XX siglos XX siglos

"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Novela histórica del corazón

Fotograma de la serie Lo que escondían sus ojos (TELECINCO)

En un mundo que muestra tanto interés por la prensa de sociedad o por lo que llamamos todos ‘del corazón’, es normal que las novelas históricas (o en sus aledaños) que se centran en la vida social y amorosa de los personajes de la historia triunfen. No hay más. Somos voyeurs ahora y lo seríamos en el pasado. No sorprenden, de este modo, el éxito de novelas como la de Nieves Herrero (con Lo que escondían sus ojos), Pilar Eyre (con su reciente, Carmen, la rebelde, a la que entrevistaba hace días) o Carmen Ro (con Mientras tu no estabas, sobre la actriz Conchita Montenegro, y más que tendrá tras la polémica con el reciente premio Primavera, Javier Moro, que novela sobre el mismo tema y que llegará en breve a las librerías).

No son éxitos aislados, ya forman una tendencia del género. Algunos lo señalan como algo negativo, con la nariz arrugada, molesta por el tufillo que molesta a la superioridad cultural, al elitismo. No deberían; más allá de la calidad o rigor de algunas novelas. Podrán mostrar su desagrado si esas historias sirven para blanquear oscuros episodios y personajes del pasado; o si cualquier asomo de rigor literario o histórico es sacrificado en el altar del sensacionalismo. Pero, ¿por el tema? No, me reafirmo, no deberíamos.

En el fondo, según pasa la historia, los personajes tratados por este género entran en la época de la prensa del corazón y los identificamos más con ese género periodístico. Gustará más o menos, pero es lo mismo interesarse por los escándalos de Nerón, los rifirrafes amorosos de Cleopatra o de Josefina y Napoleón, que de las actrices y reyes del siglo XX. El glamour o el interés, dependerá de cada personaje, no de la época.

En el fondo, la novela histórica responde a un impulso de voyeur, de cotilla que quiere ver lo que le ha sido vedado por la circunstancia de haber nacido en un tiempo y no en otro: el pasado que solo vemos en los libros. Que nos parezcan más dignos los famosos del pasado lejano, que los del cercano, es otra cuestión. Que nos gusten o no estas novelas, en nuestro derecho estamos; pero esos tics de desprecio, de elitista cultural, mejor los tiramos a la basura.

Y vosotros, ¿qué pensáis?

¡Buenas lecturas!

 

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