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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

El Monasterio: Santa María de Veruela y sus misterios

Luis Zueco, en el claustro de Veruela (Cedida por el autor)

El escritor Luis Zueco (Borja, 1979) concluye su exitosa trilogía medieval con El monasterio (Ediciones B, 2018) que acaba de llegar a las librerías españolas. Tras trasladarnos a la épica construcción de Loarre, con El castillo, y las conspiraciones que sacudían al Albarracín medieval, en La ciudad, en esta ocasión el autor aragonés nos traslada a Santa María de Veruela. Sobre la historia, y los misterios, de ese histórico enclave escribe hoy el propio autor en XX Siglos.


El Monasterio: Veruela

Por Luis Zueco | Escritor | @luiszueco

El monasterio de Santa María de Veruela, a las faldas del misterioso pico del Moncayo, fue una de las principales fundaciones cistercienses en toda España y la primera en el Reino de Aragón.

Actualmente, cuando pensamos en un monasterio, nos viene a la mente su iglesia y su claustro, que es lo que solemos visitar en cualquier visita turística. Pero un monasterio medieval era mucho más, se trataba de un verdadero microcosmos autosuficiente donde la comunidad labraba sus tierras, percibía las rentas de los lugares bajo su jurisdicción; desde castillos, a granjas y poblaciones. Criaban su ganado y vendían la carne, disponían de talleres artesanos de todo tipo: carpintería, calzado, lanas, armas, etc. Y, muy importante, elaboraban su propio vino.

Eran monjes, y por supuesto, rezaban, meditaban, disponían de una valiosa biblioteca, copiaban códices y organizaban la vida espiritual de sus dominios, pero no se dedicaban a predicar ni a discusiones teológicas.

Todos los monasterios del Císter eran idénticos, daba igual que estuvieran en el Reino de Aragón, en Castilla o en Inglaterra. Sus edificios seguían el mismo patrón y disposición, vestían igual, se organizaban por la regla de san Benito y se comportaban de la misma manera. Podemos decir, que estos monasterios fueron la primera multinacional de la historia.

Los monasterios eran centros económicos y de poder, para lograrlo, buscaban grandes extensiones de tierra, que con sus conocimientos lograban poner en valor. Hoy vemos en Veruela un lugar rico, pero a mediados del siglo XII era agreste y pantanoso, y los monjes tuvieron que trabajar duro para hacer de él un terreno prospero, en paz y alejado de las supersticiones y las otras religiones que lo regían.

Este monasterio sufrió, en la segunda mitad del siglo XIV, la temible guerra de los dos Pedros, entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. El conflicto armado más importante entre reyes cristianos durante toda le época medieval española, que arrasó toda la frontera castellano-aragonesa y que se internacionalizó al convertirse también en campo de batalla de la guerra de los Cien Años entre ingleses y franceses.

Veruela era un centro de poder, como muestra de su prestigio, albergó el sepulcro de un infante de Aragón, el primogénito del rey Jaime I, el Conquistador. Y donde hay poder y riquezas, siempre surge la corrupción, la envidia, las intrigas y la traición. En eso no nos diferenciamos tanto de los monjes, ni ahora ni hace seiscientos años.

Su creación surgió cuando Don Pedro Atarés, señor de Borja, cedió en 1146 a la Orden del Císter un amplio paraje en las faldas del montaña más alta del Sistema ibérico, el legendario pico del Moncayo.

El Císter pronto estableció en este aislado lugar una comunidad de monjes blancos que comenzó roturar y organizar aquel territorio recién reconquistado a los musulmanes, con el objetivo de consolidar y atraer población cristiana.

Los muros del monasterio de Veruela comenzaron a elevarse a los pocos años, su núcleo principal se erigió hacia 1160-1190, aunque las obras siguieron completándose hasta mediados del siglo siguiente.

Debido a este largo periodo constructivo, tenemos elementos de raigambre románica, sobretodo en los ábsides, como los frisos de ajedrezado jaqués o las ventanas abocinadas en medio punto, así como la estructura y configuración formal de la portada. Que conviven con elementos formales ya plenamente góticos, como los arcos apuntados del templete donde se aloja el lavatorium o la magnífica torre-puerta que conforma la entrada al recinto.

Esta es una las fascinantes particularidades de Veruela, nos permite recorrer, en un solo edificio, la evolución de los principales estilos artísticos cristianos de la Edad Media.

Pero Veruela es sobre todo uno de los monasterios que mejor ha conservado sus características cistercienses. San Bernardo de Claraval, principal impulsor de la Orden del Císter, estaba en oposición al uso de imágenes pintadas y esculpidas. Escribió textos contrarios a la ornamentación de los templos cristianos, que a su juicio distraía el espíritu en lugar de inducirlo a la oración. Y promovió la construcción de monasterios con una absoluta pureza de líneas, donde manda la austeridad.

Como ejemplo de edificación cisterciense, se halla totalmente rodeado por una alta muralla jaleada por torreones. Para construirla se utilizó piedra de calidad y bien trabajada, se contó con buenos artífices que llevaran a cabo un plan monástico donde estaba estudiado hasta el último detalle: funcional, armónico y cuya desnudez formal no impide que se creen espacios de una belleza sin igual, impactante en su propia sobriedad.

Dentro de todo el conjunto monástico, destaca monumental la iglesia, de dimensiones catedralicias. Consta de tres naves de gran altura, con una mágica combinación de elementos arquitectónicos como arcos y columnas que sostienen las bóvedas para dar forma a uno de los espacios más bellos que se construyeron en la Edad Media.

Una de sus joyas es su impresionante claustro, llamado el “jardín de piedra”. Los vanos abiertos en el claustro se decoraron con bellos capiteles tallados, la mayoría con motivos vegetales pero también algunos figurados; y se colocaron gárgolas de desagüe de las lluvias con formas fantásticas. Alrededor del claustro se distribuyen todas las dependencias En él destaca su imponente sala Capitular, la cocina, el refectorio, la cilla, la biblioteca y scriptorium, los dormitorios y la iglesia.

La historia del Monasterio de Veruela en el siglo XIV y el misterioso sepulcro del infante Alfonso es el contexto de mi última novela: El monasterio.

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2 comentarios

  1. Dice ser jokem

    Por fin un blog que aborda un tema interesante.

    11 mayo 2018 | 10:00

  2. Dice ser Mercedes

    “mejor a conservado”
    Por favor revisen la ortografía!!!!!

    11 mayo 2018 | 15:20

Los comentarios están cerrados.