno de ellos, el de Ulises, que mi hija tiene siempre cerca y que, como yo, ha leído un montón de veces. También tenía cajas y cajas de soldaditos de plástico de todas las épocas, de esos que se vendían en sobres y que costaban, ya no recuerdo si cinco pesetas o cinco duros y, con ellos, recreaba batallas de la historia y otras que me inventaba. Recuerdo también cuando me regalaron aquel megavolumen Crónica de la Humanidad que salió en los ’80 y que relataba la historia del mundo mediante noticias que parecían de periódico. ¡Cuántas horas me pasé leyendo ese libro! ¡Viendo cómo los imperios crecían y se desmoronaban! ¡Mirando los esquemas de las batallas de Leuctra y Gaugamela! ¡Los mapas de la máxima extensión de tal o cual imperio!

Y ahora una frikada, un recuerdo. En tiempo de exámenes, cuando tenía catorce o quince años, hice un plano de la batalla de Gaugamela uniendo dos folios tamaño A4. Dibujé las diferentes unidades del imperio persa y del ejército macedonio. A las unidades del imperio persa les asigné el nombre de las asignaturas que tenía que estudiar, y las unidades del ejército macedonio el tiempo de que disponía. A medida que iba estudiando, dibujaba los movimientos de “mis tropas” contra las “tropas” del enemigo. Ya ves…

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3 comentarios

  1. Dice ser Los átomos vencen a las letras

    Hilary Putnam (1926-2016), filósofo, matemático e informático teórico estadounidense.

    Los libros de Historia no hablan del pasado sino de los datos que posee el historiador y de la moral que le aplica.

    Jajaja El pasado que no has vivido no es pasado ni es nada solo es dialéctica aprovechando el poder del lenguaje verbal. Vive lo que te queda que la realidad es relativamente material y está fuera de los libros.

    20 julio 2018 | 15:47

  2. Dice ser manfreddo

    Ver: g80 22/12 pág. 16 Josefo… historiador idóneo para su materia, Jw.org

    21 julio 2018 | 17:04

  3. Dice ser MANFREDDO

    Las fascinantes crónicas de Josefo
    https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/1994208

    26 julio 2018 | 01:02

Los comentarios están cerrados.